Opinión: Los 'verdes hostiles' están forzando a Exxon a enmendar el camino

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Desde la década de 1990, a menudo las empresas y los países productores de petróleo más sensatos se han acordado del viejo adagio de la industria petrolera: la Edad de Piedra no terminó porque nos hayamos quedado sin piedras; terminó porque inventamos las herramientas de bronce. Cuando lo hicimos, las herramientas de piedra perdieron su valor, aunque todavía quedaron bastantes en el suelo.

Y así sucederá con el petróleo: la era del petróleo terminará porque inventamos una tecnología superior que coexiste de manera armónica con la naturaleza. Cuando suceda, quedará bastante petróleo en el suelo.

Por lo tanto, los productores sensatos se dicen a sí mismos: tengamos cuidado, no apostemos la vitalidad de nuestras empresas, comunidades ni países a la suposición de que el petróleo será como el café Maxwell House —“Bueno hasta la última gota”— y se extraerá hasta el último pozo. ¿Te acuerdas de Kodak? Subestimó la velocidad con la fotografía digital iba a volver obsoletos los rollos fotográficos. No les fue bien a Kodak ni a Kodachrome.

Sin embargo, qué lástima, no todas las petroleras recibieron el mensaje.

¡Una de las más notorias por no haberlo recibido es la que en 2013 fue la empresa pública más grande del mundo! ExxonMobil. En la actualidad, ya no es la más grande. Como resultado de su modelo de negocios (meter la cabeza en los pozos petroleros y perforar y perforar porque todavía no alcanzamos un pico petrolero), el año pasado, Exxon perdió más de 20.000 millones de dólares, sufrió una degradación en su calificación crediticia, tal vez deba pedir prestados miles de millones de dólares tan solo para pagar su dividendo, ha visto cómo durante la última década el precio de sus acciones produjo un rendimiento de -30 por ciento y fue expulsada del promedio industrial Dow Jones.

Sin embargo, la semana pasada —por fin—, Exxon recibió el mensaje, en la forma de una revuelta de accionistas durante la que ha sido una de las semanas más relevantes en la historia de la industria del gas y el petróleo y el capitalismo de accionistas.

Desde hace tiempo he sostenido que, si los ambientalistas quieren tener un impacto en el clima, no pueden ser los “verdes amables”. Deben ser los “verdes hostiles”. Deben ser tan hostiles y despiadados, tan diligentes y vigilantes, como la industria que quieren cambiar.

Bien, la semana pasada, un pequeño fondo de cobertura llamado Engine No. 1 dio una clase magistral sin precedentes de cómo ser un verde hostil con las herramientas del capitalismo democrático. Engine No. 1, un fondo de inversión valiente y orientado hacia metas concretas, se dispuso a forzar a Exxon a mejorar sus rendimientos financieros poniendo mucho más énfasis en realizar una transición gradual —por medio de la innovación y las adquisiciones— para convertirse en una empresa energética, no solo una de petróleo y gas.

En la reunión anual de Exxon, Engine No. 1 ofreció una lista de cuatro nuevos miembros para el consejo de administración de Exxon, una empresa con un consejo de doce miembros. Los cuatro son la representación de una profunda experiencia en el sector energético y soluciones climáticas. La planilla se comprometió a presionar al gigante petrolero para que tenga una estrategia con la cual pueda lograr las cero emisiones para 2050, más inversiones en sistemas de energía limpia y una mayor transparencia en torno a la transición energética de Exxon, con métricas y objetivos parciales, así como con la divulgación de sus pagos y socios en el cabildeo, sospechosos de haber socavado el avance científico alrededor del cambio climático.

Y quién iba a pensar que la mitad de la planilla —Gregory Goff y Kaisa Hietala— fue electa de inmediato por un amplio margen y al menos otro miembro también podría serlo cuando ExxonMobil termine de contar los votos de su muy pero muy mal día.

Engine No. 1 tuvo éxito porque logró que tres de los cuatro fondos de pensiones más grandes de Estados Unidos —hartos de la incesante destrucción del valor de Exxon— votaran por sus nominados. Estamos hablando del Sistema de Jubilación de los Empleados Públicos de California, el Sistema de Jubilación de Maestros del Estado de California y el Fondo Común de Retiro del estado de Nueva York. Asimismo, tres de los gestores de fondos más grandes del mundo —Vanguard, State Street y Black Rock, los cuales poseen más de una quinta parte de la participación de Exxon— votaron por una parte de la planilla disidente.

Además, si llevas registro del marcador en casa —en tu tarjeta de puntuación de la Edad de Piedra que termina antes de que se nos acaben las piedras—, el mismo día que Engine No. 1 logró que ingresaran al menos dos expertos en clima y energía al consejo de Exxon, Barron’s informó: “Un tribunal neerlandés le ordenó al gigante europeo Royal Dutch Shell que redujera sus emisiones de carbono un 45 por ciento neto para 2030. Y, en la reunión anual de Chevron, los accionistas respaldaron una propuesta no vinculante para pedirle a la empresa que recorte las emisiones de carbono que genera el uso de sus productos”.

Engine No. 1 y sus aliados no están jugando, y por una buena razón. Como lo informó CNN unos días antes, al citar un estudio que acababa de publicar la Universidad de Harvard: “Durante décadas, ExxonMobil ha desplegado propaganda parecida a la de las grandes empresas de tabaco para minimizar la gravedad de la crisis climática”.

“El estudio utilizó aprendizaje automático y algoritmos para descubrir tendencias en más de 200 documentos públicos e internos de Exxon entre 1972 y 2019”, según CNN, la cual citó esta oración del estudio: “Estos patrones se parecen a la estrategia documentada de la industria del tabaco para alejar la responsabilidad de las corporaciones —las cuales vendían conscientemente un producto mortal mientras negaban los daños que provocaba— y acercarla a los consumidores”.

El consejo que tenía Exxon era digno de atención por una cosa: además del director ejecutivo, tenía un miembro —nombrado apenas este año— a quien yo llamaría experto en energía y ninguno empapado en experiencia climática que pudiera ayudar a la empresa a adaptarse.

Los dos nuevos consejeros en definitiva ayudarán, pero si llega el tercero —el conservacionista Andy Karsner—, de verdad se podrían sacudir las cosas. Según Exxon, los resultados de la votación son demasiado cerrados como para decir que son definitivos y necesita más tiempo para certificar que Karsner obtuvo un lugar.

Bloomberg informó: “La mañana de la votación —e incluso durante una pausa no programada de una hora que ocurrió en la reunión virtual—, Exxon les llamó a los inversionistas para pedirles que reconsideraran sus votos, según varias de las personas que recibieron las llamadas. Algunas personas declararon que el último intento de persuasión y el alto en la reunión les parecieron poco ortodoxos y problemáticos”.

La primera vez que conocí y respeté a Karsner fue tras verlo en acción en 2007, cuando era subsecretario de Energía del gobierno de George W. Bush. Karsner supervisó los programas de ciencia aplicada de los Laboratorios Nacionales de Estados Unidos y negoció el reingreso de Estados Unidos en la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático en el congreso de Bali, lo cual tendió el camino para el Acuerdo de París. Antes de eso, Karsner construyó plantas eléctricas en Pakistán y plantas solares en Marruecos.

Karsner ha sido miembro de muchos años en el consejo de Conservación Internacional, como lo fue mi esposa. Para dejar todo en claro, acepto que ahora Karsner y yo somos amigos, pero su experiencia y visión son su carta de recomendación. Si en la enciclopedia hubiera una fotografía de un “verde hostil”, sería la de Karsner: duro como el acero y verde como el pasto.

Karsner, los otros nominados de Engine No. 1 y Engine No. 1 mismo buscan fortalecer a Exxon, no destruirla. La consideran una de las colecciones más grandes de talento científico e ingenieril. Reciben con los brazos abiertos el entusiasmo repentino de Exxon a la idea de crear un centro privado y público de captura de carbono de 100.000 millones de dólares a lo largo del canal de navegación de Houston para capturar el dióxido de carbono que calienta al planeta. También saben que la demanda de petróleo y gas para el transporte, la generación de energía y los plásticos no desaparecerá de la noche a la mañana. Si se administra con sensatez, habrá dinero de por medio.

Sin embargo, en un mundo en el que Ford acaba de develar una versión completamente eléctrica de su camioneta pickup F-150 de cuatro puertas, uno de sus vehículos más vendidos, y asegura que prevé que los autos y camiones eléctricos representarán el 40 por ciento de su producción para finales de la década, estos actores creen que Exxon debe dejar de apostar al regreso de la época dorada de las ganancias en el petróleo y el gas y empezar a convertirse en una empresa energética más diversificada. Esto quiere decir no solo invertir más en la captura futura del carbono, las baterías y otras energías renovables, sino también usar su pericia ingenieril para inventar ese futuro… mientras haya un flujo de ingresos del petróleo y el gas.

Todo mundo sabe que no será sencillo. Generar el tipo de ganancias que alguna vez acumuló Exxon del petróleo y el gas será muy pero muy difícil como una empresa energética más diversificada. Sin embargo, es mejor que volverse un fósil corporativo por apostar todo a los combustibles fósiles, cada vez más improductivos, obsoletos y dañinos.

This article originally appeared in The New York Times.

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