Padres quemados. Las tres fases del burnout: agotamiento, desapego e ineficiencia

Andrea Churba
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Tanto en el ámbito laboral corporativo como en el escolar, las madres y padres que trabajan y a la vez crían hijos en edad escolar, están sufriendo los costos de esta odisea.
Fuente: LA NACION

Estamos a un paso de terminar el año después de haber estado sosteniéndonos en pie sin tregua. ¿Cómo nos vemos a nosotros mismos? ¿Cómo vemos a nuestras parejas, nuestros hijos? ¿Tenemos registro de cómo nos afectaron estos meses a nivel físico, anímico y mental? ¿Tenemos resto para seguir adelante?

Tanto en el ámbito laboral corporativo como en el escolar, las madres y padres que trabajan y a la vez crían hijos en edad escolar, están sufriendo los costos de esta odisea. Después de tantos meses, las crisis maritales, las convivencias disfuncionales, los síntomas de agotamiento o desánimo en adultos y niños y los desbordes, han pasado a ser parte de la nueva cotidianeidad.

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En este tiempo estuvimos tratando de sostenernos y sostener a otros, y por momentos sentimos que ya no damos más. Muchas veces nos reprochamos que no estamos al cien por ciento en nada , pero nos encontramos atrapados en un dilema difícil: no le podemos dar a la pareja y a nuestros hijos la atención que nos demandan, que es mayor y distinta a lo que era antes de la pandemia, y tampoco a nuestro trabajo, donde las exigencias también son mayores y distintas a lo conocido. ¿Cómo elegir entre cuidar un matrimonio, o la salud de un hijo deprimido, y nuestro desempeño laboral, cuando sentimos la amenaza de perder nuestro puesto de trabajo? ¿Se pueden integrar los escenarios de nuestra vida, o estamos obligados a soltar a los que queremos, desconociendo sus necesidades?

El indicador de nuestros tanques de energía está en rojo: estamos al borde del burnout. Pero, a veces, yendo como vamos en piloto automático, hiper ocupados tratando de responder a las presiones internas y externas, no detectamos las señales de peligro hasta que el cuerpo y la mente pasan factura y aparecen síntomas en nosotros mismos o en un familiar. Y puede que ya sea tarde.

El burnout es el síndrome del trabajador quemado producto del estrés crónico en el trabajo y del agotamiento emocional. Se nos agotan los recursos internos, pero seguimos en marcha para satisfacer las demandas y, en algunos casos, por no poder frenar la compulsión por hacer.

En una encuesta por la Asociación Americana de Psicología, un 46% de los padres con hijos menores de 18 años contestó que su nivel de estrés es alto, en comparación a sólo un 28% de los adultos sin hijos. El 69% dijo que esperaba con ansias el fin del año escolar, pero el 60% admitió no tener "idea de cómo mantendrán a su hijo ocupado todo el verano".

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De acuerdo a un estudio de la revista Clinical Psychological Science, el burnout puede dividirse en tres categorías generales: agotamiento, desapego e ineficacia. Este patrón común que observamos en los distintos ámbitos en donde trabajamos se fue intensificando con el correr de los meses.

Agotamiento

Las personas que trabajan en escuelas y organizaciones tuvieron que adaptarse rápidamente, salir de su zona de confort y aprender cosas nuevas e incómodas como el rediseño de las clases virtuales y la incorporación de la tecnología y, en simultáneo, atender a la escolaridad y la crianza de sus hijos dentro del hogar. Tuvieron que aceptar sus inseguridades, tolerar los errores y el "no saber".

Ocho meses después, el cansancio y el estrés acumulado por la exigencia y la sobreadaptación al nuevo contexto los encuentra en estado de agotamiento: "Estoy con el vaso lleno todo el tiempo. Quiero que baje el agua pero no funcionan los botones".

Desapego

En un círculo vicioso, el agotamiento puede llevar a los padres/madres a actuar en piloto automático, a desconectarse emocionalmente de lo que les pueda estar pasando a sus hijos o "bajándoles el volumen" cuando los reclaman, con el dolor que implica y los daños que acarrea. A algunas personas, la intolerancia a la dependencia de los menores les produce culpa y autorreproches, lo cual afecta su autoestima y la eficiencia en el trabajo: "Quiero disfrutar de mis hijos y estar para ellos, pero los vivo como un estorbo".

Puede pasar que, por sus características personales o empujados por el entorno, el que está en la cancha jugando el nuevo juego crea, ilusoriamente, que es un superhéroe, que protege y salva a su equipo o la organización en donde trabaja, lo cual le genera una gratificación narcisista por ser reconocido y valorado.

En esa situación se siente como pez en el agua, mientras que lo cotidiano en la convivencia familiar se le vuelve extraño. El desapego de los afectos y de sus necesidades genuinas, puede llevarlo a la disociación de una parte de la realidad para poder seguir "con los deberes", con el costo de dejar a los hijos fuera del mapa.

Ineficiencia

El agotamiento y los sentimientos ambivalentes que produce el desapego a su vez pueden provocar una sensación de ineficiencia: la falta de involucramiento en la educación los hijos, el no poder asegurarse de que tomen sus clases online y hagan sus tareas y la sensación de estar en falta por no poder hacerlo, produce consecuencias.

"Hago todo lo que me piden al instante. No pienso, solo respondo". El funcionamiento mecánico suele afectar la concentración y motivación general, la capacidad para pensar estratégicamente, la mirada sistémica, la creatividad. Y probablemente también produzca un efecto sobre las relaciones interpersonales en el trabajo.

El burnout no avisa. En cualquier momento puede pasar algo que sobrepase nuestros límites, y recién ahí advertimos las señales de alarma. En ese momento crucial se caen los telones del escenario ilusorio y vemos la otra cara de la moneda, esa que nos esforzamos en barrer debajo de la alfombra para seguir "marchando". ¿Hace falta llegar hasta ese límite?

Para no llegar a este punto, necesitamos aprender a activar nuestros sensores para registrar nuestras propias emociones, sentimientos y los pequeños indicios de agotamiento, desapego e ineficiencia que se van acumulando. De la misma manera, es importante que podamos detectar lo que les pasa a nuestros hijos y a los que dependen de nosotros en nuestro entorno de trabajo. Nadie puede hacer magia ni estar en todo: hacer base en nosotros mismos es lo primero en la agenda. Aceptemos que son tiempos inéditos que requieren de "cuidados especiales" y tratemos de regular la autoexigencia para poder integrar nuestros mundos, y no enfermar.

Claudia Yellati es psicóloga y cofundadora de Apertura Psi, con vasta experiencia en acompañar a directivos y educadores de escuela

Andrea Churba es autora de Lidera tu propio cambio y Habilidades que desarrollamos que llegaron para quedarse