Ortega obtiene otro mandato en Nicaragua, EEUU amenaza con sanciones

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Por Daina Beth Solomon

SAN JOSÉ, 8 nov (Reuters) -Daniel Ortega consiguió fácilmente un cuarto mandato consecutivo como presidente de Nicaragua, mostraron los resultados en las urnas el lunes, luego de que el exguerrillero reprimió a posibles rivales, lo que llevó a Washington a advertir que presionará por un "regreso a la democracia" y elecciones libres.

El Consejo Supremo Electoral de Nicaragua informó que, con casi la totalidad de los actas computadas, la alianza sandinista de Ortega ganó con el 75,92% de los sufragios en la elección presidencial. La participación fue del 65,23%.

En los meses previos a las elecciones del domingo, muchas naciones, incluyendo latinoamericanas, habían expresado su profunda preocupación por la imparcialidad de la votación, pues Ortega detuvo a opositores y empresarios, canceló partidos rivales y criminalizó a la disidencia.

A los observadores electorales de la Unión Europea y la Organización de Estados Americanos (OEA) no se les permitió escrutar el proceso y a los periodistas se les prohibió entrar en Nicaragua.

El secretario de Estado estadounidense, Antony Blinken, afirmó el lunes que Washington está dispuesto a usar diversas herramientas, incluyendo posibles sanciones, restricciones de visado y acciones coordinadas con sus aliados contra quienes apoyen los "actos antidemocráticos" de las autoridades de Nicaragua.

El funcionario agregó que Estados Unidos trabajará con otros gobiernos para presionar con miras a lograr el retorno a la democracia en el país centroamericano a través de "elecciones libres y justas".

En un comunicado antes de que se anunciara el recuento, el presidente Joe Biden señaló que Ortega y su esposa, la vicepresidenta Rosario Murillo, habían orquestado una "pantomima de elecciones que no fueron ni libres ni justas".

Representantes demócratas en el Congreso presionaron para que Biden respalde la llamada Ley Renacer, que tiene como objetivo intensificar la presión sobre Ortega y buscar una mayor cooperación regional para impulsar las instituciones democráticas.

En un pronunciamiento, los 27 miembros de la Unión Europea (UE) rechazaron los resultados y dijeron que las elecciones "completan la conversión de Nicaragua en un régimen autocrático". Canadá, Chile, Costa Rica, España y Gran Bretaña pidieron la liberación de los líderes opositores detenidos.

El canciller de España, José Manuel Albares, calificó de "burla" los comicios y rechazó los resultados en las urnas.

En un discurso de más de una hora el lunes por la noche, Ortega arremetió contra Estados Unidos y Europa, tachándolos de "imperialistas yanquis".

"Querían estar al frente del Consejo Supremo Electoral (...) contando los votos de los nicaragüenses", dijo Ortega, dirigiéndose a sus partidarios desde la Plaza de la Revolución en Managua.

"Eso ya no volverá a suceder en Nicaragua. Nunca más, nunca más", subrayó, a la vez que dijo que los opositores encarcelados "dejaron de ser nicaragüenses, no tienen patria".

Cuba, Venezuela y Rusia ofrecieron su apoyo a Ortega.

El canciller ruso, Sergei Lavrov, dijo que los llamados de Estados Unidos para que los países no reconozcan el resultado de los comicios eran "inaceptables".

La Secretaría de Relaciones Exteriores de México dijo que no comentaría sobre las elecciones hasta que se publicaran los resultados oficiales. México ha mantenido una opinión crítica sobre el encarcelamiento de opositores por parte de Ortega, pero respaldó la no intervención en los asuntos de Nicaragua, dijo un funcionario mexicano, quien habló bajo condición de anonimato.

ANTIGUO REBELDE

La victoria de Ortega consolida el modelo político cada vez más represivo que ha construido en los últimos años junto a su esposa, la vicepresidenta Rosario Murillo.

Un exrebelde marxista que ayudó a derrocar la dictadura derechista de la familia Somoza a fines de la década de 1970, Ortega dice que está defendiendo a su país contra adversarios sin escrúpulos empeñados en derrocarlo con la ayuda de potencias extranjeras.

Su gobierno ha aprobado una serie de leyes que facilitan el enjuiciamiento de los opositores por delitos como "traición a la patria".

Sólo cinco candidatos poco conocidos de partidos en su mayoría pequeños y aliados de los sandinistas de Ortega, fueron autorizados a presentarse contra él. Es el líder que más años lleva en el cargo en América, desde 2007, cuando regresó al poder tras un periodo en la década de 1980.

Después de lograr un sólido crecimiento económico y atraer inversión privada, el gobierno de Ortega cambió de rumbo en respuesta a las protestas antigubernamentales de 2018. Más de 300 personas murieron durante la represión de ese movimiento.

Desde entonces, decenas de miles de nicaragüenses han huido del país. Muchos de ellos se reunieron en la vecina Costa Rica el domingo en una muestra de desafío a Ortega.

Se espera que el descontento prolongado alimente una mayor emigración hacia Costa Rica y Estados Unidos, donde este año se ha detenido a un número récord de nicaragüenses en la frontera.

La activista de derechos humanos nicaragüense Haydee Castillo, quien fue arrestada en 2018 y ahora vive en Estados Unidos, calificó las elecciones como "una farsa". "No ha concedido nada a pesar de las resoluciones y declaraciones que ha hecho la comunidad internacional", denunció.

Costa Rica señaló el domingo que desconoce el triunfo de Ortega e instó a la comunidad internacional a propiciar el diálogo entre Gobierno y oposición, mientras que Guatemala y Panamá lamentaron el lunes las condiciones en que se celebró el proceso electoral.

Chile denunció que el sufragio "careció de todas las condiciones para ser estimado válido y transparente", y el presidente colombiano, Iván Duque y pidió llevar el asunto a la ONU o la OEA.

(Reporte de Daina Beth Solomon en San José; reporte adicional de Álvaro Murillo en San José, Sofía Menchú en Ciudad de Guatemala, Natalia Ramos en Santiago, Gabrielle Tetrault-Farber en Moscú, Guy Faulconbridge en Londres, Inti Landauro en Madrid, Patricia Zengerle en Washington y Dave Graham y Jake Kincaid en Ciudad de México; editado en español por Carlos Serrano, Marion Giraldo y Adriana Barrera)

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