El padre Pepe se despidió de Santiago del Estero

CAMPO GALLO (Santiago del Estero).- "En este pueblo vamos a recordar siempre al padre Pepe porque, aunque estuvo poco, dejó una huella profunda. Es un verdadero padre, un hombre muy bueno y muy compañero", dijo Genoneva Molina, de 76 años, una de las vecinas más queridas de esta pequeña localidad al nordeste de Santiago del Estero que ayer despidió a José María Di Paola, después de casi dos años de tenerlo como párroco.

"Vuelvo a retomar la misión de trabajar con chicos y jóvenes en situación de riesgo, de vulnerabilidad, y desarrollar caminos de prevención y recuperación desde la Iglesia", dijo el sacerdote a LA NACION, y confirmó que a partir de febrero vivirá en Villa Fiorito, Lomas de Zamora. Desde allí anhela desarrollar el Hogar de Cristo, un programa de inclusión de consumidores de paco que fundó en la Villa 21-24, y que actualmente funciona allí y en las villas de Retiro y del Bajo Flores.

En diciembre de 2010, Di Paola dejó la Villa de Barracas tras las amenazas que recibió siendo coordinador del equipo de Sacerdotes para las Villas de Emergencia de la Arquidiócesis de Buenos Aires, que dio a conocer un documento en el que decían que la droga en las villas estaba despenalizada de hecho.

Desde que anunció su partida de Campo Gallo, localidad de unos 13.000 habitantes que viven aquí y en una treintena de pequeñísimos parajes en medio del monte, el padre Pepe no dejó de recibir gestos de agradecimiento y afecto.

"Lo vamos a extrañar, padre, le pedimos que ore por nosotros", le dijo una de las vecinas de La Fortuna, un paraje ubicado a unos 90 km de aquí en el que viven once familias y donde Di Paola celebró ayer por la mañana una misa para despedirse de los feligreses del lugar que lo miraban conteniendo las lágrimas. Una escena parecida se vivió un rato después, en el paraje Monte Rico, en cuya capilla lo esperaba una veintena de adultos y chicos para expresarle con pocas pero sentidas palabras, como es característico de la cultura de esta zona norteña, el cariño que se ganó en estos dos años.

"Llegó en un momento en el que el pilar de la Iglesia en Campo Gallo estaba flojo y él se ocupó de que estuviese bien firme", dijo Rubén Ávila, coordinador del grupo de hombres que creó Di Paola a poco más de un mes de su llegada al pueblo, en febrero de 2011, y con el que lanzó el Festival del Monte Nativo, que recrea uno tradicional de este pueblo que no se hacía desde 1968.

Entre otros emprendimientos, Di Paola replicó el movimiento Exploradores que puso en funcionamiento en la Villa 21, en Barracas, y organizó una caminata de 80 km hasta el santuario de la patrona de esta región, Nuestra Señora de Huachana.

"Trabajó principalmente con los jóvenes y logró convocar a chicos que andaban sin rumbo, también hizo que gente mayor volviera a la Iglesia. En fin, hizo mucho por este pueblo", dijo Julio Costa, propietario de uno de los dos hoteles del pueblo. Di Paola también fue despedido por el intendente Tobías Chamorro en una cena que le ofreció junto con todo su gabinete.

"El padre hizo revivir la fe a través de sus enseñanzas y consejos", y "logró que nos acercáramos a la iglesia, y aceptemos y conozcamos a nuestro padre Dios", le agradeció María Pilar Martínez, una joven de 16 años que vive en Donadeu, otra de las localidades atendidas por Di Paola.

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