Padres envenenan a sus hijos con dióxido de cloro buscando curarlos del autismo

Niños bajo el espectro autista se reúnen para leer libros de cuentos en una escuela de Nueva Jersey. (Foto: AP)

Cuando Melissa Eaton y Amanda Seigler supieron que existían grupos privados en Facebook que alentaban a las madres de hijos con autismo a hallar curas por sí mismas o a experimentar con tratamientos impensables, no dudaron en convertirse en heroínas encubiertas para tratar de detener esas prácticas sin sentido.

Desde hace tres años, estas dos madres que también tienen hijos que padecen el trastorno, han estado infiltrándose en grupos privados donde los miembros han descrito cómo han utilizado recursos peligrosos para eliminar el autismo, una condición de la que aún no se conoce la causa médica ni la cura.

Según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), “los trastornos del espectro autista (TEA) son una discapacidad del desarrollo que puede provocar problemas sociales, comunicacionales y conductuales significativos”.

De acuerdo a un artículo de NBC News, los padres en muchos de estos grupos -conformados a veces por miles de ellos- están convencidos de que este trastorno, que comienza a manifestarse durante los primeros tres años del menor y se mantendrá a lo largo de su vida, se produce por diversas causas no respaldadas por científicos.

Entre ellas destacan los virus, los parásitos, las bacterias, las alergias y el envenenamiento por los componentes de las vacunas que se utilizan para evitar el sarampión o la rubéola. Sin embargo, varios estudios han concluido que no existe una relación directa entre las vacunas y el autismo.

Datos ofrecidos por los CDC, indican que durante la última década los casos de autismo se han incrementado. Se estima que en Estados Unidos uno de cada 59 niños ha sido relacionado con el espectro. De esa cifra, es cuatro veces más común que los padezcan los niños que las niñas.

Remedios falsos y peligrosos

“Los niños son abusados. Yo no soy el tipo de persona que puede ver algo así y simplemente olvidarlo”, dijo Eaton, quien junto a Seigler finge ser una madre desesperada en busca de la cura para su hijo. De esta manera pueden ingresar a los grupos y tomar capturas de pantallas de los testimonios de otros padres que describen cómo darles los productos a sus hijos.

Estos tratamientos a menudo terminan trágicamente. Algunos padres consideran erradamente que la propia orina de los afectados podría revertir el padecimiento o que el uso de la trementina, una resina que se extrae de los pinos y abetos y se utiliza en la medicina y la industria, podría darles el resultado que esperan.

Pero el remedio más solicitado y peligroso es el dióxido de cloro, una fórmula que no es más que la lejía industrial y que la Administración de Drogas y Alimentos ha calificado como un producto sumamente dañino.

“Mi hijo está constantemente haciendo un jadeo”, confesó una madre de Kansas, quien aseguró que trataba a su hijo adulto con dióxido de cloro.

Mientras que los médicos han confirmado que esta práctica podría tener daños irreversibles, quienes creen en este procedimiento continúan suministrándolo vía oral, a través de enemas o durante el baño.

Los peores comentarios que Eaton y Seigler han recopilado son aquellos en donde los padres aseguran que las reacciones de los niños son solo una prueba de que los tratamientos con lejía están funcionando.

“Es como un culto”, dijo Seigler, quien desde el 2016 ha reportado a más de 100 padres a la división local de Servicios de Protección Infantil. Aunque no sabe si estos padres se enfrentaron a la justicia, ha enviado sus conclusiones a la Administración de Drogas, al Departamento de Justicia y a organizaciones que se encargan de frenar el abuso infantil.

En tanto, los defensores de este procedimiento se aprovechan del desconocimiento de los padres para vender libros con una supuesta cura y comercializar químicos que acompañan con videos de cómo administrarlo.

“No abre la boca. Grita, escupe y se da la vuelta”, reveló otra madre canadiense sobre su hijo de dos años, quien no quería tragarse la lejía.

¿Cuándo comenzó a utilizarse el dióxido de cloro?

Esta peligrosa fórmula llegó hace dos décadas de la mano de Jim Humble, un científico de 86 años que aseguró que había utilizado este compuesto para curar un caso de malaria durante una expedición por Sudamérica.

Según sus apuntes, funcionó tan bien que comenzó a llamarse el arzobispo de una nueva religión dedicada al dióxido de cloro que denominó como Solución Mineral Milagrosa y también la promovió como una cura para la diabetes, el cáncer y el SIDA.

Pero fue Kerri Rivera, una ex agente inmobiliaria de Chicago, quien introdujo el dióxido de cloro en las comunidades de padres con hijos autistas. Ella conoció sobre Humble mientras experimentaba con su hijo con camas hiperbáricas y antídotos y de esta manera se convirtió en la imagen de esta práctica.

Escribió un libro (Sanando los síntomas conocidos como Autismo), comenzó su línea de productos y creó grupos en Skype y Facebook para promover el dióxido de cloro, una fórmula que no es ilegal. Sus compuestos, el clorito de sodio y el ácido se han utilizado durante años para la creación de tratamientos para aguas residuales o la elaboración de blanqueadores.

La regulación de su venta es casi imposible, pero bajo las leyes federales sí es ilegal utilizarlo con fines de curación de enfermedades en humanos. Por esta razón, sus prácticas fueron prohibidas en Illinois en el 2015 por un fiscal general y Kerri acordó no vender ni realizar seminarios en ese estado, resaltó NBC News.

Actualmente, Kerri, quien dice ser licenciada en homeopatía, es la dueña de una clínica en Puerto Vallarta, México, y asegura haber curado a más de 500 niños, pero los médicos se muestran escépticos ante esto y recuerdan que el dióxido de cloro podría dañar los tejidos del sistema digestivo y ser fatal para los glóbulos rojos.

“Esta práctica solo introduce un riesgo potencial”, advirtió Daniel Brooks, director médico del Centro de Información sobre Envenenamientos y Drogas del Centro Médico Banner University y la Clínica de Toxicología para Pacientes Ambulatorios en Phoenix.

Durante los últimos cinco años los CDC se han encargado del manejo de 16.521 casos en todo el país relacionados con el uso del dióxido de cloro. De esa cifra, unos 2.500 eran niños menores de 12 años, según datos de la Asociación Americana de Centros de Control de Venenos.

Asimismo, desde el 2014 se reportaron 2.123 casos relacionados con una intoxicación por dióxido de cloro; 50 fueron considerados como mortales y ocho personas murieron.