Los opioides como 'lean' impregnan el hip-hop, pero se minimizan los riesgos

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Nykerrius Williams conoce la estrecha relación entre el hip-hop y el consumo de opiáceos. Williams, de 27 años, rapero independiente de Gibsland, Louisiana, que se hace llamar Young Nyke, tomó pastillas de oxicodona por primera vez cuando tenía 16 años y ha continuado con los patrones de abuso de esas pastillas, así como de Lortabs, Xanax y jarabes para la tos con codeína, hasta hace poco. Para él, es parte del negocio.

"Si no estás rapeando sobre estar drogado, o si estás aquí en las calles vendiendo algunas drogas", dijo sobre su profesión, "no tienes nada de eso, nadie quiere escuchar de lo que estás hablando".

Esta instantánea de la vida en el hip-hop de Williams no parece muy diferente de la de músicos de otros géneros para los que la mezcla de drogas y adicción es un argumento recurrente, que se cobró la vida de artistas como Janis Joplin, encontrada muerta por una sobredosis de heroína en 1970, y el rapero DMX, fallecido en abril.

Pero el consumo de drogas en la comunidad del hip-hop tiene una presencia cada vez mayor que se entrelaza con la música, y que tiene consecuencias nefastas. Las pegadizas letras de las canciones sugieren que el consumo de opiáceos es parte integrante de la fama y la riqueza, un componente normal e inocuo de esa vida.

La cobertura del consumo de drogas duras en la comunidad suele centrarse en la tragedia que rodea a ciertos raperos populares, más que en las letras y la cultura que crean. Y aunque los expertos en salud pública se esfuerzan, por ejemplo, por criticar y restringir la promoción del vapeo entre los jóvenes, se presta poca atención a los peligrosos efectos que el hip-hop está teniendo en los oyentes vulnerables al normalizar el consumo de Percocets o de jarabe para la tos.

Desde grandes ciudades como Los Ángeles hasta pueblos rurales como Gibsland (de 878 habitantes), el consumo de opiáceos entre algunos oyentes jóvenes y esperanzados tiene que ver con emular la envidiable imagen de su estrella de rap favorita. Para otros, no se trata de la buena vida. Se trata de automedicación.

"Hablemos del dolor", dice Mikiel Muhammad, de 38 años, alias King Kong Gotcha, miembro del trío de rap The Opioid Era en Virginia. "El dolor es muy profundo. No tienen dinero para ir a ver a un psiquiatra, pero sí para ir a buscar un Perc-10. Tienen 10 o 15 dólares para eso", dijo Gotcha, refiriéndose al valor en la calle de una tableta de Percocet de 10 miligramos.

Según un informe de KFF de febrero, la ansiedad, la depresión y los pensamientos suicidas han aumentado entre los adultos jóvenes en el último año.

Artistas como Young Nyke se enfrentan a veces a la violencia vecinal y familiar, así como a la falta general de oportunidades y recursos en sus comunidades, circunstancias que se ven amplificadas por la pandemia del COVID-19. Las palabras poéticas que detallan la experiencia de los raperos ofrecen cierto apoyo. Pero estas frases también pueden estar cargadas.

No solo es preocupante el consumo de drogas, afirmó Naa-Solo Tettey, profesora asociada de salud pública en la William Paterson University en Wayne, Nueva Jersey. A menudo estas canciones promueven el consumo de opiáceos mientras se realizan actividades de alto riesgo, como el sexo sin protección o el exceso de velocidad, y, aunque ella es fan del hip-hop, "desde el punto de vista de la salud pública, es simplemente peligroso", dijo.

Esa toxicidad llega a poblaciones ya plagadas de ciclos perpetuos de pobreza, mala salud y menor esperanza de vida. Se necesitan "intervenciones culturalmente relevantes" para educar y concienciar al público de la música hip-hop que, según la investigación de Tettey, está compuesta principalmente por jóvenes de grupos "vulnerables y socialmente desfavorecidos".

Ha llegado el momento de girar la mirada crítica hacia cómo el mal uso de los opioides impregna las letras del hip-hop, creando una puerta de entrada para los jóvenes adultos afroamericanos a la epidemia de opioides en Estados Unidos, dijo Tettey.

En 2017 esa epidemia fue declarada emergencia nacional de salud pública, con más de 47 mil muertes por sobredosis relacionadas con los opioides. Los investigadores de los Centers for Disease Control and Prevention (CDC) afirman que las sobredosis de drogas fatales en todo el país han aumentado aproximadamente un 20 por ciento durante la pandemia del COVID-19, matando a más de 83 mil personas en 2020. Dentro de esta sombría estadística, la Substance Abuse and Mental Health Services Administration (SAMHSA) ha encontrado desigualdades.

Según un informe de 2020 de la Oficina de Igualdad en la Salud Conductual del Department of Health and Human Services y de la SAMHSA, la atención a esta crisis se ha centrado más en las comunidades suburbanas y rurales blancas, aunque las comunidades afroamericanas están experimentando aumentos drásticos similares en el uso indebido de opioides y en las muertes. El informe también descubrió que los opioides sintéticos, como el fentanilo, están afectando a las tasas de mortalidad por opioides entre la población afroamericana de forma más grave que en otras poblaciones.

Un trabajo de investigación de la revista SAGE de 2020 descubrió un gran aumento de las muertes por sobredosis de opioides con receta entre la población afroamericana. El documento también encontró que la tasa de muertes casi se triplicó entre 1999 y 2017. En febrero de 2018, el director general de salud pública de Estados Unidos tuiteó una advertencia de que las tendencias en el uso indebido de opioides "pueden ser un precursor de aun más muertes por sobredosis de opioides en la comunidad afroamericana en los próximos años".

"La industria de la música, lo único que hace es perpetuar lo que ocurre fuera", señaló Jarrell Gilliard, de 40 años, explicando la presencia de drogas farmacéuticas que ha encontrado y cómo se refleja en las letras populares. "Cómo bombean estas píldoras y todos estos medicamentos recetados a través de las calles. Una vez que las calles las tienen...", dijo Gilliard, cuyo alias en el hip-hop es Grunge Gallardo.

Grunge es también miembro de The Opioid Era, llamado así por sus imágenes y letras descarnadas y crudas. Canciones como "Suboxones", "Sackler Oath" y "Overdose", que inicia con una inquietante grabación al 911 de una mujer que pide frenéticamente ayuda para una, contrastan fuertemente con las melodías llenas de pastillas del hip-hop mainstream.

"Creo que eso es lo más peligroso", afirmó Richard Buskey, de 42 años, que completa el trío The Opioid Era como Ambassador Rick. "Es una desconexión entre los jóvenes y ellos mismos dándose cuenta de que están en la misma categoría de lo que considerarían un drogadicto o un adicto".

Tettey dijo que eso se debe, en parte, a que los artistas prevalecientes representan un estilo de vida que muchos adultos jóvenes quieren para sí mismos, lo que puede traducirse en modelar comportamientos como el consumo de opioides.

Patrick Williams, de 26 años, un rapero independiente de Orange, Texas, cuyo nombre artístico es PatvFoo, no es ajeno a la adicción.

Tenía 21 años cuando bebió por primera vez "lean", una bebida elaborada a partir de la mezcla de un jarabe para la tos de venta con receta que contiene el antihistamínico prometazina y el opiáceo codeína con soda, caramelos Jolly Rancher y hielo, servida en vasos de espuma de poliestireno doblados. "Hay una gran variedad de colores", dijo PatvFoo, refiriéndose a las distintas fórmulas de los jarabes para la tos con codeína. El jarabe morado es el más potente. PatvFoo conoció el lean a través de la escena del rap de Texas y de artistas como DJ Screw y luego se convirtió en consumidor.

"Al principio, el subidón es suave", dijo Stevie Jones, de 23 años, también conocido como Prophet J, un rapero independiente de Louisville, Kentucky. Tiene recuerdos similares a los de la primera vez que abusó de los jarabes de codeína. Él y sus amigos rociaron un poco en un blunt, el término de argot para referirse a un cigarro lleno de marihuana. "Solo hace que arda más despacio, para que te drogues un poco más, supongo", explicó Prophet J.

Las cosas pueden dar un mal giro rápidamente. Aunque el "lean" es uno de los opioides más débiles, los expertos afirman que es muy adictivo, y a menudo en poco tiempo. "El día que te quedas sin él te dan unos calambres de estómago muy fuertes. Sientes que tienes que vomitar todo el tiempo. Sudas. Es como si tuvieras una mala gripe", dijo PatvFoo.

Esa sensación de gripe es el síndrome de abstinencia de los opiáceos, según el doctor Edwin C. Chapman, ex alumno de la Facultad de Medicina de la Howard University que ha ejercido la medicina interna y de adicciones en Washington, D.C., durante más de 40 años. Los síntomas van desde el goteo de la nariz y los ojos hasta la diarrea, y normalmente pueden detenerse con un trago de jarabe para la tos o un lean, dijo.

Y hay una dura realidad en eso. Ya sean pastillas de Percocet o lean, "todo está en la misma categoría que la heroína y el fentanilo", explicó Chapman.

Pero saber que el consumo de opioides se promueve en la música popular fue una revelación para Chapman. "Esa no es la música que yo escucho", dijo el médico de 75 años. La comunidad médica, dijo, se ha centrado en frenar la prescripción excesiva de analgésicos. "Pero nunca se habla de ello ... de que se está promoviendo abiertamente a los jóvenes a través de la música o de los medios de comunicación".

De hecho, el abuso de lean, también conocido como "bebida púrpura" y "sizzurp", ha logrado evadir el foco regulatorio sin dejar de ser popular y reconocible, tanto que las empresas de vapeo distribuyeron e-líquidos con nicotina que se asemejaban a la bebida e incluso imitaron el término de argot "doble cup" en su etiquetado. Estos productos desencadenaron una campaña de la Food and Drug Administration (FDA) en 2019 contra los jugos para vapear. Sin embargo, las drogas en sí siguen bombeando por las calles, al igual que las letras del hip-hop.

Y esto ha alterado el mercado, llevándolo más allá de las opciones callejeras de heroína y opioides, comentó el artista del hip-hop Buskey. "Vivimos en una época en la que lo están sacando del botiquín".

Phillip Coleman, de 34 años, rapero de Rochester, Nueva York, que se hace llamar GodclouD, empezó a consumirla a los 15 años después de que le recetaran tabletas de cinco miligramos de Percocet tras la extracción de una muela del juicio. Esto le llevó a abusar de los analgésicos recetados, lo que le llevó a la cocaína y luego a una adicción a la heroína por la que terminó en la cárcel.

Afortunadamente, Coleman pudo superar sus adicciones en rehabilitación y volver a centrarse en la familia y la música. Advierte que las personas que compran Percocet u otras píldoras recetadas en la calle no tienen forma de saber si son legítimas o "solo fentanilo prensado". Señaló que la recompensa por la adicción a los opioides no es el estilo de vida de los ricos y famosos que uno ve retratado por algunos artistas del hip-hop. "No puedes intercambiar tus bolsas vacías como las tapas de las cajas y conseguir, digamos, una bicicleta o lo que sea. No consigues ningún sombrero, no consigues ningún botín de fentanilo", dijo riendo. "Simplemente te mueres".

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