Opinión: ¡Vacunen al mundo! Es la mejor inversión de la historia

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Ampolletas de la vacuna Sputnik V en una línea de producción en San Petersburgo, Rusia, el 17 de febrero de 2021. (Emile Ducke/The New York Times)
Ampolletas de la vacuna Sputnik V en una línea de producción en San Petersburgo, Rusia, el 17 de febrero de 2021. (Emile Ducke/The New York Times)

Empecemos con una pregunta rápida: ¿cuál es el retorno de inversión más alto en el que pueden pensar? ¿El capital privado? ¿Un fondo de cobertura?

He aquí algo con una rentabilidad mucho mayor: una campaña mundial para vacunar contra la COVID-19 a la población de los países pobres.

Hasta ahora, Estados Unidos y otros países “líderes” del Grupo de los Siete no han mostrado un verdadero liderazgo en la lucha contra la pandemia a nivel mundial. El nacionalismo estadounidense en materia de vacunas significa que estamos acaparando tanto las vacunas como las materias primas para fabricarlas, de manera que se producen muertes innecesarias en el extranjero y también socavamos nuestra propia recuperación.

“Es un enorme fracaso moral del G7”, dijo Esther Duflo, economista del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) y Premio Nobel de Economía. “Estamos tan centrados en nuestros propios problemas que no podemos ver más allá”.

Abhijit Banerjee, su marido y también Premio Nobel de Economía del MIT, añadió que, debido a los riesgos de las variantes que surgen de los países pobres, “no solo es un gran fracaso, sino que creo repercutirá en nosotros”.

Por supuesto, no se trata nada más de dinero. Se trata de vidas. Se trata de la trayectoria de la humanidad. Pero para aquellos que sopesan los costos para orientar su brújula moral, un nuevo documento del Fondo Monetario Internacional ofrece cifras que subrayan la importancia de invertir en vacunas mundiales.

El FMI calcula que una inversión urgente de los países ricos de 50.000 millones de dólares —¡ahora!— para vacunar a la población de los países pobres, supondría un asombroso crecimiento económico adicional de 9 billones de dólares en 2025, si se controla antes la pandemia.

Según los expertos con los que hablé, esto supondría un rendimiento de alrededor del 267 por ciento anual en cuatro años. Por el contrario, un estudio de la Universidad de Oxford reveló que el rendimiento promedio de los fondos de capital privado es de solo el 11 por ciento anual.

Kristalina Georgieva, directora gerente del FMI, afirma que esta inversión en la vacunación mundial sería quizá “el retorno de inversión pública más alto en la historia moderna”. El objetivo es vacunar a por lo menos el 40 por ciento de la población mundial para finales de este año y al menos el 60 por ciento para el primer semestre de 2022.

A los países ricos les iría tan bien en términos económicos con una campaña de vacunación mundial que frenara la pandemia que generarían un billón de dólares más en ingresos tributarios, calculó el FMI. En resumen, esta iniciativa de vacunación se amortizaría muchas veces tan solo con los ingresos fiscales adicionales.

Lo que está en juego es el bienestar de nuestra especie. Durante décadas, los seres humanos gozaron de un progreso notable contra la pobreza extrema, el analfabetismo, las enfermedades, la ceguera y el hambre. Pero a causa del coronavirus, hemos retrocedido. Cuando el virus hace estragos en un país de bajos ingresos, a las jóvenes se les saca de la escuela y se les casa. Los suplementos de vitamina A pueden omitirse, lo cual provoca carencias de micronutrientes que conducen a más ceguera y muerte. No se desparasita a los niños, lo que ocasiona que lo que comen alimente a los parásitos en lugar de a sus cuerpos y cerebros, dejándolos anémicos y desnutridos. Las mujeres no pueden obtener anticonceptivos ni atención materna, por lo que algunas mueren en el parto o sufren fístulas, lesiones internas causadas por el parto.

Todo esto amenaza con magnificar la desigualdad en el mundo.

“Un pequeño grupo de países que fabrican y compran la mayoría de las vacunas del mundo controlan el destino del resto del mundo”, señaló Tedros Adhanom Ghebreyesus, director general de la Organización Mundial de la Salud. “La actual crisis de vacunas es una desigualdad escandalosa que está perpetuando la pandemia. Más del 75 por ciento de todas las vacunas se han administrado tan solo en 10 países”.

Menos del uno por ciento de la población de países como Zambia, Sudán y Tayikistán ha recibido una sola vacuna.

Por supuesto, es comprensible que los líderes nacionales quieran dar prioridad a sus propios ciudadanos. Pero a medida que aumentan las reservas, tenemos que dar un giro para luchar contra el coronavirus en todo el mundo, no solo porque es lo correcto, sino también porque nos interesa a nivel nacional.

El virus que ignoramos en Zambia puede incubar un virus que nos ataque a nosotros. También tenemos la oportunidad de utilizar esta iniciativa de la vacuna para reconstruir la buena voluntad y el poder blando que se desgastó durante la presidencia de Donald Trump y algo de eso puede ayudarnos a avanzar en la próxima conferencia de la ONU sobre el cambio climático en noviembre.

He de decir que francamente estoy algo escéptico con respecto a las cifras del FMI, porque implican conjeturas difíciles y la vacunación en los países pobres es un proceso tenso. Covax, el esfuerzo internacional en materia de vacunas, trabaja de manera heroica en lugares difíciles en los que el progreso es penoso. Por ejemplo, Sudán del Sur dejó caducar unas 59.000 dosis de vacunas antes de poder utilizarlas.

Pero incluso si las estimaciones del FMI sobre los beneficios están equivocadas en un orden de magnitud, de modo que la ganancia es solo de 900.000 millones de dólares en lugar de 9 billones, estamos hablando de un extraordinario rendimiento de 18 veces para una inversión de 50.000 millones de dólares. El Occidente no puede permitirse no hacerlo.

Esta es una oportunidad para que el presidente Joe Biden dé un paso al frente y reafirme el liderazgo de Estados Unidos en el G7 de una manera que beneficie a todo el mundo y también salvaguarde la economía estadounidense.

“Sabemos cómo acabar con esta pandemia”, comentó Seth Berkley, director ejecutivo de Gavi, la Alianza para las Vacunas. “Sería casi criminal no darnos la oportunidad de cumplir nuestra misión”.

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This article originally appeared in The New York Times.

© 2021 The New York Times Company

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