Opinión: Mi vida está en manos de los jueces de Estados Unidos

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Mi vida está en manos de los jueces de Estados Unidos (Alex Schubert/The New York Times).
Mi vida está en manos de los jueces de Estados Unidos (Alex Schubert/The New York Times).

DURANTE DEMASIADO TIEMPO, LOS JUECES SE HAN PUESTO DEL LADO DE LAS EMPRESAS EN DETRIMENTO DE LOS TRABAJADORES. BIDEN TIENE QUE CAMBIAR ESO.

Los trabajadores están ejerciendo su poder colectivo en huelgas importantes, acciones en el lugar de trabajo y campañas de organización, mientras se ven obligados a librar las batallas que la fuerza laboral ganó hace décadas: sobre la seguridad ocupacional, la jornada de ocho horas, las vacaciones, la licencia por enfermedad, un salario digno, la atención sanitaria y la seguridad de la jubilación. Pero incluso cuando los trabajadores adquieren poder y lo ejercen, nos vemos impedidos por las leyes y los jueces que siempre están del lado de las empresas en lugar de los trabajadores.

Estados Unidos necesita más jueces que comprendan y apoyen los derechos de los trabajadores. Durante demasiado tiempo, los tribunales se han puesto del lado de las empresas en detrimento de la fuerza laboral, modificando de manera profunda y perniciosa las leyes, la vida y la libertad en Estados Unidos. En estos momentos, están haciendo su parte para destruir el ‘sueño americano’ (y el contrato social que ha estado en vigor desde la década de 1940), que le ofrece a la clase trabajadora una buena vida si labora 40 horas a la semana, los medios para disfrutarla en las horas libres y una jubilación segura.

En un claro ejemplo, el mes de octubre, un juez de Alabama les prohibió a los mineros protestar en un perímetro de 274 metros de las entradas de las minas, aunque las autoridades no hayan emitido cargos contra los conductores de los vehículos que arremetieron contra quienes se manifestaban en ejercicio de sus derechos. El mes pasado, en una violación más flagrante a la libertad de expresión, un juez de Iowa limitó el número de manifestantes del sindicato de trabajadores de la industria automotriz, United Auto Workers, que se encontraban afuera de una planta de ensamblaje de John Deere en Davenport a solo cuatro personas en cada entrada a la planta.

Este despojo generalizado de los derechos de los trabajadores se está produciendo a plena vista.

Con la ayuda de jueces conservadores, desde hace décadas y de manera sistemática, las empresas han debilitado las leyes laborales, lo cual deja a los trabajadores cada vez menos herramientas para hacer que sus jefes rindan cuentas. En los raros casos en que los trabajadores ganan juicios contra un mal jefe, los empleadores rara vez se enfrentan a algo más que una leve reprimenda.

Esto no sucedió por casualidad. Los presidentes republicanos han llenado los tribunales federales con jueces provenientes de facultades de derecho de élite, bufetes de abogados privilegiados y salas de juntas corporativas (en enero,más de una cuarta parte de todos los jueces federales en funciones fueron nombrados por Donald Trump). En consecuencia, la tasa de sentencias favorables a las corporaciones en los tribunales estadounidenses es muy elevada.

Esto aplica en especial a los casos que atiende la Corte Suprema, que se ha puesto del lado de la Cámara de Comercio el 70 por ciento de las veces desde 2006. Un estudio publicado en 2013 colocó al magistrado presidente John Roberts y a los magistrados Samuel Alito y Clarence Thomas entre los cinco miembros de este tribunal que más favorecen a las corporaciones desde 1946 y el índice de voto favorable a las empresas de su ala conservadora no hace más que aumentar. Según un informe reciente, la Suprema Corte decide más a favor de la Cámara de Comercio ahora que en ningún otro momento de la historia reciente.

Otros dos casos de este año demuestran de manera indiscutible cómo el cabildeo empresarial está utilizando los tribunales para debilitar los derechos de los trabajadores.

En junio, en el caso Cedar Point Nursery contra Hassid, la Corte Suprema colocó los derechos de propiedad por encima de los derechos de los trabajadores, al derogar una ley de California de 1975 que permitía a los organizadores sindicales hablar con los trabajadores agrícolas en los campos y viñedos. Esta ley había sido un logro fundamental para el movimiento obrero agrícola liderado por César Chávez y Dolores Huerta. En una muestra evidente de la hostilidad del tribunal hacia los derechos de los trabajadores, el magistrado presidente Roberts declaró que la ley de California les otorgaba a los organizadores sindicales el “derecho a invadir la propiedad de los productores agrícolas”.

En otro caso que se dictaminó en junio, Trinity Services Group contra la Junta Nacional de Relaciones Laborales, el Tribunal de Apelación del Distrito de Columbia dio a los empresarios carta blanca para engañar a sus empleados a fin de que voten en contra del sindicato, siempre que no hagan amenazas o promesas ni evoquen consecuencias futuras.

Como los jueces han creado lagunas y vacíos jurídicos en las leyes laborales a lo largo de los años, las empresas pueden intentar debilitar el poder colectivo de los trabajadores al obligarlos a asistir a “reuniones de público cautivo” antisindicales, y despiden a los trabajadores que organizan a sus colegas, además de difundir propaganda en contra de los sindicatos, entre otras técnicas intimidatorias para evitar que los empleados se organicen.

El Congreso redactó leyes laborales para fomentar la organización de los sindicatos y alentar la negociación colectiva, en reconocimiento de que los trabajadores son la base de nuestra economía y su poder colectivo puede frenar los abusos de las empresas. En la actualidad, el Congreso analiza una legislación de base para actualizar las leyes laborales obsoletas, violadas (y en algunos casos abiertamente sexistas y racistas) y otorgarles a los trabajadores una oportunidad justa de organizarse, negociar y exigir a los empleadores que rindan cuentas. Sin embargo, su promulgación no servirá de nada si los tribunales la desmantelan o no la aplican.

Esta no es solo una cuestión académica, ni siquiera una económica, suele ser una cuestión de vida o muerte. Antes de unirse a la Corte Suprema, Neil Gorsuch, como juez del Tribunal de Apelaciones del 10.º Circuito, votó para permitir el despido de un empleado que abandonó un camión de la empresa sin calefacción en una ventisca para evitar morir congelado. Este es solo un ejemplo de la insensibilidad judicial hacia los trabajadores que pone nuestros medios de subsistencia y nuestra vida en verdadero peligro.

El presidente Biden tiene una oportunidad de oro para nombrar jueces que hayan estado en las trincheras con los trabajadores, y que sepan que las leyes laborales fuertes y los contratos sindicales crean protecciones y derechos en el lugar de trabajo. Al nombrar a abogados sindicalistas y defensores de los trabajadores, puede ayudar a romper el ciclo de los tribunales que socavan nuestros derechos para beneficiar a sus amigos empresarios.

Los trabajadores han visto avances cuando los presidentes nombran a jueces que entienden en carne propia las injusticias. Jueces como Thurgood Marshall y Ruth Bader Ginsburg dedicaron sus carreras de abogacía a defender los derechos civiles y de la mujer y cambiaron nuestra nación para mejor desde el estrado. Durante casi cien años, hemos tenido leyes que protegen los derechos de los trabajadores, pero los trabajadores han aprendido que buscar justicia en los tribunales suele ser un ejercicio frustrante. Ningún trabajador será inmune a que se le arrebaten sus derechos mientras los jueces sigan poniéndose del lado de los empresarios sin chistar.

Ante la proximidad de las elecciones de mitad de mandato, es imperativo que la Casa Blanca actúe con rapidez para cubrir las vacantes en los tribunales mientras los demócratas mantienen la mayoría en el Senado para confirmar los nombramientos de Biden.

En este momento de histórica desigualdad económica, el presidente puede actuar con determinación para ayudar a los trabajadores a construir, y mantener, el poder.

Este artículo apareció originalmente en The New York Times.

© 2021 The New York Times Company

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