Oppenheimer español: La FIFA y Catar ensuciaron la Copa Mundial

Las federaciones de fútbol de Estados Unidos y varios países europeos, así como algunas empresas multinacionales, merecen un aplauso por apoyar una petición de grupos de derechos humanos para que los organizadores de la Copa Mundial de Catar paguen $440 millones en compensación a los trabajadores migrantes que sufrieron abusos mientras construían los estadios del mundial.

Pero hay varios países —sobre todo latinoamericanos— y empresas hasta ahora no han apoyado esa petición, ni otras demandas separadas para que Catar deje de perseguir a su comunidad LGBTQ.

Hasta el 21 de noviembre, un día después del inicio de la Copa del Mundo en Catar, ni una sola federación latinoamericana de fútbol ni 10 de las 14 empresas multinacionales que patrocinaron el evento habían apoyado la petición de reparación a los trabajadores migrantes, me dijo una portavoz de Human Rights Watch (HRW).

Human Rights Watch, Amnistía Internacional y varios otros grupos de derechos humanos lanzaron una campaña hace seis meses para que Catar y la FIFA paguen reparaciones a los trabajadores migrantes que sufrieron abusos, o a sus familias. Cientos, sino miles, de trabajadores migrantes han muerto en Catar por trabajar bajo un clima extremadamente caluroso, o se les han negado los salarios que les habían prometido, dicen los grupos de derechos humanos.

“La FIFA indiscutiblemente contribuyó al abuso generalizado de los trabajadores migrantes”, dijo el secretario general de Amnistía Internacional, Agnés Callamard, en un comunicado.

Tamara Taraciuk, la subdirectora de las Américas de Human Rights Watch, me dijo que la cifra de $440 millones de las reparaciones “es una cantidad muy pequeña, si la comparamos con lo que la FIFA espera ganar en esta Copa del Mundo, que son unos $6,000 millones”.

Las federaciones de fútbol de EEUU, los Países Bajos, Inglaterra, Francia y Bélgica han apoyado esta petición. Pero solo cuatro empresas multinacionales —Adidas, Coca Cola, McDonald’s y Budweiser— respondieron positivamente a las cartas de Human Rights Watch a todos los patrocinadores de la Copa Mundial pidiendo su apoyo a la petición.

Otros 10 patrocinadores —Visa, Hyundai, Kia, Wanda Group, Qatar Energy, Qatar Airways, Vivo, Hisense, Mengniu, Crypto y Byju’s— no respondieron a la carta de HRW, me dijo Taraciuk.

Asimismo, hay que felicitar a las federaciones de fútbol de Inglaterra, Gales, Bélgica, Dinamarca, Alemania, los Países Bajos y Suiza, que se unieron para apoyar el uso de brazaletes multicolores de los capitanes de sus equipos como muestra de apoyo a los derechos de los homosexuales en Catar, donde la homosexualidad es un crimen.

Vergonzosamente, la FIFA amenazó con sancionar con tarjetas amarillas a los jugadores que llevaran estos brazaletes, lo que obligó a estos últimos a abandonar el plan.

El presidente de la FIFA, Gianni Infantino, acusó a los críticos de Catar y la FIFA de “hipocresía”, argumentando que muchos países europeos prohibían la homosexualidad hasta hace solo algunas décadas.

Pero esa es una falsa equivalencia. No se vale justificar la violación a los derechos humanos en Catar hoy comparándola con una situación que existía —y fue corregida— en Europa hace varias décadas.

Catar es una dictadura hereditaria sin elecciones libres, ni partidos políticos, ni una prensa crítica. Además de criminalizar la homosexualidad con penas de prisión de hasta tres años, continúa tolerando abusos contra sus trabajadores migrantes a pesar de recientes reformas laborales para evitarlos.

El reporte de Freedom House sobre las libertades en el mundo de 2022 clasifica a Catar como un país “no libre”. El emir “tiene toda la autoridad ejecutiva y legislativa y, en última instancia, también controla el poder judicial”, dice el informe.

Por supuesto, no es la primera vez que se lleva a cabo una Copa Mundial en un país autoritario. La copa tuvo lugar en 1978 en Argentina durante la dictadura militar de ese país, y en 2018 en Rusia.

Pero si normalizamos las decisiones de la FIFA de celebrar copas mundiales en países represivos, como Catar, será un gran revés para la causa de los derechos humanos y la democracia en el mundo. Disfrutemos del mundial, pero no dejemos que la FIFA vuelva a escoger sedes como Catar.