Opinión: No puedo evitar pensar que JK Rowling ha contaminado el legado de Harry Potter

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 (Getty Images)
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Solía ser una gran fan de Harry Potter. Tenía la pantalla de la lámpara, la colcha, el papel tapiz, todo la mercancía que tuviera ilustraciones del libro. Desde el día en que mi amiga llegó a la escuela primaria con Philosopher’s Stone insistiendo en que tomara prestado “el mejor libro que había leído”, me obsesioné, todos lo hicimos. Sabíamos que JK Rowling había prometido siete libros y durante los siguientes 18 años esperamos ansiosamente cada nuevo lanzamiento.

No estábamos tan interesados como para hacer cola en Waterstones a la medianoche, con el sombrero y la capa de bruja protegiéndonos de la lluvia, pero cuando llegaba cada libro era una carrera hasta la meta. El horario se despejó y desaparecimos día y noche pasando página tras página porque necesitábamos saber qué sucedió y porque si no, alguien en la escuela se voltearía hacia ti y te diría “Snape muere” cuando estabas en clase de matemáticas. Los niños pueden ser muy crueles.

Cuando tenía veinte años, Harry Potter era una fuente de consuelo, libros y películas a los que podía volver una y otra vez como si fuera un viejo amigo. Era una serie de mensajes sobre la amistad, el amor y la compasión cuyos mantras resistieron el paso del tiempo.

Luego, en 2020, las cosas cambiaron. Para ser honesta: no soy una persona trans pero soy miembro de la comunidad LGBTQ+. Como consecuencia de eso, he crecido con amistades trans y no binarias y con fluidez de género. La única vez que me metí en el debate trans en Twitter fue el par de días más estresante y desalentador que pasé en línea.

Soy consciente de que en la literatura y en el arte se cuestiona el papel del autor o del artista después de la creación en el mundo. Una vez que un libro está en manos del lector, ¿qué papel, si lo hay, juega el autor cuando el trabajo se reinterpreta a través de la lente de la experiencia de esa persona? ¿Debería importar el autor en absoluto?

Me temo que, para mí, Harry Potter está y siempre estará contaminado por los comentarios que ha hecho JK Rowling desde 2020 sobre las personas trans. Me decepciona una figura pública con 14 millones de seguidores, muchos de ellos jóvenes, que utiliza una plataforma donde 280 caracteres (y algunos tuits más) es el límite para contribuir a un debate que de forma rápida y contundente se vuelve tóxico. Si bien hay discusiones válidas y preocupaciones que plantear, no puedo evitar pensar que esta no era la manera de aportar. Estos debates contienen una amplia variedad de espectros, no son en blanco y negro, y merecen la debida atención que se les debe dar. El debate trans es más apropiado para una tesis doctoral que para un tuit.

Rowling continuó, en ese mismo hilo provocador en julio de 2020, para compartir un artículo titulado “Carta anónima de una lesbiana aterrorizada”. Un artículo que comienza, “El ‘LGBTQ’ se convirtió en un padre abusivo con una bofetada perversa” y describe la experiencia de al menos dos lesbianas. Como todo lo que agrupa y generaliza a millones de personas en todo el mundo, el texto carecía de matices. No fue una experiencia con la que me identificara personalmente y tampoco puedo ver cómo Rowling, una mujer cis blanca, podría relacionarse.

Ahora me resulta difícil separar mi respuesta a estos puntos de vista del trabajo que creó Rowling. Ver las películas me da un poco de decepción. Cuestiono la falta de diversidad en la pantalla, ya sea por género, sexualidad o raza. Si bien estoy segura de que a JK Rowling no le molestará que ya no contribuya financieramente al imperio Potter, es una pena que algo tan importante en mi infancia ahora traiga consigo sentimientos de incomodidad y tristeza, donde antes traía mucha alegría y alivio.

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