Ordenadores debajo del capó, el nuevo santo grial de los constructores

Julien GIRAULT
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Un modelo de la marca china Singulato Motor se exhibe durante el primer día de la 17ª feria internacional de la industria automotriz de Shangai, el 19 de abril de 2017

Un modelo de la marca china Singulato Motor se exhibe durante el primer día de la 17ª feria internacional de la industria automotriz de Shangai, el 19 de abril de 2017 (AFP | STR)

Los fabricantes de automóviles no han escatimado inversiones en "inteligencia artificial" para lograr coches que identifican el tráfico, obedecen a la voz o predicen obstáculos.

Antes del Salón de Shanghái de esta semana, Volkswagen ha inaugurado su coempresa con Mobvoi, empresa especializada en el reconocimiento vocal. El alemán invertirá 180 millones de dólares.

"¡Una alianza capital! Queremos mandos vocales que permitan hablar normalmente, para tocar una canción, regular la temperatura o seleccionar el itinerario" sin tener que aprender frases programadas, afirma, entusiasta, Jochem Heizmann, jefe de Volkswagen China.

Mobvoi asegura poder distinguir los innumerables acentos chinos y desarrolla un retrovisor "inteligente", con itinerarios y textos.

Los demás constructores no se quedan atrás. En 2015 Toyota anunció una inversión de 1.000 millones de dólares en inteligencia artificial, en Estados Unidos.

A finales de marzo, el fabricante japonés precisó que dedicaría también 35 millones de dólares a la elaboración de baterías "inteligentes" que regulan el consumo energético.

El estadounidense Ford prevé invertir 1.000 millones de dólares, a lo largo de cinco años, en la empresa de inteligencia artificial Argo.

El objetivo: un coche autónomo capaz de llevar a cabo acciones sin la intervención del conductor en algunos contextos, gracias a sensores y a programas informáticos muy potentes. Toyota ya presentó un prototipo en enero en el Salón de la Electrónica de Las Vegas.

"Estacionarse, parar en un atasco es muy aburrido, de ahí la utilidad de estas tecnologías", comenta Dietmar Voggenreiter, jefe de marketing de Audi.

La marca alemana se asoció en China con los gigantes de internet Tencent y Baidu para proponer coches hiperconectados con cartografía interactiva, que van indicando por el camino restaurantes, comercios y gasolineras.

- Garantía de seguridad -

Pero el desafío va más allá de las funciones de "comodidad".

"Un sistema predictivo que estudió su estilo de conducción ralentiza automáticamente el vehículo antes de un cruce, esto permite ahorrar consumo energético", afirma Peter Oberndorfer, jefe de comunicación de productos de Audi.

Sobre todo, la inteligencia artificial "hace que los coches sean más seguros" identificando los obstáculos (coches, peatones, animales...), insiste.

El coche del futuro sabrá anticipar una placa de hielo en una vuelta y el riesgo de pirateo desde el exterior es, según él, "extremadamente bajo".

Una mayor seguridad también es el argumento esgrimido por el sueco Volvo Cars, propiedad del chino Geely y pionero del coche autónomo.

"Los humanos son excelentes (...) pero el ordenador puede hacerlo mejor que las personas" a la hora de la toma de decisiones, declara a la AFP el jefe de Volvo, Hakan Samuelsson.

El ritmo se acelera: el constructor chino Changan, que el año pasado hizo rodar prototipos a lo largo de 2.000 km por montañas y túneles, anuncia una producción "masiva" de coches autónomos para 2025.

Y la firma china Nio prometió comercializar a partir de 2020 un vehículo eléctrico autónomo en Estados Unidos.

- El desafío de Baidu -

Siguiendo el ejemplo del estadounidense Google, el reto despierta interés entre los mastodontes de internet chinos. Baidu probó en Pekín su primer prototipo de coche sin conductor a finales de 2015 y LeEco apuesta por modelos similares.

Un interés lógico: los sistemas que integran interfaz y piloto automático "hacen que los vehículos parezcan teléfonos inteligentes u ordenadores", observa Sébastien Amichi, analista del gabinete Roland Berger.

Pero para los grupos de alta tecnología sigue siendo complicado dedicarse a la construcción, por lo que han decidido compartir conocimiento.

Baidu, el "Google chino", es consciente de esta necesidad. El miércoles reveló una ambiciosa "plataforma abierta", Apolo, donde compartirá su tecnología para automóvil autónomo con los constructores con el fin de que puedan desarrollar sus propios sistemas.

"Baidu considera que esto puede ser una tecnología 'exenta de derechos' que quiere extender a un máximo de constructores como el Android", el sistema de explotación para teléfono inteligente popularizado por Google y que hoy domina el mercado, explica James Chao, del gabinete IHS.

Una apuesta potencialmente muy rentable para Baidu, que lo ve como una ocasión de atraer a nuevos usuarios.

Pero también para ganar en eficacia: para que funcione, la inteligencia artificial necesita el mayor número posible de datos.