Opinión: ¿Qué le sucede a tu salud mental cuándo no puedes pagar el alquiler?

Jason Cherkis
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VARIAS INVESTIGACIONES SUGIEREN QUE AUMENTAR EL SALARIO MÍNIMO PODRÍA AYUDAR A REDUCIR LAS TASAS DE SUICIDIO.

Casi todas las semanas durante los últimos dos años, he conversado por teléfono con un director de prevención del suicidio de un enorme sistema de salud en Estados Unidos, para revisar casos de suicidios. De los fallecidos, examinamos sus datos demográficos, diagnósticos psiquiátricos, la manera en que murieron por suicidio y todas sus interacciones con el sistema de salud mental, desde admisiones clínicas hasta las últimas notas de sus sesiones finales de terapia.

Es una investigación agotadora y deprimente para un libro que estoy escribiendo sobre el suicidio. Los expedientes de algunas personas están llenos de inasistencias a citas o visitas sin cita previa para renovar recetas de medicamentos. Otros contienen información de hospitalizaciones y llamadas de emergencia.

Con el tiempo, me he dado cuenta de lo irrelevantes que son las etiquetas diagnósticas como “trastorno bipolar” y “depresión severa” para comprender las muertes por suicidio. Noté que, con demasiada frecuencia, los problemas de estos pacientes comenzaron con un trauma infantil y terminaron con privación económica. Una persona que luego terminaría suicidándose, le dijo a su terapeuta que vendía sus joyas para poder llegar a fin de mes. Otro le preguntó a su terapeuta cómo conseguir un sofá para su apartamento. Muchísimas personas que murieron por suicidio no solo estaban hambrientas de atención terapéutica, sino que literalmente estaban pasando hambre.

No existe una única causa para el suicidio. Pero las investigaciones muestran que existe una conexión entre la capacidad de las personas para pagar el alquiler cada mes y su salud mental.

Mientras los políticos debatían sobre aumentar el salario mínimo federal a 15 dólares por hora, yo pensaba en las muertes que estaba investigando. Hay un argumento moral que los demócratas deberían proponer, pero no lo hacen. Además de incrementar la movilidad social y combatir la desigualdad, aumentar el salario mínimo tiene el potencial de reducir la tasa de suicidios del país. La pandemia del COVID-19 ha generado preocupaciones sobre una futura crisis de salud mental, por lo que el aumento salarial debería considerarse no solo como una acertada medida económica sino también como una política crucial de salud mental.

En su libro “Deaths of Despair and the Future of Capitalism” (“Muertes desesperadas y el futuro del capitalismo”), Anne Case y Angus Deaton, economistas de la Universidad de Princeton, descubrieron que las personas graduadas del bachillerato o un nivel menor de educación —un grupo que tiene más probabilidades de tener empleos de salario mínimo que las personas con mayor nivel educativo— no solo están ganando menos dinero que los graduados universitarios sino que también tienen menos probabilidades de casarse y conseguir apoyo en una iglesia o un sindicato. Además, son más propensas a expresar sentirse decepcionadas por el rumbo que han tomado sus vidas.

Case y Deaton respaldan específicamente el aumento del salario mínimo a 15 dólares por hora como una manera de ayudar a combatir esa desesperación. Aunque reconocen que eso tal vez no solucione el aislamiento social de los desempleados o las perspectivas profesionales generales de aquellos que solo se graduaron del bachillerato, los sueldos más altos pueden ayudar a quienes se encuentran en el fondo de la escala de ingresos, al proporcionarles una red de seguridad más sólida. “La pérdida de buenos empleos para los estadounidenses con menos educación no solo está perjudicando a quienes reciben el impacto directo sino también a otros, a través de la devastación de muchas comunidades y la destrucción de un estilo de vida”, escriben.

Quizá no se necesite mucho para comenzar a revertir esa tendencia a la desesperación. El año pasado, investigadores de la Universidad Emory publicaron hallazgos que sugirieron que si Estados Unidos aumentaba su salario mínimo tan solo un dólar por hora, la tasa de suicidios podría reducirse entre un 3,4 por ciento y cerca de un 6 por ciento entre adultos con educación secundaria o menos, el grupo de riesgo clave. Los resultados son especialmente relevantes durante la pandemia: según los investigadores, los efectos “parecen mayores durante los periodos de alto desempleo”.

Aunque es difícil demostrar de manera definitiva que un salario mínimo más alto reduciría las muertes por suicidio, los resultados de la Universidad Emory respaldan investigaciones anteriores con conclusiones similares. Un aumento del 10 por ciento en el salario mínimo podría reducir los suicidios no relacionados con drogas entre adultos con educación limitada en un 2,7 por ciento, según un documento de trabajo de 2019 del Buró Nacional de Investigación Económica. En otro estudio de 2019, investigadores de la Universidad de Carolina del Norte en Chapel Hill informaron que un incremento de 1 dólar por hora podría haber derivado en aproximadamente 8000 suicidios menos entre 2006 y 2016.

La asociación entre salarios mínimos más altos y menos suicidios podría deberse en parte a la reducción de dificultades financieras que se sabe causan un estrés significativo. Oscar Jiménez-Solomon, investigador del Instituto Psiquiátrico del Estado de Nueva York y del Centro de Pobreza y Política Social (CPSP, por su sigla en inglés) de la Universidad de Columbia, afirmó que los sueldos bajos pueden traer como resultado la incapacidad de satisfacer necesidades básicas, pagar deudas y hacer planes. “Estas condiciones pueden hacer que una persona se sienta completamente bajo asedio, llena de vergüenza y desesperanza y, en última instancia, vulnerable a pensar que no hay salida”, dijo. “Los aumentos del salario mínimo pueden salvar vidas”.

Disminuir el estrés financiero del hogar también podría fortalecer la salud mental dentro de las familias. De 2005 a 2010, Carolina Hausmann-Stabile, profesora adjunta de trabajo social en Bryn Mawr College, entrevistó a niñas de 11 a 18 años en la ciudad de Nueva York que estaban recibiendo servicios de salud mental tras intentos de suicidio. Su trabajo mostró cómo las niñas de familias inmigrantes se veían afectadas por el estrés financiero y los padres ausentes que tenían más de un trabajo.

“El tema de la desigualdad y la pobreza fue algo que erosionó el bienestar de sus familias de una manera que impactó directamente el bienestar de las niñas y trajo como resultado comportamientos suicidas”, me dijo Hausmann-Stabile. Muchas de las niñas a las que entrevistó dijeron que sentían que eran una carga o que sus futuros estaban condenados a la rutina desgastante del salario mínimo, aunque soñaran con metas más grandes.

Los empleos de salario mínimo suelen ser los primeros empleos de las personas o trabajos de último recurso. El Congreso debe entender que aumentar el salario mínimo se trata de algo más que darles a estos trabajadores un pago ligeramente mejor. Significa mejorar la salud mental nacional y enviar el mensaje claro de que la vida de los trabajadores con salarios bajos es valiosa.

This article originally appeared in The New York Times.

© 2021 The New York Times Company