Opinión: Puedes ser una persona distinta después de la pandemia

Olga Khazan
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NUESTRAS PERSONALIDADES NO ESTÁN TALLADAS EN PIEDRA. SON MÁS PARECIDAS A UNAS DUNAS DE ARENA.

Cuando comenzaron los cierres de emergencia por la pandemia, Catherine Steffel, médica y autora de textos científicos en Madison, Wisconsin, se percató de que su rutina diaria no había cambiado mucho. Le inquietó que su vida normal fuera tan parecida a una cuarentena.

Luego, en enero, su marido de 29 años murió de la nada a causa de un agresivo tipo de cáncer. A su esposo le encantaba navegar y volar aviones, pero Steffel siempre había sido más precavida y orientada al trabajo. En honor a su memoria, Steffel decidió acoger el entusiasmo por la vida que tenía su esposo.

“Debe haber algo más”, pensó. “¿Por qué no lo estoy haciendo?”.

Creó una lista de nuevas actividades para probar cuando fuera seguro hacerlas. Después de que termine por fin la pandemia, planea subirse a un trineo jalado por perros, soplar vidrio y visitar una granja de alpacas.

Para darles seguimiento a estos planes, Steffel necesitará hacer cambios en su personalidad. Le agota la interacción social, así que tendrá que volverse más extrovertida: algunos de los objetivos de su lista requerirán tomar clases llenas de extraños. También necesitará ser más abierta a las experiencias, otro rasgo que precisará al probar las nuevas actividades.

Steffel ha pasado más tiempo escribiendo en un diario y haciendo yoga para mitigar su ansiedad. También empezó a ver a un terapeuta, de quien espera que le ayude a “identificar a dónde quiero ir y quién quiero ser en el futuro”. En efecto, Steffel terminará la cuarentena como una mujer nueva.

Con la muerte de su marido, la vida de Steffel iba a cambiar a pesar de la pandemia. Sin embargo, otras personas también han reevaluado sus futuros en este año brutal. Hay algo en la extrañeza y tensión de la pandemia que parece haber provocado una sacudida en las vidas de algunas personas.

Después de todo, la persona que eras cuando inició la cuarentena no tiene por qué ser la misma de cuando termine. Según los científicos, la gente puede cambiar su personalidad bien entrada la adultez. Además, ¿qué mejor momento de transformación que ahora, cuando nadie te ha visto durante un año y podrían haberse olvidado cómo eras al principio?

Durante mucho tiempo se pensó que la gente tan solo es de cierta manera y que permanecerá así para siempre. El médico griego Hipócrates creía que las personalidades de las personas eran gobernadas por la cantidad de flemas, sangre, bilis negra y bilis amarilla que fluía por sus cuerpos.

Claro está, desde hace tiempo la ciencia moderna ha descartado las nociones de bilis y humores. Y ahora, parece que la idea de que nuestras personalidades son inmutables tampoco es tan verdadera. Los investigadores han encontrado que, en tan solo unos pocos meses, los adultos pueden cambiar los cinco rasgos que constituyen la personalidad: extroversión, apertura a nuevas experiencias, estabilidad emocional, amabilidad y responsabilidad. De modo muy similar al caso de Steffel, los rasgos están conectados, así que el cambio en uno podría producir un cambio en otro.

Cambiar un rasgo requiere actuar de ciertas maneras que personifiquen ese rasgo, en vez de simplemente pensar en ello. Como dijo Richard Wiseman, profesor de Psicología en la Universidad de Hertfordshire, en “The As If Principle”: te puedes comportar “como si” fueras la persona que quieres ser. En poco tiempo, tal vez te des cuenta de que eres tú.

Wiseman escribe que George Kelly, un prominente psicólogo de la década de 1950, fue tan lejos que les pidió a sus clientes que actuaran “papeles” que representaban los rasgos de la personalidad que querían adoptar. Una persona que quería ser más extrovertida tal vez debía apuntarse a hablar en público o ir a bares y hablar con extraños. Después de algunas semanas, muchas personas comenzaron a pensar que los papeles eran ellas mismas. “Muchos de los clientes de Kelly mencionaron que el nuevo papel parecía como si siempre hubiera sido su verdadero ser y que tan solo hasta ese momento se habían percatado de ello por completo”.

De manera similar, Geraldine Downey, profesora de Psicología en la Universidad de Columbia que estudia el rechazo social, ha encontrado que a la gente excluida socialmente que quiere ser parte de un grupo le va mejor si supone que les va a caer bien a las otras personas. Deben comportarse como si fueran el chico popular. Empezar interacciones sociales esperando lo peor, como lo hace mucha gente con ansiedad social, suele ser una profecía autocumplida.

Esta ciencia detrás del cambio de personalidad se ha concretado por medio de investigaciones de reciente publicación. Por ejemplo, en un estudio, al poner más esfuerzo en sus tareas, los estudiantes se volvieron más responsables: una revocación de la noción popular según la cual los alumnos responsables ponen más esfuerzo en sus tareas. En otro, la gente pudo volverse más extrovertida o responsable en cuatro meses con solo hacer una lista de lo que querían cambiar y qué medidas debían tomar para lograrlo. Así que, alguien que quiera volverse más extrovertido podría escribir: “Llama a Andrew y dile que almuercen el martes”. Después de suficientes almuerzos con Andrew (y presuntamente también con más gente), las personas se vuelven las extrovertidas que esperaban ser.

La terapia puede servir en este proceso. Consideremos el neuroticismo, un rasgo responsable de la ansiedad y la rumia. El neuroticismo suele disminuir de modo natural con la edad. Sin embargo, una revisión de estudios reveló que un mes de terapia —cualquier tipo de terapia— reducía el neuroticismo casi la mitad de la cantidad que se podría esperar en un declive natural durante el curso de toda una vida. Las personalidades de los individuos permanecieron distintas durante al menos un año después de la terapia.

Después del neuroticismo, la introversión fue el rasgo de la personalidad más modificable, de acuerdo con esta investigación. Como suele suceder, el neuroticismo y la introversión son los dos factores que tienen mayor influencia en la ansiedad social. Si cambias esos dos elementos de tu personalidad, puedes extinguir una gran parte de tu inseguridad personal.

Brent Roberts, un psicólogo de la Universidad de Illinois, Urbana-Champaign, y el autor principal de esa revisión de estudios, quedó sorprendido de que una ráfaga tan breve de terapia pudiera tener efectos tan considerables. Roberts cree que la razón de este éxito pudo ser que, cuando una persona alcanza su punto más bajo y se percata de que quiere cambiar, hay algo benéfico en contar con una presencia cálida y reconfortante disponible que brinde apoyo. El terapeuta “te envía un mensaje ambiguo de que eres una persona valiosa”, me comentó. Sirve tener gente en tu esquina, aunque sea porque le pagues la hora de 50 minutos.

Para quienes no pueden costear la terapia, pronto podría haber herramientas digitales disponibles. En un estudio reciente de 1500 participantes, Mirjam Stieger, una investigadora posdoctoral de la Universidad Brandeis, encontró que las metas más populares para los cambios de personalidad eran la disminución del neuroticismo, así como el aumento de la responsabilidad o de la extroversión.

Stieger y sus colegas desarrollaron una aplicación que le recuerda a la gente que debe realizar tareas pequeñas para modificar sus personalidades, como “hablar con un extraño cuando vayas al supermercado”. Entonces, la aplicación les pregunta si de verdad tuvieron ese comportamiento. Stieger encontró que las personalidades de los participantes en el estudio, de hecho, cambiaron, en comparación con un grupo de control que no usó la aplicación. Además, en un seguimiento después de tres meses, los cambios habían permanecido.

A esto se podría parecer un cambio de disposición pospandémico: alguien que llegaba tarde crónicamente antes de la pandemia podría trabajar en ser más responsable o puntual. Una manera de demostrarles a tus amigos qué tanto los extrañaste es comenzar a respetar su tiempo.

O si eres alguien que solía reaccionar con sospecha y enojo cuando un conocido cancelaba planes, podrías probar con ser más afable o perdonar los desprecios sociales menores. Incluso hacer esos planes en primer lugar podría servirte para ser más extrovertido o abierto a las nuevas experiencias. Además, para los manojos de nervios neuróticos como yo, Stieger sugirió relajarnos durante, digamos, diez minutos todas las noches. Suena como una locura, pero se supone que podría funcionar.

A pesar de la connotación alegre, la amabilidad involucra una mayor empatía y preocupación por los demás. La pandemia ha revelado la desigualdad aterradora de la vida estadounidense y ha provocado que algunas personas —como los padres solteros y los trabajadores esenciales— carguen un peso devastador. Al ser más amables, podemos intentar recordar la singularidad de la experiencia de cada una de las personas y ser más gentiles el uno con el otro. Aunque la pandemia terminará, sus cicatrices podrían tardar algún tiempo en sanar. Tratar a la gente con paciencia y, sí, amabilidad, ayudará en esa sanación.

Por medio de un aislamiento doloroso, el año que acaba de pasar ha revelado, de manera perversa, el valor de las amistades y los vínculos sociales. Para quienes quieren conexiones renovadas que se han atrofiado, solidificar amistades que han migrado a Zoom o simplemente vivir de manera distinta, es muy posible lograrlo. Recuerda que tu personalidad es más como una duna de arena que como una piedra.

This article originally appeared in The New York Times.

© 2021 The New York Times Company