Opinión: Presidente Biden, miles de refugiados lo están esperando

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ELIMINAR EL LÍMITE DE ADMISIONES DE REFUGIADOS ES TAN SOLO EL PRIMER PASO PARA REPARAR UN SISTEMA DAÑADO POR LA ADMINISTRACIÓN ANTERIOR.

Cuando el presidente estadounidense, Joe Biden, asumió el cargo, los refugiados en el sistema de reasentamiento estadounidense sintieron que finalmente había buenas noticias. Nuestra clienta Faida, quien escapó de la persecución en la República Democrática del Congo, tenía seis meses de embarazo cuando le informaron que había cumplido con los requisitos legales y había pasado todas las verificaciones médicas, de antecedentes y de seguridad y que se le permitiría reasentarse en Estados Unidos. Incluso ya tenía un boleto de avión y contaba los días que faltaban para estar en su nuevo hogar en Pittsburgh, donde se reuniría con familiares y amistades.

No obstante, el presidente Biden esperó demasiado tiempo para firmar los documentos para reiniciar el programa de refugiados. La fecha de viaje de Faida llegó y nada sucedió. Mientras tanto, el bebé de Faida nació (un bebé saludable que ahora necesita obtener sus propios documentos para reasentarse). Como todo en el reasentamiento de refugiados, esto tomará tiempo. En el ínterin, Faida continúa esperando en un campo para refugiados del este de África.

No está sola. Más de 715 refugiados cuyos casos ya fueron analizados y aprobados sufrieron la cancelación de sus planes de viaje antes de que el presidente Biden finalmente actuara para revisar el límite de refugiados para 2021 el 3 de mayo, cuando elevó el número de refugiados que Estados Unidos admitiría a 62.500 de la cifra históricamente baja de 15.000 fijada por su predecesor. Durante la historia de cuarenta años del programa estadounidense de reasentamiento de refugiados, los objetivos promedio de admisiones anuales eran de 95.000 al año, antes de desplomarse durante la administración del ahora expresidente Donald Trump.

En un momento en el que el número de personas desplazadas a nivel mundial es el más alto que se haya registrado, nos alivia pensar que el presidente Biden está comprometido con recibir más refugiados en Estados Unidos este año.

No obstante, elevar el límite anual de reasentamiento de refugiados es tan solo el primer paso para reconstruir un programa complejo que implica la coordinación de varias agencias gubernamentales de Estados Unidos, la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), así como organizaciones no gubernamentales en Estados Unidos y otros países. Esto requerirá un gran esfuerzo y recursos. Después de todo, la administración previa hizo todo lo que pudo para desmantelar la infraestructura que apoyaba cada paso en el proceso de reasentamiento de refugiados.

El retraso de casi cuatro meses de la administración de Biden para incrementar el límite de reasentamiento costó tiempo valioso. Para que Estados Unidos cumpla con su compromiso de recibir y proteger a 62.500 refugiados este año fiscal y 125.000 en el año fiscal 2022, el sistema entero necesita atención e inversión inmediatas.

Primero, debemos incrementar la capacidad. El Departamento de Seguridad Nacional mantiene un cuerpo de agentes para refugiados altamente capacitados, el cual tienen la labor de viajar por todo el mundo para asegurarse de que cada refugiado que es considerado para reasentamiento en Estados Unidos cumpla con nuestros estrictos requisitos legales y de seguridad. Sin embargo, debido a que las admisiones de refugiados han sido tan escasas durante tanto tiempo, cientos de agentes tendrán que ser capacitados y preparados para su despliegue antes de poder operar en campo de nuevo. El Departamento de Estado colabora con agencias extranjeras que administran los que son conocidos como Centros de Asistencia de Reasentamiento. Estos centros comienzan con el proceso de reasentamiento al comunicarse con la ACNUR y los refugiados, recopilar información y preparar cada caso para la revisión de un agente. Después, el Departamento de Salud y Servicios Humanos trabaja en conjunto con los estados y las comunidades locales que reciben a los refugiados. Esta capacidad necesita ser revivida después de cuatro años de una falta casi total de uso.

Después, la atención de Estados Unidos debe centrarse en las agencias sin fines de lucro como la Sociedad de Ayuda al Inmigrante Hebreo (HIAS, por su sigla en inglés), que han ayudado durante décadas a refugiados a comenzar su vida en el país. A pesar de que hicimos todo lo posible por preservar nuestra capacidad y nuestras conexiones comunitarias, los agentes de reasentamiento en las nueve agencias de reasentamiento se han reducido un tercio en los últimos cuatro años. Hemos perdido relaciones críticas con la infraestructura que nos permite reasentar exitosamente a aquellos que llegan aquí: los caseros que pueden proporcionar viviendas a un precio razonable y los negocios dispuestos a emplear a refugiados, junto con las conexiones con proveedores de atención médica y escuelas. Los miembros experimentados del personal (de quienes muchos fueron refugiados) han tenido que encontrar otros trabajos. Aun así, nunca hemos disminuido nuestro compromiso; miles de voluntarios que trabajan con refugiados claman por hacerlo de nuevo.

El Congreso también puede ayudar al asegurarse de que la vida y la seguridad de los refugiados, como Faida, que confían en que Estados Unidos los protegerá, no sean politizadas ni puestas en peligro por alguno de los próximos presidentes de Estados Unidos. El compromiso del pueblo estadounidense de recibir a los perseguidos no debería ser un interruptor que se pueda encender o apagar cada cuatro años. El Congreso debería aprobar la Ley GRACE, que fijaría un mínimo estatutario para admisiones de refugiados y requeriría que el presidente tome en cuenta las necesidades globales de reasentamiento de los refugiados cuando considere la respuesta estadounidense apropiada.

Necesitamos recordar que los refugiados son personas, en su mayoría familias, que son perseguidas por quiénes son o en qué creen, y que huyen de sus hogares y dejan todo atrás. Además, es poco probable que el número de refugiados en todo el mundo disminuya en el futuro cercano o a largo plazo. Es por eso que necesitamos hacer crecer nuestro programa de reasentamiento y estar listos. Recibir personas que necesitan nuestra ayuda y que sabemos que contribuyen tanto a nuestro país está en el núcleo de quiénes somos como estadounidenses. Es una inversión que vale la pena hacer.

Esperamos que no pase mucho tiempo antes de que las amistades y los familiares que aguardan a Faida puedan recibirla junto con su hijo en Pittsburgh.

This article originally appeared in The New York Times.

© 2021 The New York Times Company