Muchos pacientes con 'COVID persistente' no tuvieron síntomas en su infección inicial

Pam Belluck
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Dos personas se hacen la prueba de la COVID-19 en la Universidad de Duke en Durham, Carolina del Norte, el 3 de febrero de 2021. (Pete Kiehart/The New York Times)
Dos personas se hacen la prueba de la COVID-19 en la Universidad de Duke en Durham, Carolina del Norte, el 3 de febrero de 2021. (Pete Kiehart/The New York Times)

Mucha gente que experimenta síntomas a largo plazo de COVID-19 no se sintió nada enferma al inicio de su infección, según un nuevo estudio que suma información significativa para el problema cada vez más importante del impacto duradero de la COVID-19 en la salud.

El estudio, uno de los primeros en enfocarse de manera exclusiva en la gente que nunca necesitó ser hospitalizada cuando tuvo la infección, analizó los expedientes médicos electrónicos de 1407 personas en California que dieron positivo por coronavirus. Más de 60 días después de estar infectadas, un 27 por ciento (382 personas) lidiaba con síntomas pos-COVID, como falta de aire, dolor de pecho, tos o dolor abdominal.

Los investigadores encontraron que casi una tercera parte de los pacientes con estos problemas a largo plazo no había tenido ningún síntoma en su infección inicial del coronavirus durante los diez días posteriores a dar positivo.

Comprender los síntomas a largo plazo de la COVID es una prioridad cada vez más urgente para los doctores y los investigadores, pues cada vez hay más personas que reportan secuelas dolorosas o debilitantes que entorpecen su capacidad para trabajar o funcionar como lo hacían antes. El mes pasado, el director de los Institutos Nacionales de Salud, Francis S. Collins, anunció una gran iniciativa “para identificar las causas y a la postre los medios de prevención y tratamiento para los individuos que han estado enfermos de COVID-19, pero no se recuperan por completo en un periodo de unas pocas semanas”.

David Putrino, director de innovación en rehabilitación del Sistema de Salud Monte Sinaí en la ciudad de Nueva York, quien no estuvo involucrado en la nueva investigación, mencionó que él y sus colegas del centro de atención para síntomas posteriores de la COVID de Monte Sinaí observan un patrón similar.

“Mucha gente que tuvo COVID asintomático también puede desarrollar síndrome de COVID-19 posagudo”, comentó Putrino, coautor de un estudio más pequeño sobre el tema publicado el año pasado. “No siempre coincide con la gravedad de los síntomas agudos, así que pueden no presentar síntomas pero de todas maneras tener una respuesta inmunitaria muy agresiva”.

El nuevo estudio está publicado en el sitio de preimpresión MedRxiv y todavía no concluye la revisión por pares que está en curso. Algunas de sus fortalezas son que es más grande que muchos estudios sobre los síntomas a largo plazo publicados hasta ahora y que los investigadores usaron expedientes electrónicos del sistema de la Universidad de California, lo cual les permitió obtener información sanitaria y demográfica de los pacientes de todo el estado. Los investigadores también excluyeron del estudio los síntomas que habían reportado los pacientes el año previo a su infección, una medida que tuvo como objetivo garantizar que el foco se pusiera sobre los síntomas pos-COVID.

Algunos de los hallazgos: los problemas a largo plazo afectan a todos los grupos etarios, entre ellos los niños. “De los 34 niños del estudio, 11 fueron persistentes”, comentó una de los autores, Melissa Pinto, profesora titular de enfermería en la Universidad de California, campus Irvine.

El estudio encontró más de 30 síntomas, entre ellos ansiedad, dolor de espalda baja, fatiga, insomnio, problemas gastrointestinales y frecuencia cardiaca rápida. Los investigadores identificaron cinco grupos de síntomas que tienen una mayor probabilidad de ocurrir juntos, como el dolor de pecho y la tos, o el dolor abdominal y el dolor de cabeza.

A diferencia de algunos estudios recientes, como uno que llevó a cabo un equipo de investigación dirigido por pacientes, el nuevo estudio no registró uno de los problemas que más se han reportado sobre la “COVID persistente”: problemas cognitivos como dificultad para concentrarse, problemas de memoria y obnubilación. Una de los coautores, Natalie Lambert, profesora investigadora titular de la Escuela de Medicina de la Universidad de Indiana, comentó que esto quizá se haya debido a que, en aquel momento, los doctores tal vez no sabían que debían incluir los códigos de los diagnósticos para ese tipo de problemas cognitivos en los expedientes médicos de los pacientes con COVID. El equipo está buscando financiamiento para un estudio más grande y más completo que combine información de los expedientes médicos, las notas de los doctores y los informes de los pacientes, señaló Lambert.

En el nuevo estudio, alrededor del 59 por ciento de los pacientes con síntomas a largo plazo fueron mujeres, cerca de la mitad de los pacientes fueron hispanos y el 31 por ciento fueron personas blancas. Los autores y Putrino advirtieron que cualquier conclusión demográfica confiable necesita estudios más grandes con un alcance nacional.

Lambert mencionó que, probablemente, los expedientes médicos usados en el estudio reflejaron tan solo un porcentaje de la gente que tuvo infecciones asintomáticas de COVID y experimentó secuelas de COVID. “Algunas personas, si son asintomáticas y no saben que están enfermas, no se van a ir a hacer pruebas”, comentó.

“Otro importante componente es que sabemos que algunos de los síntomas a largo plazo se presentan mucho después de dos meses”, comentó Lambert. “Así que cabe la posibilidad de que haya una gran variedad de síntomas a largo plazo que no estén asociados con la COVID”.

Pinto comentó que sería importante estudiar los padecimientos a lo largo del tiempo, en vez de hacerlo en una imagen estática. “El largo plazo es un proceso muy dinámico y los síntomas pueden cambiar de un día para el otro”, mencionó. “Un día pueden tener dolor de pecho y de cabeza, y al día siguiente los dolores de pecho y cabeza desaparecen y tienen dolor de espalda y músculos. Debemos registrar la trayectoria y el cambio de los síntomas con el transcurso del tiempo, y necesitamos esto en una muestra más grande representativa de Estados Unidos”.

This article originally appeared in The New York Times.

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