Palacio Roccatagliata: la Justicia porteña avaló la continuidad de las obras

Valeria Musse

Las torres, parcialmente construidas

Una nueva decisión judicial porteña avala que se retome con la construcción de las dos imponentes torres que rodean a la casona Roccatagliata, en el barrio de Coghlan. Fue en este caso el Tribunal Superior de Justicia de la Ciudad (TSJ) el que rechazó una medida en contra del avance del megaproyecto y dejó firme su sentencia en la que avala la continuidad de los trabajos, paralizados hace más de dos años por denuncias de irregularidades en la aprobación de la obra.

Ante el último planteo presentado por el ex legislador porteño Gustavo Vera, el TSJ, por decisión mayoritaria de los jueces, denegó el recurso extraordinario federal, según pudo saber LA NACION. Esta decisión judicial permitiría al desarrollador del proyecto, una vez que se de aviso a las distintas instancias judiciales, continuar con el emprendimiento inmobiliario que se erige en el histórico predio Villa Roccatagliata, ubicado en la esquina de Balbín y Roosevelt, en Coghlan.

El proyecto implica la construcción de dos torres, una de 28 pisos y la otra de 13, alrededor de la histórica casona. De las 350 unidades de 1, 2, 3 y 4 ambientes que se ofrecen, poco más de 200 ya fueron vendidas a la fecha. Si bien parte de esas estructuras hoy sobresalen en el barrio, se parecen más a esqueletos abandonados que a modernos inmuebles. La construcción está paralizada hace más de dos años, luego de que el entonces legislador Vera presentara un amparo y se registraran varios idas y vueltas en el ámbito judicial.

Esta última noticia vuelve a desatar distintas emociones entre las partes involucradas. Por un lado, están los compradores de los departamentos, que esperaban ocupar las unidades en 2018 y algunos de los cuales ya finalizaron de abonar sus respectivas cuotas. "Hay preocupación. Muchos adjudicatarios de los que represento no tienen confianza en el desarrollador porque durante este tiempo no se hicieron cargo", explicó el abogado Facundo Etchenique, que, según indicó, representa a unas 50 familias. El letrado responsabilizó también al gobierno de la ciudad "por utilizar, a diario, vías de excepcionalidad al código de planeamiento urbano" y pidió: "Exigimos la continuidad y finalización de la obra. Recién cuando ocurra eso, Palacio Roccatagliata S.A. tendría que ver caso por caso con los compradores cómo se compensa el daño y si haría falta alguna actualización".

En diálogo con La Nación, Guido Wainstein, uno de los socios de la desarrolladora inmobiliaria KWZ, se mostró satisfecho con esta última medida judicial: "Nosotros hicimos las cosas bien y esta resolución nos da la razón. Siempre estuvimos tranquilos que íbamos a terminar la obra y entregar los departamentos a sus dueños. Es una alegría que el proyecto final siga siendo el original". El empresario dijo que "pese a todos los contratiempos siempre estuvimos en contacto con los compradores e incluso no cobramos las cuotas mientras estuvo paralizada la obra".

Juan Carlos Fernández es el anterior dueño del terreno y como parte de la venta del predio se quedó con algunas de las unidades funcionales que se están construyendo. "El desarrollador siempre tuvo todos los planos aprobados y no hubo ninguna excepción al código. Por suerte, me deja tranquilo que se podrá continuar con la obra", reflexionó a La Nación.

Del otro lado de la vereda, en tanto, hay un grupo de habitantes de la zona desencantados con la medida judicial. "Los vecinos del barrio queremos que se finalice la obra con la altura actual. Sumar 15 pisos más sobre la calle Zapiola transformará al predio de la Villa Roccatagliata en un monumento a la prepotencia inmobiliaria", dijeron, a través de un comunicado. Recalcaron, además, que "el proyecto triplica la altura permitida (27 pisos en lugar de 9); supera la superficie cubierta en un 42%; invade el pulmón de manzana en un 56% y no cumple el procedimiento de evaluación de impacto ambiental con participación ciudadana".

Obra paralizada

Desde que se anunció el proyecto, unos ochos años atrás, la obra siempre estuvo en el ojo de la tormenta. Un grupo de vecinos de la zona interpuso una medida cautelar porque consideraba que las torres impactaban de manera negativa en el barrio y temían sobre el futuro de la casona Roccatagliata. En 2016, en tanto, el entonces legislador Vera requirió una acción de amparo contra el avance de la construcción. El demandante cuestionó los permisos que otorgó el gobierno para tal obra. La Justicia en primera instancia hizo lugar y declaró la nulidad del registro y aprobación de los planos, con la consiguiente paralización de la construcción.

Tanto la ciudad como Palacio Roccatagliata S.A. (sociedad que involucra a varias empresas) apelaron la medida, pero los magistrados de la Sala III de la Cámara de Apelaciones confirmaron la sentencia de primera instancia. Los jueces consideraron que los planos de la obra fueron aprobados por un supuesto exceso en las facultades de la administración.Finalmente, el Tribunal Superior de Justicia desestimó los planteos y permitió que la obra siga adelante.

El predio

La Villa Roccatagliata data de comienzos del siglo XX y pertenecía a la misma familia propietaria de la confitería El Molino, que está en proceso de restauración. Al principio, se trataba de un espacio para que los dueños se dispersaran en sus momentos de descanso ya que por aquellos años esa zona aún estaba alejada del centro de la ciudad.

En 2013, y para evitar que la propiedad se hundiera más en el abandono, un grupo de vecinos logró que la Legislatura porteña aprobara una ley, la 4687, que le otorgó resguardo a la Villa Roccatagliata. Sin embargo, la norma habla del "edificio" -es decir, del palacio en sí- al que le brinda protección cautelar, no así del resto del predio. Consultado sobre el futuro uso que tendría la casona, el directivo de KWZ indicó que aún no está definido.