Una organización denuncia la puesta en marcha de un supuesto plan para autorizar la caza de osos en Asturias en un futuro cercano

M. J. Arias
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El Fondo para la Protección de los Animales Salvajes (FAPAS) está preocupado por el futuro del oso pardo en las montañas cantábricas. De ahí el lanzamiento de un comunicado esta semana en el que manifiesta sus sospechas y reticencias por los supuestos últimos movimientos en este sentido por parte del Gobierno de Asturias y hace una proyección futura a dos o tres años basándose en el temor de que se pueda llegar a autorizar la muerte de este animal cuya población reducida se limita en España a la Cordillera Cantábrica y los Pirineos.

FAPAS denuncia una supuesta campaña de desprestigio del oso pardo para acabar autorizando su muerte en Asturias. (Foto: Getty Images)
FAPAS denuncia una supuesta campaña de desprestigio del oso pardo para acabar autorizando su muerte en Asturias. (Foto: Getty Images)

Acusan desde FAPA al Gobierno de Asturias de “paralizar la estrategia de conservación del oso pardo” en base al supuesto traslado de “toda su gestión al Servicio de Caza”. En el comunicado lanzado por dicha asociación se habla de sospechas y de una suerte de campaña de desprestigio contra el oso pardo con la publicación de noticias de ataques e incidentes protagonizados por estos animales para, dicen “crear un estado de opinión social que respalde las iniciativas de un Gobierno Regional”, al que acusan de tener “una fuerte dependencia de un sindicato ganadero”.

Comparan en su argumentación, en la que no aportan más datos que un par de recortes de prensa sobre incidentes, que lo que aseguran que está ocurriendo y ocurrirá con el oso pardo es lo mismo que sucedió con el lobo, contra el que dicen que se lanzó “una sibilina campaña de imagen asociada a los daños” que, acusan, “ha sido la referencia para llevar a esta especie a la aniquilación total de todos los ejemplares que se puedan matar” y usar esto como forma de ganar votos dentro del mundo rural.

Esto es lo que aseguran que pretende hacerse con el oso, convertirlo en “una especie asesina incompatible con el mundo rural. Una campaña oscura asociada a intereses ganaderos y sindicales a los que el Gobierno Regional de Asturias no se opone y contempla con complacencia”.

Su peor augurio es que de aquí a dos o tres años exista una “percepción” de que el oso es un animal peligroso para las personas que facilite el camino para autorizar su eliminación.

Con el caso de los lobos como referencia en su comparación, en este sentido, en una entrevista concedida a El Español hace un tiempo por el biólogo experto en la materia Carlos Sanz, este señalaba que “las posturas radicales, tanto la de los 'anti-lobo' que quieren exterminarlo porque lo consideran incompatible con la ganadería, como la de los 'pro-lobo' que lo consideran como un 'dios intocable' y rechazan cualquier forma de control de la especie” son una amenaza para la propia especie.

Con 40 de experiencia dedicados a la conservación y divulgación sobre el lobo y colaborador habitual de Félix Rodríguez de la Fuente, Sanz explicaba que si bien los lobos “tienen fuerza suficiente y capacidad para matar a un humano, nunca los consideran como posibles ‘presas’, ni a un adulto ni a un niño…”. Conocedor del terreno, reconocía que alrededor de esta especie “existen numerosos intereses, muchas veces opuestos y enfrentados, que resulta imprescindible intentar armonizar y equilibrar para lograr la necesaria coexistencia entre el lobo y el hombre”.

Con respecto al tema del oso y su situación –en Asturias son toda una institución protegida y uno de sus mayores reclamos turísticos–, esta misma semana se cumplen seis meses de la aparición del cuerpo de oso Cachou en los Pirineos. Un caso que, como recuerdan en La Vanguardia, sigue bajo secreto y con el que desde FAPA han sido muy críticos.

El cadáver de Cachou apareció el 9 de abril en el bosque de Soberpera (Les, Vall d’Aran) y la primera hipótesis que se barajó sobre su muerte fue la del enfrentamiento con otro oso y “una caída de unos 40 metros por un terreno muy abrupto”. Sin embargo, esta versión no convence a algunas asociaciones, que mantienen que en las fotos del animal se aprecieban indicios contrarios a una muerte accidental abriendo la vía a la teoría del envenenamiento.

FAPAS fue una de las organizaciones que ha puesto en duda la versión oficial y hace unas semanas publicaba un comunicado en su web en el que defendía que “el oso Cachou es el primer caso en el que ese falso argumento de muertes en peleas se cae y avanza judicialmente en busca de descubrir la verdadera causa de su muerte”.

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