Pablo Pratesi, jefe de Terapia Intensiva del Hospital Austral: “Sin medidas, la segunda ola será peor que la primera”

Domitila Dellacha
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El jefe de Terapia Intensiva, Pablo Pratesi
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Después del aumento de casos y muertes, el Gobierno confirmó la llegada de la segunda ola de la pandemia del coronavirus en la Argentina. Mientras las autoridades se disponen a ejecutar un plan de acción, en los centros de salud los trabajadores ya sienten el peso de los aumentos en contagios.

Pablo Pratesi es jefe de servicio de la Unidad de Cuidados Intensivos -conocida a secas como Terapia Intensiva- del Hospital Austral, donde trabaja desde hace dos décadas. El año pasado fue uno de los muchos médicos que batalló contra el coronavirus. Incluso tuvo internado por dos semanas en el centro de salud a su hijo de 21 años, quien llegó a necesitar respirador.

Después de haber atravesado el horror y la muerte a diario, Pratesi hoy se preocupa al pensar qué puede ocurrir frente a una nueva ola de contagios sin medidas y sin la colaboración de la comunidad. Los cambios en su trabajo diario y los desafíos que trajo la pandemia, en esta entrevista con LA NACION.

- ¿Cuál es la tarea de un médico intensivista y qué características tiene un paciente internado en terapia intensiva?

Como intensivista estás con un estado de alerta permanente las 24 horas porque el paciente no elige el horario en el cual está grave. Requieren tratamientos invasivos e intensivos que demandan un entrenamiento especial, y la dinámica de trabajo es ver al paciente en su totalidad como un equipo junto con enfermería y con kinesiología. Tomamos definiciones en función de cómo va la evolución del paciente, acomodamos lo procedimientos que hay que hacerle y lo vamos revisando a lo largo del día varias veces.

Además de buscar darle contención al paciente que está despierto y lúcido, también trabajamos en interactuar con la familia, que suele tener una carga emocional importante. Es nuestra responsabilidad acompañar y contener a las familias, y más en una época como la pandemia, en la cual la cuarentena hizo que mucha gente no pueda venir. Nosotros hemos sido lo más posible de puertas abiertas en nuestro hospital local y hemos tratado de que todo paciente que estaba grave, incluso moribundo, estuviera acompañado, aunque no siempre sea posible.

- ¿Cómo describirías la situación que atraviesan hoy los médicos intensivistas?

El mundo definió que el personal de salud que está más expuesto es el personal de terapia intensiva: médicos, enfermeros, kinesiólogos, todos. En el hospital Austral, en Terapia Intensiva somos 26 médicos y 18 nos contagiamos con diferentes niveles de gravedad y, por suerte, ninguno murió.

Con la pandemia, primero tuvimos que multiplicar la capacidad de trabajo: pasamos de 15 camas a 28 camas de terapia intensiva con la misma gente, es decir, se duplicó el volumen de trabajo y el nivel de estrés. Esto generó mucho burn out, mucho agotamiento, la pérdida de capacidad de emocionarte el día de hoy.

La pandemia también puso de manifiesto y desnudó las limitantes, lo obsoleto que es el sistema de salud en la Argentina. Cuando escuchás autoridades sanitarias -sean de cualquier ámbito, nacional o provincial o municipal- decir que aumentaron las camas de terapia es gente que realmente no sabe de qué está hablando, porque una cama de terapia no es el lugar por la cama o por el respirador del monitor, sino por la gente que tiene que tener la disposición para atender el paciente.

En la primera ola hubo más de 500 miembros del sistema de salud muertos por el Covid-19, y condiciones de trabajo muy deficitarias tanto para el personal como para los pacientes. Realmente no se hizo mucho por cambiar esta situación. Me animo a anticipar es que, en la segunda ola, si no se toma medidas importantes, va a ser peor que la primera.

- ¿De qué medidas se debería hablar para contener la segunda ola de contagios y evitar un desborde del sistema sanitario?

En principio, creo que volver a fases muy duras de cuarentena es difícil porque la gente quedó con un agotamiento psíquico y social muy importante, y con una pérdida de su capacidad económica enorme, con lo cual la gente carenciada y con más limitaciones va a preferir contagiarse antes que morir de hambre.

Bien regulado para que la gente pueda seguir trabajando y los chicos practicando el día escolar, se deben optimizar las medidas de control para evitar que haya grandes reuniones o conglomerados de gente. Eso hay que limitarlo, y la circulación también cuando no es necesaria.

En el plano asistencial, como sabemos que va a haber una ola, va a haber muchos miembros del sector salud que van a dejar de trabajar porque no van a tener lugar de operar o donde tener otro paciente. Entonces se debería hacer una buena reestructuración y dirigir personal de salud a las áreas afectadas para asistencia de Covid-19, que son los servicios de emergencia, las unidades de cuidados intensivos y las áreas de internación general. Y quizá el dermatólogo, el endocrinólogo, el otorrino y el cirujano plástico tienen que ir a colaborar en esos lugares en vez de quedarse en la casa esperando a que se habilite para ir a operar.

- La información epidemiológica de ayer arroja una ocupación de las UTI en un 62% en la región del AMBA...

Ayer tuvimos una reunión con los jefes de servicios de veinte terapias intensivas pública y privadas del Gran Buenos Aires: estamos todos cercanos al 100 por ciento de nuestra capacidad . No sé de dónde sale la información que dan los organismos públicos, pero todos los jefes de Terapia llegamos a la conclusión de que estamos cercano al 100 por ciento de ocupación.

El número de 62% de ocupación de las UTI no es coherente, y no puedo responder por qué hacen eso.

- ¿Estamos frente a una situación alarmante?

Frente a una situación muy compleja y todavía no hemos visto el peor momento de esta ola.

- ¿Qué se debería para evitar una postal como la de Brasil? ¿A cuánto estamos de un escenario así?

Lamentablemente creo que no estamos lejos del escenario. El paciente que tiene síntomas tiene que ser honesto, decirlo, aislarse, además de consultar para que se le haga diagnóstico ante la eventualidad de un cuadro agravado.

Lo importante es cumplir con las normas que como comunidad -y hablo básicamente de la Argentina en su conjunto- somos muy poco proclives a no cumplir con las normas, porque vemos desde arriba que las normas están hechas para romperlas. Pero la realidad es que si seguimos haciendo reuniones sociales tan grandes y no usamos medidas de distanciamiento y de contención del virus como, la segunda ola va a ser claramente peor que la primera y va a agarrar a todo el sistema de salud y específicamente a los servicios de terapia intensiva absolutamente agotados y con menos capacidad de respuesta.

El escenario es muy complejo y hay que hacer una alerta real a la comunidad.

- ¿Cuál es el aprendizaje más grande que dejó pandemia en 2020 y qué es eso que no se debería de dejar de tomar en cuenta para esta segunda ola?

Desde el lado médico asistencial hay áreas muy sensibles de las instituciones, que son las que ahora están con más estrés laboral y más agotamiento . Son las que hay que reforzar. Hay que entender que hay gente que trabaja la salud que no estaba trabajando en esas áreas y que van a tener que ir, que no se tienen que quedar en la casa.

La emergencia sanitaria obliga a que todo el mundo colabore en los lugares que son necesarios. El equipo de salud tiene que ayudar en su conjunto para poder amortiguar el impacto en los servicios más sensibles con respecto a la asistencia de pacientes de Covid-19.