Las pérdidas y vacíos por la FIL Guadalajara que no fue

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GUADALAJARA, Jal., noviembre 28 (EL UNIVERSAL).- A una horas de que se inaugure la edición 34 de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, los 45 mil metros cuadrados que debería ocupar en la Expo Guadalajara siguen vacíos: ni alfombras ni estantes ni libros, y en el lugar en el que se levantaría el pabellón de Sharjah, capital de los Emiratos Árabes Unidos —que sería el invitado de honor para este año— hay un inmenso árbol de Navidad que intenta llenar el gran vacío.

Una semana antes de la inauguración de la feria, este punto de la ciudad se convertía en una especie de Bizancio que atraía a cientos de miles (828 mil 266 personas visitaron la FIL el año pasado, según datos de los organizadores) so pretexto de los libros y, en sus alrededores, hoteles restaurantes, tiendas, cafeterías, ambulantes, taxistas y demás gozaban de cierta bonanza durante los nueve días en que los intelectuales caminaban pie tierra, prácticamente al alcance de quien lograra identificarlos.

Pero desde octubre pasado, el presidente de la Feria, Raúl Padilla, daba cuenta de los estragos del 2020 y su pandemia: "Hemos hecho nuestro mayor esfuerzo para que este año se hiciera presencial, pero tenemos que atender lo que nos dicen las autoridades sanitarias y la Sala de Situación en Salud por Covid-19 de la Universidad de Guadalajara, que reúne a especialistas en epidemiología. La recomendación de la Sala, el análisis de datos y de proyección de la pandemia, la restricción para la organización de eventos masivos y de viajes internacionales, y la responsabilidad de proteger la salud de socios, visitantes, participantes y expositores nos ha llevado a tomar la difícil decisión de trasladar, únicamente por este año, los contenidos y programas de la FIL al ámbito virtual".

Algo se oscureció, las listas con nombres, itinerarios de vuelo y sitio de hospedaje para escritores, editores, periodistas y participantes se olvidaron en un limbo burocrático; las decenas de jóvenes estudiantes de la Universidad de Guadalajara que pretendían liberar su servicio social laborando como personal de apoyo debieron cambiar de planes; muchos contratos de detuvieron.

"En estas fechas debería haber en piso unas 2 mil 500 personas, la mayoría técnicos especializados, carpinteros, tablarroqueros, electricistas, fontaneros, todos instalando FIL; y durante los días del evento la ocupación hotelera estaría al 100% en la ciudad, habría una derrama económica de aproximadamente mil millones de pesos", dice Guillermo Cervantes Fernández, presidente de Expo Guadalajara.

Los números del comité organizador hablan de una derrama económica de hasta 330 millones de dólares en todo el estado, tomando en cuenta las visitas a destinos turísticos en el marco del encuentro librero.

"Es uno de los eventos más importantes que tenemos cada año y estaría la ciudad en ebullición total esperando la FIL que este año no va a ser; para nosotros es un golpe duro, es uno de los cinco clientes más importantes que tenemos y no tener esos ingresos va a contribuir a que no tengamos un número positivo este año, a causa de la pandemia por primera vez en muchos años en la historia de Expo Guadalajara que perderemos dinero y veremos un escenario de números rojos", explica Cervantes.

Las estadísticas de 2019 indican que a la FIL acudieron 18 mil 906 profesionales del libro, 287 agentes literarios y 3 mil 383 periodistas de 48 países.

En uno de los hoteles sedes de la Feria, un trabajador extraña el trajinar de estos días, la efervescencia del lugar también implicaba más propinas: "por estos días ya comenzaba a llegar gente de otros lados y el vestíbulo estaba lleno, ahora mire". Extiende la mano para mostrar a las cuatro personas que esperan un taxi.

Para el hotel la virtualidad de la Feria también representa mermas, pero prefiere mantener una postura institucional:

"La FIL es un socio comercial muy importante y no nos gustaría que la información se malinterpretara. Precisamente, como una de las sedes oficiales debemos cuidar en todo momento que la información que fluya en torno a la feria sea siempre sobre los innumerables aspectos positivos que nos trae y el maravilloso equipo que hemos hecho con ellos a través de tantos años", indica la gerente de relaciones públicas.

Durante los días de la FIL, Las Hermanas Coraje no se daban abasto, el restaurante extendía su horario hasta tres horas más de lo habitual, prácticamente se levantaba un comensal para que otro se sentara y era necesario contratar seis personas más para apoyar a las siete que trabajan de planta; la pandemia y la cancelación de eventos ha obligado a reducir la operación a la mitad.

"Siempre estábamos llenos en FIL, era casi casi como nuestro aguinaldo, las ventas subían hasta en 300%, podíamos gastar en el Buen Fin porque sabíamos que en la FIL era un trancazo fuerte de ventas y nos recuperábamos. Si en condiciones normales compro cuatro cajas de jitomate para dos o tres días, durante la FIL tenía que comprar hasta 15", señala Víctor Hugo Ramírez, encargado del restaurante.

Este año, la Feria recibió el Premio Princesa de Asturias en Comunicación y Humanidades y se esperaba que fuera uno de los leitmotiv de esta edición; aunque eso no será, quizá vale la pena recordar que durante la ceremonia virtual de la entrega del premio, apenas unos días después del anuncio del cambio de formato de la feria, su presidente señalaba que la FIL es una empresa cultural pública, creada y sostenida por la Universidad de Guadalajara.

En ese sentido, el presupuesto 2020 de la universidad pública de Jalisco señala que la FIL Guadalajara tendría un ingreso de 126 millones 451 mil 384 pesos y egresos por 120 millones 734 mil 425 pesos, pero tenemos pocos detalles de cómo se ejercen esos recursos.