Opinión: No, no sabemos si las vacunas te cambian el periodo

Alice Lu-Culligan y Randi Hutter Epstein
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No, no sabemos si las vacunas te cambian el periodo (Franziska Barczyk/The New York Times).
No, no sabemos si las vacunas te cambian el periodo (Franziska Barczyk/The New York Times).

SÍ SABEMOS QUE LOS INVESTIGADORES NO ESTUDIAN SUFICIENTE LA MENSTRUACIÓN.

Se necesitó una pandemia para que la gente hablara de la menstruación.

Una avalancha de testimonios de mujeres sobre los cambios que tuvieron en sus periodos después de haberse vacunado contra la COVID-19 ha dejado a muchas otras preocupadas de que la inyección afecte su ciclo.

Hasta ahora, no hay datos que vinculen a las vacunas con cambios en la menstruación. Aunque hubiera una conexión, un periodo inusual no es causa de alarma. Hay una larga lista de detonadores que pueden provocar cambios en el ciclo menstrual, entre ellos el estrés, algunas enfermedades y los cambios en la dieta y la actividad física.

Sin embargo, ha surgido una pregunta: si tantas cosas pueden afectar los periodos, ¿por qué no sabemos más sobre el impacto de estas vacunas —o de cualquier otra— en la menstruación? Es parte de una larga tradición en la que la medicina no toma en serio los cuerpos de las mujeres.

Los estudios clínicos deberían monitorear y documentar los cambios menstruales como lo hacen con otros posibles efectos secundarios. Al igual que las fiebres reportadas después de la vacunación, un cambio temporal en el periodo de alguien tal vez no sea malo para la salud general ni tenga ningún efecto duradero, pero sigue sirviendo de información.

Un inesperado efecto secundario como un periodo inusualmente abundante puede provocar miedo y socavar la confianza pública en las vacunas. Esto es de una importancia especial ahora, cuando el fin de la pandemia requiere una aceptación generalizada de la vacuna contra la COVID-19.

A muchas personas con periodos regulares les sirven sus sangrados mensuales como indicador de su estado general de salud. Los cambios en su ciclo normal pueden provocar una inquietud particular tras los falsos rumores de posible infertilidad a causa de las vacunas, así como la noticia de unos extraños coágulos de sangre que podrían estar vinculados con la vacuna de Johnson & Johnson.

Hay muchas razones para explicar cómo la vacunación podría alterar la menstruación. Como mucha gente se entera en las clases de educación sexual o justo antes de la pubertad, el ciclo menstrual es la explosión y la caída exquisitamente programadas de una serie de hormonas, que incluyen el estrógeno y la progesterona, a manera de preparación para un posible embarazo.

Todos los meses, se engrosa la pared del útero, a causa de un aumento constante de estrógeno, para que se pueda implantar un óvulo fertilizado. Si no hay concepción, se desploman los niveles de progesterona, lo cual provoca que la mayoría de la capa uterina se desprenda y cause el sangrado.

No obstante, los periodos también involucran al sistema inmunitario. Diferentes equipos de células inmunitarias facilitan tanto el engrosamiento como el adelgazamiento del revestimiento uterino, así como señales de movimiento al interior y al exterior del tracto reproductivo; una ola sirve para construir, las otras, para desmantelar. Parte del proceso de muda de este revestimiento durante la menstruación es una respuesta inflamatoria, por eso las mujeres suelen experimentar cólicos y dolor durante esta etapa.

Debido a que el ciclo se apoya en el sistema inmunitario a cada paso, es posible que las vacunas, diseñadas para iniciar una respuesta inmunitaria, puedan cambiar de manera temporal el desarrollo normal de los acontecimientos. Por ejemplo, un sistema inmunitario activado podría interferir con el equilibrio usual de las células y las moléculas inmunitarias en el útero. En estudios, se ha encontrado que este tipo de alteraciones contribuyen a cambios en los periodos, entre ellos los flujos menstruales abundantes.

Sin embargo, nadie puede estar seguro de que esto pueda explicar las posibles alteraciones en el ciclo menstrual tras recibir la vacuna. Para saberlo, necesitaríamos un estudio controlado con un grupo placebo. Los estudios clínicos, entre ellos los realizados para las vacunas, suelen omitir el monitoreo de los ciclos menstruales, así que no tenemos la evidencia necesaria para contextualizar estos testimonios (se debe señalar que pocos mamíferos menstrúan, por eso es más difícil estudiar el fenómeno en animales).

“No sabemos lo suficiente sobre la menstruación”, opinó Hugh Taylor, presidente del departamento de obstetricia, ginecología y ciencias reproductivas de la Escuela de Medicina de Yale. “Es un indicador importante de la salud de una persona, como cualquier otra función corporal”.

Durante gran parte de la historia de la medicina moderna, las mujeres no eran incluidas en los ensayos médicos a causa de sus periodos o porque podían estar embarazadas. A los investigadores les preocupaba que la fluctuación de hormonas agregara demasiadas variables y frustrara sus estudios. En esencia, creían que el cuerpo femenino iba a arruinar la investigación. En 1993, una ley federal obligó la inclusión de las mujeres en los ensayos que usaran financiamiento gubernamental porque, como lo denunciaron los activistas, se sabía demasiado poco sobre el impacto de los nuevos fármacos y tratamientos en la salud de las mujeres.

Incluso en la actualidad, la investigación en torno a la menstruación tiende a enfocarse en la fertilidad o la anticoncepción. Por lo demás, los periodos han sido considerados una inconveniencia. Ahora, los investigadores incluyen de forma rutinaria a mujeres en estudios clínicos, pero a menudo pasan por alto las preguntas sobre los ciclos menstruales a menos que ese sea el objetivo del estudio.

En vez de tratar los ciclos menstruales como un asunto sin importancia o demasiado complicado, los investigadores deberían considerar el monitoreo de los periodos en estudios futuros como una oportunidad potencial. Ese tipo de trabajo podría ayudarnos a entender mejor las distintas formas en que las mujeres responden a muchos padecimientos, tratamientos e intervenciones, no solo los que rodean a la COVID-19. También podría aportar información a nuestro manejo de trastornos que han sido ignorados durante mucho tiempo y se sabe que reciben el impacto del ciclo menstrual, como la endometriosis.

Por ahora, los científicos siguen sin saber mucho sobre la salud de las mujeres. No obstante, ha comenzado una conversación, gracias a las mujeres que han compartido abiertamente sus inquietudes. Tomemos más en serio la menstruación.

This article originally appeared in The New York Times.

© 2021 The New York Times Company