Los pacientes con trasplantes de órganos aún son vulnerables mientras el país lucha por alcanzar la inmunidad colectiva

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CHICAGO – Aunque está totalmente vacunada, Barbara Creed aún no puede visitar a sus nietos en Texas.

Creed es una de las miles de personas para las que la vacuna es menos eficaz porque recibió un trasplante de órganos. Esta residente de Oak Park, Illinois, de 67 años, ha observado la reapertura del estado con cierta inquietud, ya que los mandatos de los tapabocas para los no vacunados se basan en un sistema de honor y la variante Delta del virus circula en Illinois.

Personas como Creed, con sistemas inmunitarios comprometidos, dependen de que otros se vacunen para estar totalmente protegidos contra el virus. Pero la marcha del país hacia la inmunidad de rebaño se ha visto obstaculizada por personas que se han negado a vacunarse. Parece poco probable que el país alcance el objetivo del presidente Joe Biden de vacunar al menos a un 70 por ciento de los estadounidenses antes del 4 de Julio, ya que en algunas comunidades sigue habiendo dudas sobre las vacunas.

Eso significa que Creed podría vivir en el futuro inmediato con restricciones de las que otros vacunados pueden librarse en gran medida.

Sigue tomando muchas precauciones: llevar tapabocas en público, distanciarse socialmente y solo relacionarse con pequeños grupos de personas que estén vacunadas. Se abstiene de viajar, por mucho que quiera visitar a sus nietos. En su lugar, es probable que ellos viajen a Illinois para visitarla.

"No solo es una mala idea volar para una persona que está comprometida, sino que simplemente no puedes trasladarte a otra comunidad y saber cómo está allí", dijo.

Los pacientes trasplantados toman fármacos para suprimir su sistema inmunitario y que su cuerpo no rechace el órgano donado. Creed, una profesora de música jubilada, recibió un doble trasplante de pulmón el año pasado.

La vacuna (aunque es muy eficaz para la mayoría de las personas) probablemente ofrece cierta protección a los pacientes trasplantados, pero sigue dejándolos más vulnerables a contraer la enfermedad y ser hospitalizados, explicó el doctor Daniel Dilling, profesor de medicina de la Escuela Stritch se Medicina de la Loyola University y director médico del programa de trasplante de pulmones del hospital.

Los pacientes trasplantados quieren que la gente sepa que es esencial que las personas sanas se vacunen para proteger a los que tienen el sistema inmunitario comprometido.

"Es un acto de patriotismo vacunarse por el bien de nuestros conciudadanos, hacer colectivamente lo que podamos como comunidad para luchar juntos contra este virus", declaró Dilling. "Es el estilo estadounidense".

Los pacientes con trasplantes de órganos no fueron estudiados en los ensayos originales de la vacuna, pero Mónica Fox, residente de Flossmoor, Illinois, está participando en un estudio de Johns Hopkins sobre la eficacia de la vacuna en pacientes trasplantados.

Fox, que recibió un trasplante de riñón en 2016 después de vivir en diálisis durante tres años, recibió la vacuna y se ha sometido periódicamente a pruebas de anticuerpos contra el COVID-19. Hasta ahora, las pruebas no los han encontrado.

"Me decepcionó, pero me alegró saberlo para no tener una falsa sensación de seguridad total", dijo Fox.

Las pruebas de anticuerpos ofrecen algunos datos, pero son una medida imperfecta del nivel de protección de una persona contra el virus. Dilling dijo que las células que pueden combatir las infecciones, llamadas células T, podrían ofrecer protección contra el virus, incluso si las personas no desarrollan anticuerpos. La respuesta de las células T de un individuo no es algo que se mida en la mayoría de los laboratorios, dijo.

Pero algunos pacientes de trasplantes de órganos se están reinfectando, y a veces se ponen lo suficientemente enfermos como para ser hospitalizados, dijo Dilling. Eso, unido al hecho de que algunos pacientes que participan en los estudios, como Fox, no parecen haber desarrollado anticuerpos, indica un nivel de protección debilitado.

"Estas dos cosas juntas nos indican que la vacuna no es tan protectora en las personas que tienen un sistema inmunitario comprometido", comentó.

E incluso en los casos en que un paciente trasplantado ha desarrollado algunos anticuerpos, el consejo es continuar con el uso de tapabocas y tomar otras precauciones, indicó Dilling.

"Si tienen una respuesta de anticuerpos, no es tan grande como la del público en general", dijo.

Al principio de la pandemia, Fox le comentó a sus amigos que de repente tenían que ser más cuidadosos en público: "bienvenidos a mi mundo", porque los trasplantados están acostumbrados a usar tapabocas y a tomar precauciones en las multitudes. Pero la aparición del virus fue aterradora, y pudiera tener un impacto devastador en ella si lo contrae.

Mark Lakoduk, receptor de un trasplante de pulmón que vive en Norridge, dejó de hacer entregas de comida cuando la pandemia llegó, siguiendo el consejo de sus médicos. Y dejó de besar a su esposa.

"Estábamos muy preocupados por ello", dijo. "Antes del COVID nos dábamos un beso de buenas noches todas las noches".

Lakoduk ha reanudado el reparto de comida y otras actividades, sobre todo porque contrajo COVID-19 en enero y se recuperó de él. Y ha seguido dando el beso de buenas noches a su esposa.

Pero la vuelta a la normalidad provoca ansiedad en algunos receptores de trasplantes. Es difícil saber quién puede ser una amenaza para su seguridad.

"La gente que no quiere vacunarse tampoco quiere llevar tapabocas", afirmó Fox.

En un estudio publicado a principios de este mes, los investigadores de Johns Hopkins descubrieron que una tercera inyección de la vacuna puede aumentar los niveles de anticuerpos en los pacientes con trasplantes, según un comunicado de prensa.

Esa noticia ofreció algo de esperanza a Creed, que comentó que se pondría una tercera inyección si estuviera disponible, aunque Dilling señaló que los médicos no pueden ordenar una tercera vacuna para los pacientes, ya que no ha sido aprobada bajo la autorización de uso de emergencia de la FDA.

Pero el panorama en el estado ha mejorado notablemente desde que las vacunas se aprobaron por primera vez a finales del año pasado, con una media de siete días de casos y tasas de positividad en las pruebas de detección por debajo del uno por ciento, según el Illinois Department of Public Health. Más del 69 por ciento de las personas mayores de 12 años en Illinois ha recibido al menos una dosis de la vacuna, según datos del estado.

Dilling dijo que la mayoría de los pacientes de Loyola hospitalizados por COVID-19 son personas jóvenes que decidieron no vacunarse.

Fox fue a arreglarse las uñas recientemente, la primera vez desde que el estado permitió la reapertura de los salones. Llevó su tapabocas, aunque el salón ya no la exigía. También puede pasar tiempo con los miembros de su familia que están vacunados.

Pero le preocupa el escepticismo de las vacunas a largo plazo. Fox trabaja como directora de divulgación y relaciones gubernamentales en la National Kidney Foundation of Illinois y está trabajando en la programación para aumentar la aceptación de las vacunas.

"La gente necesita una buena información", comentó. "Sé que estamos cansados de los confinamientos. Sé que estamos cansados de llevar tapabocas, pero hay que tener en cuenta que hay una población importante de personas que todavía están en riesgo".

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