Pakistán enfrenta una fase "peligrosa" tras el intento de asesinato del ex primer ministro

El intento de asesinato del ex primer ministro Imran Khan y su denuncia de que fue parte de una trama que involucra a un alto cargo de inteligencia, llevan a Pakistán a una "fase peligrosa", según analistas.

Khan escapó con heridas de bala en las piernas del ataque del jueves, cuando encabezaba una marcha de sus seguidores a la capital para exigir elecciones anticipadas.

El viernes aseguró que el primer ministro, Shehbaz Sharif; el ministro del Interior, Rana Sanulah, y el mayor general Faisal Nasir, un oficial de inteligencia, conspiraron para matarlo y culpar a "un fanático religioso".

"La situación política en Pakistán entró en una fase peligrosa", aseveró el académico y analista político Tauseef Ahmed Khan, integrante de la directiva de la Comisión de Derechos Humanos de Pakistán.

Pese a perder su cargo por un voto de censura en abril, Imran Khan mantiene un fuerte apoyo popular y ganó una serie de elecciones locales mientras enfrenta varias batallas legales planteadas por el actual gobierno.

Al crecer la presión, crece la dependencia del gobierno de sus poderosas fuerzas armadas, señaló Ahmed Khan.

"Es una situación peligrosa, no solo para el proceso democrático sino también para el país, especialmente en relación con su desarrollo económico", aseguró.

"Los temas de pobreza, hambre y desarrollo se vuelven secundarios".

- Rivales -

Khan y Sharif han estado enfrentados durante meses, acusándose mutuamente de incompetencia y corrupción con expresiones cargadas de desprecio.

Pero la acusación de Khan y la mención de un alto cargo militar, llevaron la situación a un nuevo nivel de crisis.

Khan no presentó evidencia para respaldar su denuncia, que el gobierno descartó como "mentiras e inventos".

Criticar a los militares, que gobernaron el país por casi la mitad de sus 75 años de historia, siempre ha sido tabú, pero Khan ha sido cada vez más crítico del estamento de seguridad, que muchos dicen apoyó su llegada al poder.

El viernes, el brazo mediático de los militares emitió un comunicado en el que urgió al gobierno demandar a Khan por difamación.

Miembros del partido Pakistán Tehreek-e-Insaf (PTI), de Khan, también podría estar en la mira.

Figuras del partido han sido acusadas de "sedición" y otros delitos desde la salida de Khan, al igual que periodistas considerados cercanos al exgobernante.

"Parece que se podría lanzar algún tipo de operativo contra el PTI", advirtió el analista Ahmed Khan, quien apuntó del riesgo de fragmentación del partido.

Las grandes manifestaciones de Khan están diseñadas para probar, tanto a sus adversarios políticos como a los militares, que aún tiene respaldo popular y que una acción en su contra podría generar "caos, desesperación y decepción", agregó el analista.

En un entorno tan tenso, las numerosas acusaciones de ambas partes podrían nunca ser investigadas debidamente, señaló el analista político Kaiser Bengali, de Karachi.

"El estado perdió legitimidad (...) la policía, la ley y las instituciones del orden, incluso el poder judicial", indicó.

- Extremismo religioso -

Bengali dijo que los militares ahora se preguntan "qué salió mal y qué podemos hacer".

El gobierno sostuvo que el atentado contra Khan fue "un caso muy claro de extremismo religioso", y culpó al atacante, procedente de una aldea pobre.

Pakistán ha lidiado históricamente con el islamismo. Grupos religiosos de derecha tienen gran influencia sobre partes de la población en el país de mayoría musulmana.

Khan y su PTI han sido acusados en el pasado de fomentar los sentimientos religiosos para ampliar su base de apoyo.

"El extremismo religioso es un arma que el PTI utiliza, como también el ejército y el estado", destacó Bengali. "Así que nos dirigimos a una situación inmensamente peligrosa".

Pero detrás de la crisis política aparece una más omnipresente: la crisis económica.

"El estado está quebrado, los recursos que tiene se han ido en el servicio de la deuda, la defensa y los salarios gubernamentales", explicó Bengali.

"Los políticos se están peleando por las migajas que quedan (...) por eso la lucha se ha vuelto tan mezquina", acotó.

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