Opinión: '¿Cómo puedes odiarme si ni siquiera me conoces?'

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Una de las preguntas que más me hacen es la siguiente: ¿Cómo hablo con los que están al otro lado del abismo político y cultural en Estados Unidos? ¿Qué puedo decirle a mi hermano, tía o amigo que piensa que Joe Biden es un socialista con demencia que se robó las elecciones?

También me he preguntado sobre las estrategias de persuasión, porque tengo amigos cuyas preferencias a favor de Trump o en contra de las vacunas son validadas todas las noches por Tucker Carlson. Así que contacté a un experto en cambiar las opiniones de las personas.

Daryl Davis es un músico negro de 63 años con una vocación inusual: desarmar el racismo de miembros del Ku Klux Klan y neonazis con los que pasa el rato. Tiene evidencias de un éxito arrollador: una colección de túnicas y capuchas del Ku Klux Klan que le obsequiaron personas a las que persuadió para que abandonaran el grupo supremacista.

Su odisea surgió de la curiosidad acerca del racismo, además de un ataque que sufrió. Davis dice que, cuando tenía 10 años, un grupo de personas blancas le arrojaron botellas, latas de refresco y piedras.

“No lo podía creer”, recordó Davis. “Mi cerebro de 10 años no podía procesar la idea de que alguien que nunca me había visto, que nunca había hablado conmigo, que no sabía nada de mí, quisiera causarme dolor sin ninguna otra razón que el color de mi piel”.

“¿Cómo puedes odiarme si ni siquiera me conoces?”, recuerda haberse preguntado.

Davis comenzó a buscar las respuestas después de graduarse de la Universidad Howard y unirse a una banda que a veces tocaba en un bar de Maryland que atraía a racistas blancos. Davis entabló amistad con un miembro del Ku Klux Klan, fascinados uno por el otro, y el hombre finalmente dejó el KKK, relató Davis.

Uno de los métodos de Davis, y hay investigaciones de psicología social que confirman la efectividad de este método, es no confrontar a los antagonistas y denunciar su intolerancia, sino comenzar como un oyente. Dice que es más fácil plantar el germen de la duda cuando la gente siente que la escuchan.

Davis contó que en una ocasión un líder de distrito del Ku Klux Klan le sacó a relucir la criminalidad de los afroestadounidenses y le dijo que los negros están genéticamente predispuestos a ser violentos. Davis respondió reconociendo que muchos crímenes son cometidos por personas negras, pero luego señaló que casi todos los asesinos en serie conocidos han sido blancos y concluyó que las personas blancas deben tener un gen para ser asesinos en serie.

Cuando el líder del Ku Klux Klan dijo molesto que esto era ridículo, Davis estuvo de acuerdo: es una tontería decir que los blancos están predispuestos a ser asesinos en serie, así como es ridículo decir que los negros tienen genes criminales.

Davis contó que el hombre se quedó mudo y unos cinco meses después abandonó el Ku Klux Klan.

Davis afirma haber persuadido a unos 200 supremacistas blancos para que abandonaran el Ku Klux Klan y otros grupos extremistas. Es imposible confirmar esa cifra, pero durante décadas su trabajo ha quedado bien documentado en artículos, videos, libros y una charla TED. También tiene un pódcast llamado “Cambiando Opiniones con Daryl Davis”.

“Daryl me salvó la vida”, aseguró Scott Shepherd, quien fue gran dragón (título de alto líder) del Ku Klux Klan. “Daryl extendió su mano, y en realidad también extendió su corazón, y nos convertimos en hermanos”. Shepherd terminó abandonando el Ku Klux Klan y le dio su túnica a Davis.

La estrategia de Davis parece estar fuera de sintonía con las sensibilidades modernas. Hoy en día, el impulso más común es la denuncia desde la distancia.

La preferencia por los espacios seguros en vez del diálogo surge en parte de una preocupación razonable: que enfrentarse a los extremistas los legitima. En cualquier caso, la sociedad difícilmente puede pedir a los negros que se acerquen a los racistas, a las personas homosexuales que se reúnan con homófobos, a los inmigrantes que persuadan a los xenófobos, a las mujeres que intenten reformar a los misóginos, etc. Las víctimas de la discriminación han soportado ya demasiado sin que se les llame a redimir a sus torturadores.

Sin embargo, creo que los estadounidenses no nos involucramos lo suficiente con personas con las que no estamos de acuerdo en cuestiones fundamentales. Hay algo positivo en la inclinación natural de Davis hacia el diálogo, incluso con antagonistas poco razonables. Si todos estamos en el mismo barco, deberíamos hablarnos.

“Daryl Davis demuestra que hablar cara a cara con tus adversarios ideológicos puede motivarlos a reconsiderar sus puntos de vista”, dijo Adam Grant, psicólogo organizacional de la Escuela Wharton de la Universidad de Pensilvania. “Davis es un ejemplo extraordinario de lo que los psicólogos han demostrado una y otra vez con evidencia: en más de 500 estudios, interactuar cara a cara con un grupo externo redujo los prejuicios en el 94 por ciento de los casos”.

“La gente no te escuchará realmente sino hasta que te hayas ganado su confianza”, agregó Grant. “No es probable que te ganes su confianza sin antes conocerlos cara a cara y escuchar sus historias”.

Hay una razón por la que intentamos resolver incluso las guerras más difíciles haciendo que las partes se sienten en una misma sala: el diálogo vence a la guerra. Si creemos en la interacción con los norcoreanos y los iraníes, ¿por qué no con nuestros compatriotas?

En un momento en que Estados Unidos está muy polarizado y el escenario político es muy tóxico, por supuesto que tenemos que defender lo que creemos que es correcto. Pero también puede ser útil sentarnos con aquellos que creemos que están equivocados.

“Si yo puedo sentarme y hablar con los miembros del Ku Klux Klan y los neonazis y lograr que me den sus túnicas, capuchas, banderas con esvásticas y todo ese tipo de locuras, no hay razón por la que alguien no pueda sentarse en una mesa para cenar y hablar con un miembro de su familia”, afirma Davis.

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© 2021 The New York Times Company

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