Opinión: ¿Qué sabe la policía sobre los adolescentes? No lo suficiente

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El día que Brian Lowe asistió a una sesión de capacitación para los policías con el objetivo de comprender las mentes de los adolescentes, supo que su trabajo nunca iba a ser el mismo.

Lowe, teniente de la oficina del alguacil en el condado de Tippecanoe, Indiana, de inmediato recordó algunos de los encuentros que tuvo con jóvenes en el pasado: los adolescentes que había esposado por entrar en un parque cerrado en la mitad de la noche para estar con sus amigos, los estudiantes que había arrestado por robar un sándwich de la cafetería. Como a la mayoría de los policías del país, le habían enseñado a actuar como un responsable del cumplimiento de la ley, con la idea de que los adolescentes no debían ser exculpados de algo que a un adulto sí se le habría acusado.

Sin embargo, en la sesión de capacitación, “Patrullar el cerebro adolescente”, Lowe conoció cuáles son todas las formas en las que los adolescente son distintos de los adultos. Por ejemplo, debido a que su corteza prefrontal está menos desarrollada —la parte del cerebro encargada de resolver problemas y controlar las conductas irracionales— y están fluyendo las hormonas de la pubertad en su interior, no siempre están a cargo de sus acciones. Los niños que han sufrido violencia u otros traumas son todavía más propensos a ser inestables a nivel emocional cuando están bajo estrés.

La mayoría de los policías nunca aprende esto. “En la academia de policía, no me dieron ni un minuto de capacitación para saber cómo lidiar con los jóvenes”, comentó Lowe.

Según Matthew Aalsma, psicólogo e instructor del programa, cuando los policías interactúan con adolescentes, tienden a suponer que el joven será descarado e irrespetuoso y probablemente reaccionará de manera emocional. Aalsma mencionó que el programa les enseña a los policías que “en realidad es un comportamiento apropiado para su nivel de desarrollo”.

En los últimos ocho años, el condado de Tippecanoe, donde se encuentran las ciudades de Lafayette y West Lafayette, así como la Universidad Purdue, ha puesto a casi todos sus 400 elementos a cursar la capacitación, entre ellos los agentes de recursos escolares que están de base en las escuelas (Lowe tomó la clase a finales de 2013 y ahora les enseña a los demás). Unas 60 personas de los departamentos de otros condados también han tomado el curso.

En Tippecanoe, el curso ha sido el estandarte de una iniciativa de mayor envergadura para mantener a los chicos fuera de los centros de detención juvenil, un proceso que los acerca más a la cárcel de lo que piensan los adultos. Además de la capacitación de los policías, el condado les ofrece a los adolescentes clases de manejo de ira, asesoría sobre abuso de sustancias, atención de la salud mental y otros servicios, la mayoría de los cuales son gratuitos.

Tippecanoe emprendió estos esfuerzos en 2013, después de analizar a detalle sus índices de arrestos juveniles como parte de su involucramiento en la Iniciativa de Alternativas para la Detención Juvenil de la Fundación Annie E. Casey, comentó Rebecca Humphrey, directora ejecutiva de servicios juveniles del condado. El condado descubrió que en la comunidad el 44 por ciento de los jóvenes cuyas edades oscilan entre los 12 y los 18 años fue detenido por crímenes como resistencia al arresto, sin haber sido acusados de ninguna infracción de origen. Humphrey explicó que, en un escenario típico, se solicitaba la presencia de un oficial en una escena y veía adolescentes cerca, les ordenaba que se le aproximaran y luego reaccionaba cuando uno o más de ellos huían. “El oficial perseguía a los chicos y los metía en la patrulla, pero no tenía nada que ver con la razón por la cual era llamado a la escena”, comentó.

Scott Angstadt, el subdirector de libertad condicional que supervisa la división juvenil de Tippecanoe, resumió la filosofía más reciente del condado: “Necesitamos enfocarnos en detener a los chicos adecuados en el momento adecuado por las razones adecuadas. En vez de detener al chico que nos hizo enojar, queremos detener al que es peligroso para la comunidad”.

Los resultados de los esfuerzos en Tippecanoe han sido dramáticos. En 2010, 334 adolescentes del condado fueron ingresados a un centro de detención segura, de acuerdo con Humphrey. Para 2019, esa cifra había caído un 71 por ciento, a 98 (la cantidad fue todavía menor en 2020, pero es probable que hayan influido los confinamientos a causa de la COVID-19).

En Estados Unidos, son comunes los encuentros entre la policía y los jóvenes que tienen una carga innecesaria de provocación, comentó Lisa Thurau, fundadora y directora ejecutiva de Strategies for Youth, la organización sin fines de lucro con sede en Cambridge, Massachusetts, que creó el programa de capacitación. Estos encuentros pueden dar como resultado arrestos, los cuales afectan de manera desproporcionada a los jóvenes de color a nivel nacional. Un informe de 2014 de Sentencing Project, un grupo activista con sede en Washington D. C., concluyó que los jóvenes negros corren el doble del riesgo de ser arrestados que los jóvenes blancos.

De acuerdo con el Departamento de Justicia, decenas de miles de adolescentes son arrestados cada año por el crimen impreciso de alteración del orden público. Y un 42 por ciento de ellos son negros.

Strategies for Youth ha llevado a cabo sesiones de capacitación en 21 estados, incluidos los departamentos de policía de Albany y Newburgh, Nueva York. Algunas jurisdicciones han visto resultados tan impactantes como los de Tippecanoe: los arrestos juveniles en Charlottesville, Virginia, cayeron un 59 por ciento. En Cambridge, Massachusetts, los arrestos por delitos menores cayeron un 70 por ciento, según Thurau.

No obstante, muchos departamentos de la policía que han contactado a Strategies for Youth perdieron el interés debido al costo: 21.500 dólares por dos días de sesiones de capacitación y casi 35.000 dólares por un programa de cuatro días para instruir a capacitadores a fin de que los departamentos de la policía puedan dar su propia capacitación. El costo es un desafío especial en un momento en el que las ciudades están restringidas para gastar fondos. Sin embargo, la alternativa —tener a chicos detenidos que no necesitan estar ahí— también es costosa. En Tippecanoe, cuesta más o menos 140 dólares al día, comentó Humphrey.

Y un aspecto todavía más importante es que las detenciones innecesarias tienen graves consecuencias, señaló Thurau. Los chicos detenidos no van a la escuela y esto puede impedirles graduarse. Tener antecedentes “puede afectar la capacidad de un chico para tener un trabajo o ir a la universidad”, mencionó. Ser arrebatado de su casa puede ser un trauma para el adolescente y sus familiares. Además, para una familia, los honorarios legales y los costos procesales pueden ser una gran carga económica.

El condado de Tippecanoe también les ofrece a los padres “Criar el cerebro adolescente”, para que puedan comprender mejor las acciones de sus hijos y evitar llamadas innecesarias a la policía.

Aunque la población de Tippecanoe es un 83 por ciento blanca, estos programas tienen un beneficio especial en la creciente comunidad de niños de color, comentó Angstadt, porque tienen una presencia muy superior en el sistema penal juvenil del condado. Sin embargo, hasta ahora, los adolescentes blancos del condado se han beneficiado más, con una caída del 58 por ciento en detenciones seguras de jóvenes blancos, en comparación con la reducción del 36 por ciento entre los jóvenes negros. Humphrey mencionó que el condado está examinando las posibles razones.

Durante la capacitación, los oficiales aprenden técnicas como esperar a que los adolescentes se tranquilicen antes de intentar hablar con ellos, luego escuchar con atención y usar sus mismas palabras para que sepan que los escucharon. “Muchos chicos se sienten intimidados con el uniforme. Si se establece una relación, habrá un impacto mucho mayor”, comentó Aaron Gilman, un oficial de la policía y de recursos escolares en el distrito escolar de Tippecanoe, quien dirige partes de la capacitación.

Esto hizo la diferencia con Mara England, una chica de 19 años que vive en Lafayette. Desde que tuvo 14 años hasta que cumplió 17, se solicitó varias veces la presencia de la policía en la casa de su familia después de tener altercados físicos con un pariente. England comentó que padece enfermedades mentales, entre ellas el trastorno explosivo intermitente. Los oficiales “se tomaban el tiempo para hablar conmigo y calmarme hasta que me tranquilizaba”, recordó. Desde entonces, empezó a recibir ayuda para sus problemas de salud mental y en la actualidad ayuda a otros jóvenes con problemas.

No todos los adolescentes se han beneficiado con la capacitación. Jewel DeRamus, quien en 2014 se mudó de Chicago a Lafayette con sus seis hijos, señaló que el año pasado uno de sus hijos adolescentes fue arrestado por un policía que no consideró las discapacidades emocionales y de aprendizaje del chico durante la interacción volátil que tuvieron.

No obstante, Faith Graham, una jueza del tribunal juvenil del condado, comentó que, en general, se sentía satisfecha. Se sigue arrestando a los chicos que son un peligro para ellos mismos y los demás. Sin embargo, han cesado muchas de las detenciones innecesarias. “La manera en la que [un policía] se acerca a un chico puede cambiar toda la interacción”, señaló. Si el oficial lo hace con violencia o con cuidado puede afectar de manera profunda la vida de un adolescente.

Este artículo apareció originalmente en The New York Times.

© 2021 The New York Times Company

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