La pacífica manifestación de estudiantes sudafricanos que acabó con una masacre policial

Alfred López
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En la larguísima lista de masacres realizadas por un gobierno opresor contra los ciudadanos, que han tenido lugar a lo largo de la historia, nos encontramos con la que tuvo lugar el miércoles 16 de junio de 1976 en Johannesburgo (la ciudad más grande y poblada de Sudáfrica), concretamente en el suburbio de Soweto, donde aquel día se produjo una de las más deleznables matanzas y cuyas víctimas eran jovencísimos estudiantes de primaria y secundaria.

El 16 de junio de 1976, los escolares sudafricanos que se manifestaban pacíficamente contra las políticas educativas y raciales del gobierno acabaron siendo masacrados por la policía (imagen vía sowetanlive)
El 16 de junio de 1976, los escolares sudafricanos que se manifestaban pacíficamente contra las políticas educativas y raciales del gobierno acabaron siendo masacrados por la policía (imagen vía sowetanlive)

Aquella jornada había sido la fecha escogida por los responsable del ‘Movimiento de Conciencia Negra’ para realizar una manifestación masiva que recorrería las calles del Soweto, con el fin de protestar contra la imposición de las políticas educativas llevadas a cabo por el gobierno sudafricano y a través de las cuales se pretendía obligar a la población estudiantil a aprender y hablar el ‘afrikáans’, una lengua surgida por la presencia del colonialismo europeo en el continente africano y que se había convertido en un símbolo de opresión del régimen del apartheid.

Habían sido convocados para participar en aquella multitudinaria protesta todos los estudiantes, además de sus maestros, progenitores y miembros del ‘Movimiento de Conciencia Negra’, calculándose que al inicio de la manifestación esta rondaba los tres mil participantes y que tras unas horas de recorrido ya eran más de diez mil (la mayoría de ellos escolares menores de catorce años).

Aquella manifestación llevaba varias semanas gestándose, sobre todo a partir del despido de varios maestros que perdieron sus empleos al negarse a impartir clases de afrikáans a sus alumnos.

Las autoridades de Johannesburgo habían sido alertadas de la celebración de aquella jornada de protestas callejeras, por lo que se preparó un numeroso contingente de policías y soldados armados y con perros de presa con el fin de proceder a la contención de los manifestantes.

Los organizadores del Movimiento de Conciencia Negra que habían organizado aquella marcha pacífica por las calles del Soweto lograron reunir a un elevado número de escolares, provenientes de todas las escuelas de dicho suburbio, a los que acompañaban sus profesores y algunos padres. Una manifestación que se inició con alrededor de tres mil participantes y que tras varias horas se les fue uniendo más personas de todas la edades y de otros barrios de Johannesburgo.

A pesar de tratarse de una manifestación que discurría pacíficamente, las autoridades habían levantado numerosas barricadas para impedir o entorpecer el paso de los asistentes, pero estos (cada vez más numerosos) lograban irlas saltando y apartando.

En un momento de agobio por parte de la policía, al ver que aquella marcha cada vez era más multitudinaria, se ordenó lanzar a los perros de presa contra los manifestantes. Los canes, entrenados para atacar mortalmente, hirieron a numerosísimos niños de muy corta edad que iban encabezando la manifestación.

Fue a partir de ese momento en el que la pacífica marcha se convirtió en un caos. Los manifestantes intentaban defenderse del ataque de los perros lanzándoles piedras y la reacción policial a esa defensa fue la de empezar a disparar sus armas contra los participantes de la manifestación.

La histeria colectiva se apoderó de la mayoría de ellos y un numerosos grupo empezó a atacar también a la policía e incluso a destrozar mobiliario urbano, romper cristales de comercios y, finalmente, acabó en una batalla campal.

Tras muchas horas de disturbios, alrededor de la media noche la policía pudo controlar la situación, pero el resultado de aquella desproporcionada represión se saldó con una gran cantidad de participantes muertos y heridos.

No se sabe con exactitud el número de fallecidos, debido a que las fuentes oficiales dijeron que se habían producido un total de veintitrés muertes, pero fuentes (extraoficiales) ofrecieron unos números muchísimo más altos que iban desde las 175 víctimas mortales hasta las cerca de 700 que ofrece alguna fuente, la inmensa mayoría escolares menores de 14 años de edad.

Y fue precisamente una de esas víctimas mortales quien se convirtió en el icono y referente de la resistencia juvenil en Sudáfrica frente a las políticas racistas del apartheid. Su nombre era Hector Pieterson, tenía doce años y fue herido mortalmente por los disparos de la policía. Uno de sus compañeros lo cogió en brazos y se lo llevó rápidamente de allí, momento que fue captado por la cámara del reportero gráfico Sam Nzima, quien logró que la fotografía apareciera en la portada de periódicos de prácticamente todo el planeta.

La fotografía de Hector Pieterson siendo llevado en brazo mientras agonizaba por las heridas de bala de la policía dieron la vuelta al mundo y se convirtieron en todo un símbolo e icono de la lucha antiapartheid (imagen vía panr-Flickr)
La fotografía de Hector Pieterson siendo llevado en brazo mientras agonizaba por las heridas de bala de la policía dieron la vuelta al mundo y se convirtieron en todo un símbolo e icono de la lucha antiapartheid (imagen vía panr-Flickr)

El régimen racista de Sudáfrica recibió todo tipo de críticas por parte de un gran número de países y fue a partir de entonces cuando la Organización de las Naciones Unidas (ONU) comenzó a decretar embargos contra el gobierno sudafricano y sus políticas del apartheid.

Fuentes de las imágenes: sowetanlive / panr (Flickr)

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