Los pacientes con COVID prolongado se enfrentan a riesgos de salud preocupantes y persistentes, según un estudio

Pam Belluck
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Un veterano recibe una vacuna en un Centro Médico de Asuntos de Veteranos en Washington, el 8 de marzo de 2021. (Doug Mills/The New York Times)
Un veterano recibe una vacuna en un Centro Médico de Asuntos de Veteranos en Washington, el 8 de marzo de 2021. (Doug Mills/The New York Times)

Los efectos del COVID-19 en la salud no solo pueden prolongarse durante meses, sino que parecen aumentar el riesgo de fallecimiento y de enfermedades crónicas, incluso en personas que nunca estuvieron tan enfermas para ser hospitalizadas, según un nuevo estudio de gran alcance.

En el estudio, publicado el jueves en la revista Nature, los investigadores analizaron los historiales médicos de más de 73.000 personas de todo Estados Unidos cuyas infecciones por coronavirus no requirieron hospitalización. Entre uno y seis meses después del contagio, esos pacientes tuvieron un riesgo de fallecimiento significativamente mayor (un 60 por ciento más) que las personas que no se habían contagiado con el virus.

La investigación, basada en los registros de los pacientes del sistema de salud del Departamento de Asuntos de Veteranos, también descubrió que los supervivientes de COVID-19 no hospitalizados tenían un 20 por ciento más probabilidades de necesitar atención médica ambulatoria durante esos seis meses que las personas que no habían contraído el coronavirus.

Los supervivientes de COVID-19 experimentaron una amplia gama de problemas médicos a largo plazo que nunca habían padecido: no solo problemas pulmonares debido a los efectos respiratorios del virus, sino síntomas que podían afectar a prácticamente cualquier sistema de órganos o parte del cuerpo, desde neurológicos hasta cardiovasculares o gastrointestinales. También tenían un riesgo mayor de presentar problemas de salud mental, como ansiedad y trastornos del sueño.

“Lo descubrimos todo”, señaló uno de los autores del estudio, Ziyad Al-Aly, director del servicio de investigación y desarrollo del Sistema de Atención Sanitaria de Asuntos de Veteranos de San Luis.

“Lo impactante de esto es que, cuando lo juntas todo, piensas: ‘Ay, Dios mío’, ve la escala”, añadió. “La verdad, sigue siendo estremecedor”.

Es más, algunos de los problemas médicos posteriores al COVID-19 de los pacientes (como la diabetes, las enfermedades renales y algunos problemas cardiacos) podrían convertirse en padecimientos crónicos que requerirían tratamiento durante el resto de sus vidas.

“La gente sigue padeciendo enfermedades respiratorias, dolor de cabeza constante, esto y lo otro”, comentó Laurie Jacobs, presidenta de medicina interna del Centro Médico de la Universidad de Hackensack, quien no participó en el estudio. “No ha desaparecido, aún no entendemos la causa subyacente y se ha convertido en algo crónico en algunos casos e incapacitante en otros. En algunas áreas, las personas han mejorado, pero varía mucho”.

Se cree que el estudio es el mayor que se ha realizado hasta ahora para evaluar un conjunto tan amplio de problemas de salud. Los supervivientes de COVID-19 no hospitalizados en el estudio dieron positivo al virus desde el 1 de marzo de 2020 hasta noviembre.

La mayoría de los casi 32 millones de personas que han contraído el coronavirus en Estados Unidos no han necesitado hospitalización, por lo que en cierto modo el estudio puede corresponder a una franja amplia de la población. Sin embargo, los pacientes del Sistema de Atención Sanitaria de Veteranos que participaron en el estudio pueden no ser representativos en otros aspectos, como que el 88 por ciento de ellos fueron hombres y su edad media fue de 61 años. Casi el 25 por ciento eran negros, el 70 por ciento eran blancos y cerca del cinco por ciento eran de otras razas.

Los investigadores compararon su riesgo de fallecimiento y otras características con los datos de casi cinco millones de pacientes del sistema de Veteranos que no tenían COVID-19 y no fueron hospitalizados durante ese tiempo. Ese grupo tenía una edad media de 67 años, estaba conformado por un 90 por ciento de hombres y tenía una proporción algo mayor de pacientes blancos y una proporción algo menor de pacientes negros.

Jacobs dijo que en su clínica se observó la amplia gama de síntomas del estudio, pero afirmó que el riesgo de fallecimiento entre los pacientes del estudio era considerablemente mayor de lo que ella hubiera esperado. “Me sorprendió mucho la cifra”, dijo.

De acuerdo con el estudio, entre uno y seis meses después de sufrir una infección relativamente leve o moderada, murieron 1672 de los 73.345 pacientes (alrededor del 2,3 por ciento). No se indicó la causa de los fallecimientos ni nada específico sobre las enfermedades de esos pacientes.

Los investigadores tampoco pudieron decir si las personas tenían problemas de salud subyacentes ni si sus nuevos síntomas eran consecuencias directas de su infección por coronavirus, efectos secundarios de los medicamentos que estaban tomando para tratar algunos de los síntomas, estrés por otros problemas relacionados con la pandemia u otros factores. Los expertos afirmaron que los hallazgos del estudio reflejan una cascada de problemas provocados no solo por el virus en sí mismo, sino por la lucha del sistema médico para hacer frente al COVID-19 y sus efectos a largo plazo.

“Tenemos cientos de miles de personas con un síndrome no reconocido y estamos tratando de aprender acerca de la respuesta inmunitaria, cómo el virus cambia esa respuesta y cómo esta puede incluir todos los sistemas de órganos del cuerpo”, comentó Eleftherios Mylonakis, director de enfermedades infecciosas de la Facultad de Medicina Warren Alpert de la Universidad de Brown y de los hospitales Lifespan, quien no participó en el estudio. “El sistema de salud no está hecho para afrontar algo así”.

En muchos casos, dijo Mylonakis, las personas que presentan síntomas nuevos y que nunca han tenido enfermedad aguda por la infección viral entran en un mundo médico confuso y fraccionado, en el que buscan la ayuda de los médicos de atención primaria y luego son remitidos a varios especialistas, cada uno de los cuales intenta averiguar cómo tratar las enfermedades que caen en el ámbito de su competencia. Esto ayuda a explicar por qué el estudio reveló que los supervivientes de COVID-19 hacían alrededor de 1,5 veces más visitas ambulatorias al mes que los pacientes de la población general del sistema sanitario de Asuntos de Veteranos.

“Nos enfrentamos a silos”, dijo Mylonakis. “Cada vez que hacemos un traslado, se pierde algo. El paciente pierde y eso puede empeorar sus otros síntomas prolongados de COVID-19”.

Al-Aly y sus coautores Yan Xie y Benjamin Bowe, ambos de la Universidad de Washington en San Luis, también analizaron los historiales médicos de 13.654 pacientes que habían sido hospitalizados debido a su infección inicial por coronavirus. Como era de esperarse, descubrieron que los pacientes más enfermos (los que necesitaron cuidados intensivos) corrían mayor riesgo de sufrir complicaciones a largo plazo, seguidos por los que fueron hospitalizados en salas normales y por los pacientes que nunca fueron hospitalizados.

No obstante, al menos algunas de las personas que nunca fueron hospitalizadas presentaron prácticamente todas las categorías de síntomas, desde el dolor torácico hasta la falta de aliento, pasando por la diabetes o la debilidad muscular.

Mylonakis y otros expertos señalaron que el conocimiento del virus y el estado del tratamiento médico están evolucionando con rapidez, y este progreso ya se está traduciendo en una mejora para algunos pacientes. Además, algunas personas con COVID-19 prolongado han mejorado con el tiempo, ya sea por su cuenta o con la ayuda de un tratamiento.

Aun así, dijo Al-Aly: “Lo que tendremos que afrontar durante los próximos años, quizá incluso durante décadas, es el efecto de la pandemia en la salud a largo plazo de los estadounidenses”.

Al-Aly concluyó: “El COVID-19 nos tomó desprevenidos. No nos equivoquemos con el COVID prolongado”.

This article originally appeared in The New York Times.

© 2021 The New York Times Company