Con público limitado, locales tienen foja negativa en NFL

SCHUYLER DIXON
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Philip Rivers lanza un pase con los Colts de Indianápolis en el triunfo por 41-21 ante los Lions de Detroit el domingo 1 de noviembre del 2020 (AP Photo/Tony Ding)
Philip Rivers lanza un pase con los Colts de Indianápolis en el triunfo por 41-21 ante los Lions de Detroit el domingo 1 de noviembre del 2020 (AP Photo/Tony Ding)

Philip Rivers apenas podía creer el silencio con el que se topó. Sus Colts de Indianápolis estaban jugando en Detroit, en lo que representó la primera vez que los Lions permitieron el ingreso de 250 amigos y familiares al graderío, durante esta campaña afectada por el coronavirus.

Así, el quarterback de 38 años puede entender perfectamente por qué los equipos locales se encaminan a tener una foja negativa, algo que no ha ocurrido en una sola campaña desde la fusión de las dos ligas en 1970.

Apenas dos terceras partes de los equipos permitieron el ingreso de números limitados de fanáticos. El resto ha prohibido totalmente el público, debido a la pandemia.

Y tras las nueve primeras semanas de la campaña, los equipos locales tienen un récord de 65-67-1. La última vez que los equipos visitantes tuvieron una marca positiva a estas alturas de una temporada fue en 1983.

Pero en aquel año, los locales repuntaron y finalizaron con 15 triunfos más que los visitantes.

“No puedo decirles lo muerto que estaba el ambiente”, rememoró Rivers sobre aquel partido del 1 de noviembre, que los Colts ganaron por 41-21 en casa de los Lions. “Era increíble”.

Los Colts tampoco juegan precisamente ante multitudes como locales. Indianápolis figura entre 11 equipos que permiten no más de 10.000 espectadores por duelo. Los Cowboys de Dallas han aceptado el mayor número de seguidores, pero éstos no se han quedado ni cerca del 50% que impusieron como límite en su estadio.

En medio del silencio, los quarterback pueden oír casi sus pensamientos —incluso en los momentos más candentes del partido. Y las ofensivas no tienen que preocuparse por la posibilidad de que la escandalera del público impida escuchar las indicaciones del mariscal de campo —una de las molestias comunes que enfrentan los equipos visitantes en estadios hostiles.

Si los equipos visitantes terminan con una foja positiva, sería la primera vez que ello ocurre desde 1968 y apenas la segunda desde comienzos de la década de 1950. Y muchos encontrarán la causa en el limitado público que ha alentado a los equipos locales en la temporada de la pandemia.

“La ventaja de local no es lo que solía ser cuando no tienes a 75.000 u 80.000 personas que te alientan”, reconoció el entrenador de Washington, Ron Rivera. “Así que nos topamos con un ambiente totalmente distinto. No sé si sea por eso, pero me parece que podría ser un buen motivo”.

Como se esperaba, las restricciones sobre el número de fanáticos están despojando a los equipos de una parte de los ingresos. Marc Ganis, cofundador de la consultoría Sportscorp con sede en Chicago y confidente de varios dueños de la NFL, estima que cada equipo se embolsará unos 100 millones de dólares menos en ingresos.

Para conjuntos como los Cowboys, con ingresos colosales relacionados con el estadio, la pérdida sería mucho mayor. Dallas facturó por este concepto más de 600 millones de dólares en 2018, de acuerdo con Forbes.

Ganis dijo que los equipos con mayores ingresos serán los más afectados por tener un número reducido de fanáticos o ninguno en el graderío.

“Es algo muy significativo”, opinó Ganis. “No hay algo que mitigue esto, ni nada que pueda hacerse. Pudo ser mucho peor, pero va a ser de todos modos un golpe de nueve dígitos para cada equipo en la liga”.

Entre los 19 equipos que han permitido el ingreso de público, los Cowboys tienen las mayores cifras, con un promedio de 27.750 espectadores, el 32% de la capacidad del AT&T Stadium, que tiene 80.000 butacas permanentes.

La semana pasada, Dallas registró su mayor público desde que sobrevino la pandemia, con 31.700 aficionados para el duelo ante Pittsburgh.

El menor porcentaje es el de Nueva Orleáns, donde la alcaldesa LaToya Cantrell tuvo que ceder ante los Sints, que amenazaron con mudar sus partidos como locales al estadio LSU de Baton Rouge.

El promedio de los Saints en tres partidos es de 1.499 fanáticos, el 2% de la capacidad del Superdome. Salvo por un retroceso ante el repunte en el número de casos de coronavirus en el país, ese promedio debería subir.

Nueva Orleáns recibió a 3.000 seguidores para su encuentro más reciente como local. Hay planes para albergar a 6.000 para cada uno de los dos duelos restantes de noviembre y 15.000 para cada uno de los dos duelos que disputarían en diciembre.

“Es obviamente grandioso tener fanáticos en el estadio”, valoró el quarterback Drew Brees, luego que unos 3.000 aficionados presenciaron el duelo del 25 de octubre, un triunfo por 27-24 sobre Carolina. “Me encantaría que pudiéramos recibir a más. Ciertamente, la defensa agradecería tener algo de ruido del público”.

Más allá del pequeño grupo de amigos y familiares, Detroit figura entre los 11 equipos que no admiten aficionados. El equipo no ha hecho un anuncio sobre qué pasará en el resto de la temporada.

En ese grupo de equipos sin público figuran algunos que comparten estadio: Los Rams y los Chargers de Los Ángeles, así como los Giants y los Jets de Nueva York. Se espera que las restricciones continúen durante toda la campaña en esos casos.

Nueva Inglaterra y Minnesota han anunciado ya que no tendrán fanáticos en sus estadios durante lo que resta del año.