Cómo se organizó el acampe en la 9 de Julio

Javier Fuego Simondet

Las organizaciones más díscolas despejaron la calle, pero dicen que la medida es "insuficiente"

El cansancio hizo mella. No obtener una respuesta esperada, también. Los movimientos sociales que desde el miércoles pasado se instalaron con carpas en la avenida 9 de Julio, no cumplieron las 48 horas de permanencia que pretendían concretar y decidieron levantar el acampe.

Cuerpos cansados y cierto disconformismo de los líderes por no haber sido convocados a una reunión en el Ministerio de Salud y Desarrollo Social activaron la maquinaria para la desconcentración anticipada, que fue en subtes, trenes, a pie, con la asistencia de alguna camioneta de algún conocido o mediante un flete contratado especialmente para la ocasión. La partida rumbo a distritos de todo el conurbano bonaerense se impuso ayer con las primeras horas de sol tras la media sanción de la emergencia alimentaria en Diputados.

Las dos noches de fogatas, carpas y algún picado improvisado en plena 9 de Julio terminaron. Para desarmar todo el operativo y emprender el regreso a sus barrios, los manifestantes se valieron de una logística "rudimentaria", según describió Eduardo Belliboni, líder del Polo Obrero.

Para Silvia Saravia, referente de Barrios de Pie-Libres del Sur, la mayor parte del mecanismo fue "a pata". El desarme del acampe fue, sobre todo, en transporte público y circunstanciales accesorios, como las camionetas que se pudieron contratar, según contaron a LA NACION los dos líderes más visibles de la protesta que se instaló frente al ministerio que conduce Carolina Stanley.

"Es una logística muy rudimentaria. Para venir e irnos, con la SUBE en la mano. Nada de aparatos. Quiero dejar en claro que no hubo ningún micro, la gente se organiza por barrio y por regional. Se usan anafes y garrafas para cocinar. Siempre hay algún compañero que tiene una camioneta o un auto, y con algún flete se trasladan cosas de noche, para que la policía no las secuestre", afirmó Belliboni en diálogo telefónico con LA NACION, cuando del acampe solo quedaban los restos y mientras prepara el regreso al barrio Luz y Fuerza, en Burzaco, donde vive. Las carpas que ayer se desarmaron son de algunos manifestantes del Polo Obrero, o prestadas. "[La agrupación gremial] Tribuna Docente nos prestó carpas", precisó Belliboni.

Saravia también relató parte de la trastienda del cierre del acampe de su agrupación, que tiene similitudes con la logística "rudimentaria" que describe el referente del Polo Obrero. "Algunas cooperativas aportaron sus camionetas, pero la mayoría se llevó 'a pata' sus cosas. Quizás, algún flete para trasladar las ollas. A veces tenemos ayuda de organizaciones con más estructura. No hubo ni un micro, todo es por tren y subte. Cada uno se consigue sus carpas; la primera noche mucha gente durmió a la intemperie", explicó la coordinadora de Barrios de Pie-Libres del Sur. "Cada uno lo organiza en su núcleo de trabajo; lo que se coordina es cocinar en las ollas", agregó.

La mayor parte de los manifestantes que acamparon desde el miércoles por la tarde hasta ayer por la mañana en la 9 de Julio son del conurbano bonaerense. Las organizaciones que participaron de la protesta la replicaron en el interior del país y en ciudades bonaerenses importantes.

La permanencia frente al Ministerio de Salud y Desarrollo Social incluyó una lógica de relevos de manifestantes. "Mucha gente fue y vino. Participaron alrededor de 5000 personas, 2000 se quedaron la primera noche", indica Saravia al calcular los militantes de su sector que acamparon. "Desde el miércoles hasta hoy [por ayer] hubo rotación, estuvieron unas 10 mil personas", dijo Belliboni sobre el aporte del Polo Obrero.

El regreso hasta el conurbano es largo. "Algunos compañeros tienen que tomar tres o cuatro medios de transporte para volver, van a llegar a sus barrios después del mediodía. Si pudiéramos sacar un micro, lo sacaríamos", sostuvo Belliboni, que subrayó que "la gente vota en asamblea si va a venir o no". Y completó: "Tratamos de que nadie tome lista. Puede ocurrir que alguien haga eso, pero lo corregimos si alguien lo hace. Incluso hemos echado gente por prácticas por el estilo".

Según datos que brindaron a LA NACION desde el Ministerio de Ambiente y Espacio Público de la Ciudad de Buenos Aires, el acampe dejó, como una de sus consecuencias, gastos por $4.190.779 para el gobierno porteño, entre tareas de limpieza, parquización, reposición de baldosas y arreglos en la calle.

Caminatas por la 9 de Julio, subtes y trenes como medios para trasladarse, y el cansancio como un detonante del levantamiento anticipado de la protesta, combinado con el pedido de una reunión que no se concretó. Esos factores se mezclaron en el escenario del fin del acampe piquetero.

La medida se levantó antes de tiempo "más que nada por el cansancio, y porque esperábamos una reunión con el Gobierno, que no convocó; no tenía sentido estirarlo para cumplir las horas", dijo Belliboni. "Las 48 horas [de acampe] se cumplían después del mediodía. Es un gesto de buena voluntad haber levantado antes, para que se dé una reunión formal, una mesa de diálogo. El Gobierno solo nos llama cuando hacemos medidas", señaló Saravia, que cree que "el acampe fue un gran aporte" para que la emergencia alimentaria lograra avanzar.

No obstante, como Belliboni, consideró que el proyecto que obtuvo media sanción en la Cámara de Diputados es "insuficiente".