Opinión: Cómo prevenir la peor extinción

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LAS PERSONAS EN AMBOS LADOS DEL ESPECTRO POLÍTICO PUEDEN TRABAJAR EN CONJUNTO PARA EVITAR QUE SE DESENCADENEN CALAMIDADES FUTURAS.

NASHVILLE, Tennessee — Si tienes la edad suficiente, tal vez recuerdes al “Percina tanasi”, un pequeño pez en el río Little Tennessee que causó una controversia ambiental cuando fue declarado especie en peligro de extinción en 1975. En ese entonces, la Autoridad del Valle de Tennessee ya estaba en proceso de construir una presa en el Little Tennessee. Los Percina tanasi necesitan estar en agua que fluya libremente para reproducirse y el único hábitat conocido para la especie estaba a punto de ser el sitio para una presa.

La batalla legal resultante llegó hasta la Corte Suprema, que se puso del lado del pez. Sin embargo, el Congreso, presionado por políticos de Tennessee, respondió al brindar al proyecto de la presa Tellico una exención de las disposiciones de la Ley de Especies en Peligro de Extinción de Estados Unidos. El pequeño pez parecía condenado.

Tal vez te preguntes por qué traería a colación la historia de una antigua batalla que terminó mal para los ambientalistas. ¿Por qué recordar el triste relato del Percina tanasi, especialmente ahora que se acaba de declarar la extinción de 22 especies en Estados Unidos y otro millón va rumbo al mismo sombrío destino en todo el mundo?

Esas criaturas perdidas son exactamente el porqué.

La Ley de Especies en Peligro de Extinción de 1973 logró el tipo de apoyo bipartidista en el Congreso que con dificultad podemos imaginar en la actualidad. La Cámara de Representantes votó 355 a 4 a favor de su aprobación. Fue promulgada por el presidente Richard Nixon, un republicano. Desde entonces, ha salvado a decenas de especies icónicas, como el águila calva, el halcón peregrino, el oso grizzly de Yellowstone y el caimán del Misisipi, y sigue siendo muy popular. A pesar de los desafíos casi constantes planteados por intereses empresariales y muchos republicanos electos, por lo menos el 80 por ciento de los estadounidenses, incluyendo a un 74 por ciento de conservadores autoproclamados, la apoyan.

Aunque no usemos el mismo léxico para describir lo que le está ocurriendo al medioambiente (tú dices “clima extremo”; yo digo “cambio climático”), las protecciones ambientales no son tan polarizantes como solemos pensar que son. Las personas en ambos lados del espectro político quieren beber agua limpia y respirar aire sin contaminación. Las personas en ambos lados del espectro político quieren mantener con vida a los seres vivos.

Este terreno en común puede crear algunos aliados peculiares. Piensen en la controversia ambiental más reciente aquí en Tennessee:

Documentos internos filtrados indicaron hace poco que la Agencia de Recursos de Vida Silvestre de Tennessee (TWRA, por su sigla en inglés) planeaba talar más de 800 hectáreas de bosque caducifolio en un área silvestre hermosa propiedad del estado en la meseta de Cumberland, que es rica en biodiversidad. Al parecer, el plan de deforestación es parte de los prolongados esfuerzos del estado para aumentar los especímenes de la codorniz de Virginia, un ave de caza nativa que habita en los pastizales cuya población está en un marcado declive.

Nadie niega que crear un hábitat para un ave nativa que está desapareciendo rápidamente sea una meta loable. Sin embargo, como Mike O’Neal, un cazador, señaló a Anita Wadhwani del diario Tennessee Lookout, ¿no tendría más sentido talar en cambio una de las áreas de pino cercanas que son propiedad del estado? A diferencia de los caducifolios, los pinos pueden volver a crecer con rapidez. “Parece que este es un gran experimento de la TWRA para rescatar a la codorniz”, mencionó. “Pero si no funciona, ¿qué has perdido? Miles de hectáreas de caducifolios que no volverás a ver en tu vida”.

Donna Knoke Cobb, una arqueóloga de Alabama, fue más contundente: “Sigue el rastro del maldito dinero”, le dijo a Michael Ray Taylor de Nashville Scene. “Alguien está vendiendo esos árboles. Y es probable que alguien más quiera construir una cabaña de caza en medio de uno de los lugares con la mejor vista del estado”.

La oposición al plan estatal es liderada por una organización llamada Salven a los Caducifolios. El grupo incluye a cazadores de venados y pavos, senderistas y espeleólogos, residentes locales e incluso algunos funcionarios electos. Una de las personas que expresan preocupación sobre los planes de la TWRA es el representante estatal Paul Sherrell, un republicano.

En otras palabras, este asunto trasciende las posturas políticas típicas. Diversas personas tienen diferentes razones para querer proteger ese bosque y algunas de esas razones podrían parecer diametralmente opuestas. Sin embargo, un grupo diverso de residentes furiosos de Tennessee se ha reunido para evitar que la TRWA tale sus árboles. Las controversias ambientales tienden a ser enmarcadas como batallas entre amantes de los árboles y pragmáticos, entre liberales y conservadores, pero dichos conflictos rara vez son tan simples.

Hablando de eso, regresemos al Percina tanasi.

Es cierto que la oposición al proyecto de la presa Tellico surgió entre los ambientalistas, pero también provino de cientos de familias de granjeros cuyas tierras se inundarían cuando las compuertas de la presa finalmente se cerraran. También se originó en la nación cheroqui, entre pescadores de trucha e incluso entre conservadores fiscales, quienes reconocieron que la presa era un despilfarro financiero.

Los activistas perdieron la batalla para frenar la construcción de la presa, pero no se rindieron en la lucha para salvar al Percina tanasi y para lograrlo se necesitó de otra coalición poco probable. Un equipo de biólogos trabajó para trasladar al pez a otros ríos en su región nativa. La Autoridad del Valle de Tennessee ajustó las operaciones de la presa para incrementar el oxígeno y reducir el sedimento en el agua río abajo. La Ley de Agua Limpia redujo de manera drástica la contaminación en los ríos a los que los peces fueron trasladados.

Tomó más de 40 años, pero el 31 de agosto, el Servicio Federal de Pesca y Vida Silvestre anunció que el Percina tanasi ya no estaba en peligro de extinción. Este final feliz no fue fortuito. Fue el resultado de trabajo arduo.

Es demasiado pronto para decir qué será de ese hermoso bosque en la meseta de Cumberland o de la codorniz de Virginia. Y es muchísimo más difícil decir qué pasará con todas las especies que el planeta podría perder si los seres humanos no podemos detener el ritmo al que nuestro clima se está calentando, nuestros hábitats se están fragmentando y nuestro planeta entero está siendo envenenado. Es completamente posible que las perdamos a todas.

No obstante, tampoco es impensable que encontremos una forma de trabajar juntos para evitar que las peores calamidades se desencadenen. Una nueva encuesta del Programa de Comunicación del Cambio Climático de Yale descubrió que el 70 por ciento de los estadounidenses ahora están “muy” o “algo” preocupados por el cambio climático. La opinión pública sobre estos temas está cambiando con rapidez: el número de quienes están “muy preocupados” se incrementó en diez puntos en el periodo comprendido tan solo desde marzo.

La crisis de biodiversidad no se solucionará mediante esfuerzos hiperlocales para salvar a especies específicas o preservar una franja de bosque en particular. Sin embargo, estas historias de personas que se unen y superan tremendas divisiones filosóficas y políticas para salvar lo que aman me llenan de ánimo. Tales historias nos recuerdan lo que todavía es posible, incluso ahora.

La pregunta más difícil es si lo que es posible puede ser logrado a tiempo.

Este artículo apareció originalmente en The New York Times.

© 2021 The New York Times Company

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