Opinión: Así viví la ola de calor en China

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EN UN VIAJE POR EL EPICENTRO DEL CLIMA EXTREMO QUE ASOLÓ AL PAÍS EN EL VERANO OFRECIÓ PAISAJES DEVASTADOS Y CIUDADES PARALIZADAS.

SHANGHÁI — El mes pasado viajé con mi esposa y mi hija de cinco años para ir a acampar desde nuestra casa en el suroeste de China.

Nuestro destino era una región de la provincia de Sichuan en la que ríos de agua clara bajan de los Himalayas por entre valles estrechos antes de irrigar las fértiles tierras bajas que ayudan a alimentar al país más poblado del mundo. Mi hija, Evelyn, aprendió a nadar el año pasado y estábamos deseosos de zambullirnos en las frescas y espectaculares pozas de las montañas.

Lo que pasó más bien fue que nos encontramos con una prueba atroz de las consecuencias del cambio climático causadas por la histórica ola de calor en China este verano: paisajes devastados, ciudades paralizadas y poblaciones llevadas al extremo.

El año había sido alarmante en términos de clima global incluso antes de que China comenzara a calentarse en julio. Millones de personas en Estados Unidos, Europa, en el Sudeste Asiático y en otras regiones habían soportado temperaturas extremas. Incluso la famosa fresca y húmeda Inglaterra se asó este verano durante una ola de calor que los científicos consideran empeoró por causa del cambio climático.

Pero la ola de calor que afectó a China durante semanas fue desconcertante por su escala, duración e intensidad. De julio a agosto, rompió records de temperatura, secó ríos, marchitó cultivos, desató incendios y provocó muertes por golpes de calor. Es posible que haya sido la ola de calor más severa jamás registrada.

Y dejó en evidencia las temibles realidades sobre las expectativas de adaptación de la humanidad.

Con las temperaturas que alcanzaron los 45 grados Celsius, el uso de electricidad se disparó ya que cientos de millones de chinos encendieron sus aires acondicionados. Pero ¿de dónde venía la energía para usarlos? La severa sequía había evaporado los ríos de los que depende el país para obtener gran parte de su hidroelectricidad limpia, y eso limitó la producción.

China, una nación que emite más gases de efecto invernadero hacia la atmósfera que ningún otro país, se vio obligada a redoblar el uso de carbón, con sus emanaciones de carbono, para suplir las faltas de energía. La ola de calor creó un círculo vicioso que, si se replica en el futuro por todo el mundo durante eventos climáticos extremos, complicará profundamente los esfuerzos por combatir los peores efectos del cambio climático.

En Sichuan, los majestuosos y caudalosos ríos que anticipábamos, no estaban más: el clima seco y caliente los había reducido a un hilito de agua y las profundas pozas que habíamos escogido en internet tenían tan poca agua que apenas me llegaba a las rodillas. Tuvimos que dejar nuestras esperanzas de sentarnos alrededor de una fogata cada noche porque impusieron una prohibición para limitar el riesgo de incendios en un paisaje completamente seco.

Manejando de regreso al salir del relativo aire fresco de las montañas, nos enfrentamos con toda la fuerza de la ola de calor. Grandes extensiones de las tierras bajas en el centro, el sur y el sureste estaban sofocándose.

Recorrimos las zonas de cultivos usualmente verdes en camino a Chengdú, la capital provincial de Sichuan, y pasamos junto a miles de campos de maíz devastados y a filas de coches que circulaban a vuelta de rueda en dirección a las montañas. Con la producción de energía hidroeléctrica limitada, las autoridades impusieron apagones para ahorrar energía que provocaban que los negocios cerraran y que no funcionaran los aires acondicionados. Las personas estaban huyendo hacia tierras más altas, más frescas.

Las estaciones de metro estaban sin energía. De noche, los edificios estaban oscuros y el alumbrado público con la luz más tenue. Nos alejamos de las calles desiertas un día para refugiarnos en un centro comercial, con la esperanza de refrescarnos, pero las restricciones a la electricidad lo mantenían tan caliente y húmedo como el exterior.

Una ciudad de más de 20 millones de personas se había vuelto prácticamente inhabitable.

Chengdú no fue el único lugar. Por lo menos 262 estaciones meteorológicas a lo largo del país igualaron o superaron los récords de calor y los ríos, que son arterias importantes para el embarque y la transportación, se tornaron imposibles de navegar. Los niveles de agua del Yangtsé, el tercer río más largo del mundo, alcanzó niveles bajos históricos, tanto como seis metros por debajo de los promedios recientes.

Los pollos morían o batallaban por poner huevos, los cerdos tuvieron que ser rociados con agua por camiones de bomberos para mantenerlos frescos y los famosos pandas de Sichuan se recostaban sobre bloques de hielo. Las personas subían comida a sus departamentos usando cubetas amarradas con cuerdas porque los apagones inutilizaban los elevadores. Y algunos simplemente huyeron hacia túneles bajo tierra para mantenerse frescos.

Las personas en China se refieren a un trío de ciudades —Chongqing, Nankín y Wuhan— como los “tres hornos de China”, lugares que es mejor evitar durante los veranos sofocantes. Pero el tórrido verano de 2022 convirtió a la mitad de China en un horno gigante.

Aunque está situada en un clima costero mucho más moderado, Shanghái ofrecía poco alivio al volver a casa. La temperatura se había disparado en la ciudad más grande de China durante el verano, y en varias ocasiones rebasó los 37 grados Celsius y provocó que las autoridades emitiera múltiples alertas de seguridad pública por el calor extremo. Había poco que pudiéramos hacer salvo guarecernos en casa, encender el aire acondicionado a tope, lo que hicimos casi sin parar desde junio. He vivido en China desde hace varios años y cada verano parece que es peor que el anterior.

El gobierno chino ha advertido que la cosecha del otoño está en riesgo, lo que ha desatado temores porque la alta demanda de alimentos importados podría exacerbar una crisis alimentaria global. Y, de manera ominosa, la crisis energética que provocó la ola de calor ha generado declaraciones que piden que China ralentice su transición del carbón a energías renovables para mantener la economía funcionando.

Lo que sucedió en China este verano lo ha dejado claro: incluso con una acción global concertada y agresiva para limitar las emisiones de carbono, las cosas van a estar difíciles.

© 2022 The New York Times Company