Un "país aparte", la provincia donde solo rigen las leyes de Gildo Insfrán

Martín Boerr
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POSADAS.- La pandemia ha transformado al territorio de Formosa en un "país aparte", donde rigen reglas distintas a las del resto de la Argentina, dictadas por una persona que gobierna ininterrumpidamente desde hace 35 años: Gildo Insfrán. Y la situación de los formoseños que buscan ingresar a su provincia, pero se encuentran con la negativa y el maltrato del gobierno provincial, continúa agravándose ante la sorprendente pasividad de las autoridades nacionales.

A medida que las normas de aislamiento fueron flexibilizándose en el resto del país, la dureza de este régimen afloró con mayor nitidez.

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Chicos que duermen a la intemperie en medio del campo, atacados por mosquitos o alimañas; mujeres y hombres que cazan y pescan para vivir. Gente desesperada que, sin un peso más para seguir sobreviviendo, harta de esperar, decide probar suerte tirándose al traicionero río Bermejo para cruzar a nado. En su mayoría es gente mansa y modesta. Muchos que fueron a buscar trabajo a otras provincias, en muchos casos evidentemente acostumbrados a vivir en condiciones no muy distintas en sus lugares de residencia permanente en Formosa.

Como respuesta a esta situación, el Gobierno de Insfrán muestra los datos sanitarios que posicionan a Formosa como uno de los distritos menos castigados por el Covid-19. "Entre el derecho a circular y el derecho a la vida, que entran en colisión, elegimos el derecho a la vida", repite el gobierno casi todos los días. Y es cierto, Formosa tiene una situación sanitaria privilegiada y pocos dudan de que las exigentes medidas tienen mucho que ver con esto. Fue la última provincia a la que ingresó el virus, recién el 10 de junio. Al día de hoy Formosa no tiene muertos por Covid-19. En toda la pandemia se contagiaron 168 personas, de las cuales 124 ya se recuperaron y 27 casos están activos. Todo eso compartiendo límite con Chaco, uno de los distritos más castigados por el coronavirus y con la permeable frontera con Paraguay.

Insfrán no dudó en cerrar la frontera Clorinda-Paraguay, aún con un costo político muy fuerte porque esa localidad depende del comercio fronterizo para la subsistencia. Este estatus sanitario le da más convicción al gobierno de Insfrán, un veterinario oriundo de la localidad de Laguna Blanca, para defender la dureza de sus medidas. Pero además hay otro argumento: el Covid-19 ingresó a Formosa por esos pasos donde hoy acampan los varados, del lado chaqueño del río.

El mes pasado en una videoconferencia, Gildo Insfrán reconoció que las medidas que se toman "pueden ser desagradables, porque queremos llevar una vida absolutamente normal, y créanme que dentro de todos los males que están ocurriendo a causa de esta pandemia, llevamos casi prácticamente una vida normal".

El coronavirus transformó al río Bermejo, que separa a Formosa de Chaco y el resto del país, en una suerte de nuevo Muro de Berlín. Con efectivos de la policía provincial y la Gendarmería que custodian los accesos con una actitud que a veces parece más propia de los guardias soviéticos que vigilaban ese paredón en la década del 60. No hay situación humanitaria o familiar que los ablande, como sí suele suceder en cualquier otro lugar del país. Los efectivos tienen órdenes estrictas: nadie pasa sin el permiso que debe tramitar anotándose en una página web del gobierno.

El Bermejo se convirtió en una suerte de Muro que de la noche a la mañana pasó a separar a familias y amigos que quedaron a uno y otro lado del río y que no se pueden encontrar a pesar de estar a unos pocos metros unos de otros.

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Así fue como Formosa es una de las pocas provincias que oficialmente no tiene muertos por Covid 19, pero sí los tuvo por las duras medidas de aislamiento que impuso, como el caso del joven Mauro Ledesma que murió ahogado. También hubo casos de gente desesperada que cruzó a nado para cobrar el IFE y otras asignaciones de la Anses. Uno de cada cuatro formoseños cobra el IFE, según un relevamiento de la consultora Politikón. Sólo Chaco y Santiago del Estero la superan en esa proporción.

El gobierno de Formosa reconoce unos 4.600 varados que pugnan por ingresar, aunque abogados y representantes de estos grupos dicen que el número podría llegar a 10.000. La provincia tiene un régimen estricto de cuarentena a todo el que ingresa por el cual va dejando pasar entre 200 y 300 por semana, según la situación epidemiológica.

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Tras anotarse en la página oficial del Gobierno solicitando el permiso para ingresar, la persona recibe un número de solicitud. Pero no le dan una fecha cierta de ingreso. Así arranca una espera con un mecanismo que no es muy transparente.

No es cómo sacar un turno en el banco y ver en la pantalla cómo va avanzando la "cola", con más o menos lentitud. "No sabemos si hay favoritismos con los turnos, no hay transparencia en el mecanismo, debería ser público y que todos vean quién va ingresando y cuánto falta", explicó a la nacion el abogado Carlos Lee, uno de los letrados que logró hacer ingresar a más personas presentando recursos de hábeas corpus.

Todos los que ingresan, por turno o con hábeas corpus, son enviados a uno de los 42 centros de alojamiento preventivo (23 en la capital) para cumplir una cuarentena estricta de 14 días, con los gastos a cargo de la provincia.

"A los que presentaron recursos de hábeas corpus los castigan y los envían a Gran Guardia, un pueblito a 70 kilómetros de la capital que apenas tiene una salita", explicó Lee, uno de los primeros letrados que empezó a presentar estos recursos en los dos juzgados federales de Formosa. ¿Cómo respondió el gobierno provincial? Acató la orden de la Justicia a regañadientes, pero no se privó de atacar al juez federal Nº 2, Fernando Carbajal, a quien responsabilizó perjudicar con su fallo a otros varados que ya estaban a punto de recibir el permiso para ingresar.

"El fallo de la Justicia alcanza a 90 personas. ¿Cómo le explico a los que no hacen presentación ante la Justicia y ahora le quitamos su turno?", señaló Jorge González, el vocero del gobierno de Gildo Insfrán en la pandemia.

Lo de González también podría ser un récord que debería aspirar al libro Guiness de récords. Encabeza el Consejo de Atención Integral de la Emergencia (COVID-19) y en ese rol todos los días, de lunes a lunes, ofrece una larga conferencia de prensa. Ya son 228 conferencias ininterrumpidas, que arrancan con un parte sanitario y derivan en cualquier cuestión política.

Al principio de la cuarentena, los temas principales tenían que ver con la aparición del Covid-19, las normas de prevención, el cierre de la vital frontera con Paraguay o el alistamiento del sistema sanitario.

Pero desde hace tiempo, se convirtieron en una tribuna para atacar a todos los que cuestionan el duro régimen para ingresar a la provincia. González atacó al juez Carbajal, a los principales abogados que realizan presentaciones ante la Justicia y también al diario La Mañana, que cuestionó el sistema en un editorial. La "prensa porteña" también es uno de los principales blancos en esas presentaciones.

"No se duda que las medidas han tenido éxito. Hoy no faltan camas y no hay fallecidos, pero una cosa no quita la otra. Tras seis meses el sistema de ingreso es lento, incierto y deficiente, en el caso de los varados directamente es peligroso. Las personas que esperan en la ruta o intentaron ingresar a nado están desesperadas", explicó a LA NACION, Bárbara Read, la subdirectora de La Mañana, un diario que intenta guardar una postura equilibrada respecto al gobierno de Insfrán.

La jóven Read, de 29 años, dirige junto a su madre Claudia Bogado el diario que fundó su padre Enrique, fallecido hace unos años. No es fácil intentar tener un equilibrio en una provincia como Formosa y animarse a marcar algunas falencias.

Testimonios de varados

Algunas historias de varados son pintorescas, pero la mayoría directamente muestra la brutalidad a la que se somete a mucha gente que no tiene opciones a donde ir a esperar a que la dejen ingresar a Formosa.

Esos varados se encuentran acampando en dos puntos, principalmente. Las localidades chaqueñas de Puerto Eva Perón (limita con la localidad formoseña de Mansilla), ambas unidas por la Ruta Nacional 11 y el puente que cruza el Bermejo. Ese es el principal acceso a Formosa.

El otro punto "caliente" es en la localidad chaqueña de Gral. San Martin, que del otro lado del río limitad con El Colorado.

Se trata de los principales accesos a Formosa desde Chaco. La provincia que conduce Jorge Milton Capitanich ahora tampoco deja pasar a su propio territorio a los formoseños que vienen del Sur y no tienen permiso para ingresar. Capitanich ya no quiere que se acumulen los varados y varios ahora están confinados en la localidad de Florencia, en el lado santafecino del límite Santa Fe/Chaco.

El caso de Hilda Paredes, que espera hace ocho meses para entrar a El Colorado y ver a su familia es uno de los más impactantes. La mujer pesca para comer y vive en un ranchito que le cedió una familia del lado chaqueño.

"Desde mayo estoy, completé la solicitud y me fui para Mansilla, pero me corrieron como a un perro. Pasando este puente Libertad, que está acá enfrente, está a unos metros mi casa", señaló la mujer, en una nota que le hizo TN.

Un par de días después a la mujer le dieron turno de ingreso, pero para el 18 de diciembre, obligándola a pasar las fiestas en uno de los centros de aislamiento y lejos de su familia. Parece un castigo, por el hecho de visibilizar la situación en la que se encuentran los varados del otro lado del Bermejo.

"Cazamos animales y pescamos para comer, esto ya es desesperante, no tenemos donde estar", dijo Camila, oriunda de la localidad de Pirané.

Otro caso muy resonado fue el de Carmen Acosta, que viajó más de 3.000 kilómetros desde Rawson para ver a su madre moribunda, con quien estaba muy apegada. Tras demorarle el ingreso, cuando finalmente la dejaron ingresar la llevaron al confinamiento y ahí se enteró de la noticia de la muerte de su mamá.

Situaciones familiares

En otros casos, la situación de la separación es más pintoresca. Parejas de jóvenes que se lo toman con humor y se saludan con pancartas. O el caso de Carlos, que vive en Puerto Eva Perón (Chaco) y para el Día de la Madre hizo llevar a Marcelina, de 83, a la otra orilla del Bermejo.

"Es increíble que no me dejen pasar para ver a mi mamá, ella vino a cuidarme cuando estuve enfermo y ahora no puedo retribuirle, estamos tan cerca y a la vez estamos tan lejos", explicó a LA NACION emocionado y esperando a que algún día Formosa vuelva a ser "parte del país" para cruzar el río y ver a los suyos.