Opinión: Cuando mi presidente cantó 'Amazing Grace'

Thomas L. Friedman
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Esta es mi última columna regular antes del día de las elecciones, así que ¿qué queda por decir? En vez de darte una respuesta, permíteme dejarte una inquietud: según yo, la gran pregunta es qué harías si tu hijo llega a casa de la escuela y te dice:

“Mamá, papá, mi maestro me dijo que el presidente Obama ordenó el asesinato del equipo de las Fuerzas Especiales de Estados Unidos que, en teoría, asesinó a Osama Bin Laden. Mi maestro dijo que Bin Laden en realidad sigue vivo, que el tipo que mataron los SEAL de la Armada era un ‘doble de cuerpo’. También dijo que los asesores de Obama lograron que Irán enviara a Bin Laden a Pakistán para que Obama pudiera tener un ‘trofeo de caza’. ¿Qué es un trofeo de caza? Mi maestro dijo que se había enterado de todo eso en algún lugar de internet, y que pensó en compartirlo con nuestra clase. Mamá, papá, ¿es verdad?”.

Yo sé cómo respondería. Llamaría de inmediato al director de la escuela para preguntarle cómo alguien que propaga ese tipo de conspiraciones viles y fraudulentas puede enseñar en un salón de clases de Estados Unidos. ¿Quién no lo haría? Viola el juicio y las normas más básicas de la decencia que esperamos de cualquiera que imparta clases en una escuela pública o sirva en un cargo público.

Y esa es en realidad la pregunta que los votantes de Donald Trump no pueden ignorar: ¿por qué no tardarías en despedir al maestro de tu hijo por decir una tontería tan repugnante, pero estarías dispuesto a recontratar al maestro en jefe de la nación —nuestro presidente, el hombre con el pizarrón más leído del mundo— después de que esparció exactamente esas disparatadas teorías conspirativas a unos 87 millones de personas en Twitter el otro día? ¿Hay algo más retorcido?

El 13 de octubre, “Trump retuiteó una publicación de una cuenta vinculada con QAnon, un colectivo de teorías de la conspiración, la cual ha sido suspendida desde entonces”, informó CNN. “El tuit alegaba que ‘Biden y Obama tal vez mandaron a matar al equipo 6 de los SEAL’, que Osama bin Laden seguía vivo y que el hombre que asesinaron en la redada —ordenada por Obama y ejecutada por el equipo 6 de los SEAL— en realidad era un doble de cuerpo. Más tarde esa noche, Trump retuiteó una publicación en la que se acusaba a altos funcionarios del gobierno de Obama de estar coludidos para trasladar a Bin Laden de Irán a Pakistán con el fin de que fuera el ‘trofeo de caza de Obama’”.

El reportaje de CNN continuó: “Uno de los miembros de los SEAL de la Armada que participó en la redada y sigue con vida increpó el retuit inicial de Trump. ‘Muchos valientes no volvieron a ver a sus hijos por matar a Osama bin Laden’, tuiteó Robert J. O’Neill después del retuit de Trump. ‘El presidente Obama nos dio la orden. No había ningún doble de cuerpo’”.

“O’Neill, quien antes había expresado su respaldo por Trump, le comentó a Chris Cuomo de CNN que la promoción de esas teorías conspirativas para obtener ganancias políticas es ‘pisotear las tumbas de algunos de los mejores héroes con los que trabajé en mi vida’”.

Cuando Savannah Guthrie de NBC News le preguntó a Trump por qué había difundido una mentira de ese tipo, el mandatario se encogió de hombros: “Fue un retuit; nada más lo publiqué. La gente puede decidir por sí misma”.

En otras palabras, con la mejor red de inteligencia del mundo a su disposición, Trump no considera que parte de su trabajo como presidente sea desacreditar teorías conspirativas maliciosas, para que los estadounidenses puedan sortear mejor un mundo confuso, sino que, en cambio, difunde esta bilis, sin siquiera consultar con la CIA o el FBI si es verdad. Según él, las personas deben descubrirlo por sí mismas… como si las fuentes del pueblo fueran similares a las suyas.

Entiendo que muchos estadounidenses respalden a Trump por sus políticas en torno a la inmigración, los impuestos, la corrección política o la selección de jueces, o porque sienten que les da voz a sus reclamos en contra de las élites que pueden menospreciarlos. Nada de eso resuena conmigo, pero son posturas legítimas que comparte un 40 por ciento del país.

Sin embargo, nuestro mandatario no solo es un robot de la política. También es un modelo a seguir, le guste o no le guste a él. Por lo tanto, para todos ustedes que planean votar por Trump, les suplico que se pregunten: ¿cómo pueden tolerarle ciertos comportamientos a un presidente que nunca le permitirían al maestro de séptimo grado de su hijo o a una niñera?

Trump ha degradado tanto la decencia que hemos olvidado qué es normal, ya no digamos óptimo, en un presidente estadounidense. Hemos olvidado qué se siente tener en la Casa Blanca a alguien que diga la verdad, un sanador, alguien que empieza el día con la intención de unir al país y proyectar la mejor versión de Estados Unidos hacia el mundo, no alguien que ha vivido cada uno de los días en su cargo aspirando a ser solo el presidente de su base, mientras le ofrece un solo mensaje a cualquiera en el país o el extranjero que busque inspiración en Estados Unidos: muéstrame el dinero.

Mientras reflexionaba sobre todo esto el fin de semana pasado, mi amiga Elena Park, una productora ejecutiva de Stanford Live, me envió un video de YouTube: una interpretación increíble que realizaron la cantante Meklit y Kronos Quartet de “The President Sang ‘Amazing Grace’” (El presidente cantó “Amazing Grace”).

La canción escrita por Zoe Mulford habla sobre el asesinato de nueve personas que cometió, en 2015, un supremacista blanco en la iglesia Emanuel AME de Charleston, Carolina del Sur. Mulford la lanzó en 2017: una canción sobre cómo otro presidente, Barack Obama, fue a esa iglesia para el funeral y durante su elegía para la reverenda Clementa Pinckney cantó “Amazing Grace”, uno de los momentos más conmovedores y curativos de su presidencia.

Meklit cantó:

Discutimos dónde depositar la culpa

En el odio de un hombre o en la vergüenza de nuestra nación

En alguna enfermedad de la mente o del alma

Y cómo podrían sanar esas heridas

Pero no hay palabras para decir lo que se debía decir

Para todos los vivos y los muertos

Por eso ese día y en ese lugar

El presidente cantó “Amazing Grace”

Mi presidente cantó “Amazing Grace”

Así que, en pocas palabras, ahí tienen sus opciones, amigos. Pueden votar por un presidente que retuitea teorías conspirativas enfermizas, en las que asegura que su predecesor asesinó a soldados SEAL de la Armada de Estados Unidos. O pueden votar por Joe Biden, un hombre que, como Obama, todos los días se esforzará por sanar las heridas, y estoy seguro de que lo hará con dignidad y gracia.

This article originally appeared in The New York Times.

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