La orden católica que promete 100 millones de dólares para reparar a los descendientes de las personas que esclavizó en el pasado

Rachel L. Swarns
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En uno de los mayores esfuerzos por parte de una institución para reparar el daño provocado por la esclavitud, una conocida orden de sacerdotes católicos ha prometido recaudar 100 millones de dólares en beneficio de los descendientes de los esclavos que esta orden llegó a poseer, así como promover las iniciativas de reconciliación racial en Estados Unidos.

Un documento dentro de la iglesia de San Ignacio en Port Tobacco, Maryland, con la lista de los nombres de los esclavos vendidos por los jesuitas en 1838 para mantener a flote a la Universidad de Georgetown, el 3 de marzo de 2021. (Michael A. McCoy/The New York Times)
Un documento dentro de la iglesia de San Ignacio en Port Tobacco, Maryland, con la lista de los nombres de los esclavos vendidos por los jesuitas en 1838 para mantener a flote a la Universidad de Georgetown, el 3 de marzo de 2021. (Michael A. McCoy/The New York Times)

Las autoridades de la Iglesia y los historiadores afirmaron que esta iniciativa de los dirigentes del congreso jesuita de sacerdotes representa el esfuerzo más grande de la Iglesia Católica Romana para reparar los daños causados por la compra, venta y esclavización de personas de raza negra.

Este compromiso llega en un momento en que se está pidiendo la reparación de daños en el Congreso, los campus universitarios, los sótanos de las iglesias y los ayuntamientos, mientras que los dirigentes intentan hacerse cargo de las dolorosas secuelas de la segregación y el sistema de trabajos forzados del país.

“Esta es una buena oportunidad para que los jesuitas comiencen un proceso muy importante de verdad y reconciliación”, señaló el reverendo Timothy P. Kesicki, presidente de la Conferencia Jesuita de Canadá y Estados Unidos. “Han desempolvado esta vergonzosa historia de los esclavistas jesuitas en Estados Unidos y jamás volverá a estar oculta”.

El dinero recabado por los jesuitas se destinará a una fundación nueva, establecida en asociación con un grupo de descendientes de esclavos que presionaron para negociar con los jesuitas después de enterarse por medio de una serie de artículos de The New York Times que habían vendido a sus ancestros en 1838. La orden dependió del trabajo y la venta de esclavos durante más de un siglo para mantener al clero y ayudar a financiar la construcción y el funcionamiento cotidiano de las iglesias y las escuelas, dentro de las que se encontraba la primera institución católica de enseñanza superior del país, la universidad que ahora se conoce como la Universidad de Georgetown.

Kesicki mencionó que esta orden depositó 15 millones de dólares en un fideicomiso creado para apoyar a la fundación, cuya junta directiva incluirá a los representantes de otras instituciones con raíces en la esclavitud. Los jesuitas también han contratado los servicios de una empresa de recaudación de fondos con el fin de recabar el resto dentro de los próximos tres a cinco años, comentó.

Joseph Stewart, presidente provisional de la Fundación de Reconciliación y Verdad para los Descendientes de Esclavos, sostiene una cruz con algodón que recogió en Luisiana cuando era niño, en la iglesia católica de Santa Bernadette en Port St. Lucie, Florida, el 3 de marzo de 2021. (Saul Martinez/The New York Times)
Joseph Stewart, presidente provisional de la Fundación de Reconciliación y Verdad para los Descendientes de Esclavos, sostiene una cruz con algodón que recogió en Luisiana cuando era niño, en la iglesia católica de Santa Bernadette en Port St. Lucie, Florida, el 3 de marzo de 2021. (Saul Martinez/The New York Times)

El compromiso no alcanza a cumplir con los mil millones de dólares que los líderes de los descendientes de esclavos habían solicitado que recabaran los jesuitas. Kesicki y Joseph M. Stewart, el presidente provisional de esta fundación recién creada, la Fundación de Reconciliación y Verdad para los Descendientes de Esclavos, afirmaron que, a medida que avanza la organización, se mantenía el objetivo a largo plazo de apoyar a las instituciones y los proyectos orientados a la reconciliación racial.

“Ahora tenemos un camino hacia adelante que no se había recorrido con anterioridad”, comentó Stewart, un ejecutivo empresarial jubilado cuyos ancestros fueron vendidos en 1838 para ayudar a salvar de la ruina económica a la Universidad de Georgetown.

“Ellos no acudieron a nosotros, pero como nosotros nos dirigimos a ellos con los brazos y los corazones abiertos, respondieron bien”, comentó Stewart acerca de los jesuitas. “Han comprendido nuestro punto de vista”.

Los jesuitas y los líderes de los descendientes de esclavos mencionaron que aproximadamente la mitad del presupuesto anual de la fundación se distribuirá como donaciones a las organizaciones que participan en proyectos de reconciliación racial. Alrededor de una cuarta parte del presupuesto servirá para apoyar oportunidades de escolarización para los descendientes de esclavos con becas y subvenciones. Una cantidad más pequeña se destinará a las necesidades urgentes de los descendientes de esclavos de edad avanzada o enfermos.

Shelton J. Fabre, presidente del Comité Especial Contra el Racismo de la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos, calificó este plan como el “compromiso financiero más importante” de la Iglesia para “sanar las heridas” provocadas por su participación en la esclavitud.

Unos 5 mil descendientes identificados

Un grupo de genealogistas del Georgetown Memory Project, una organización sin fines de lucro, ha identificado a cerca de 5000 descendientes vivos de las personas esclavizadas por los jesuitas.

Craig Steven Wilder, historiador del Instituto Tecnológico de Massachusetts que ha escrito sobre las universidades, la Iglesia Católica y los esclavistas, calificó esta iniciativa como un primer paso importante. “Ejercerá una enorme presión sobre otras instituciones de Estados Unidos —iglesias y universidades— que comparten esta historia”, señaló Wilder.

La Universidad de Georgetown, fundada por los jesuitas, ha prometido recaudar alrededor de 400.000 dólares al año en beneficio de los descendientes de las personas esclavizadas por esa orden. Esta universidad, que cuenta con un puesto en la junta directiva de la fundación recién creada y que aportó un millón de dólares para ponerla en marcha, tiene planeado distribuir las primeras becas este año.

Esta no es la primera vez que los jesuitas afrontan su historia. En la década de 1960, con las ganancias procedentes de la venta de propiedades que habían sido parte de sus plantaciones, los jesuitas de Maryland crearon el Fondo Carroll para los estudiantes negros necesitados. Según los funcionarios, este fondo proporcionó a los estudiantes negros entre 15 y 25 millones de dólares en becas en escuelas jesuitas. Pero parte del dinero del fondo también se usó para otros objetivos que no estaban relacionados.

Algunos descendientes de esclavos temen que el nuevo plan —que fue elaborado a lo largo de tres años en una serie de reuniones privadas con representantes de los jesuitas, de la Universidad de Georgetown y tres líderes de descendientes de esclavos, Stewart, Cheryllyn Branche y Earl Williams padre— tampoco cumpla con las expectativas y observaron que la fundación fue creada sin la participación de la comunidad de descendientes en su conjunto.

Compromiso

Sandra Green Thomas, la presidenta fundadora de la Asociación de Descendientes de los 272 Esclavos Relacionados con la Universidad de Georgetown, consideró que este compromiso de 100 millones de dólares por parte de los jesuitas era “más de lo que alguna vez pensé que obtendríamos”.

“Pero lo que me preocupa es si esta fundación beneficiará a los descendientes de los esclavos o a quienes están a cargo de la fundación”, comentó, y manifestó su inquietud sobre los costos administrativos, como salarios y recaudación de fondos. “Si el dinero no se asigna a los descendientes, entonces en realidad no está reparando ningún daño. Necesitamos tener mayores detalles”.

A Richard J. Cellini, fundador del Georgetown Memory Project, le preocupaba que los líderes de los descendientes de esclavos hubieran aceptado un acuerdo de manera prematura, sin tener “una rendición de cuentas completa por parte de los jesuitas de Maryland acerca de las ganancias generadas por los esclavistas jesuitas durante casi 150 años”.

“Tenemos que ver los balances financieros, tanto los actuales como los antiguos”, comentó Cellini. “Hasta que sepamos el monto de la riqueza arrebatada a estas familias podremos evaluar si es adecuado el resarcimiento que les ofrecen”.

This article originally appeared in The New York Times.

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