Opinión: No hay nada bueno en los planes de Facebook de enganchar a los niños

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Facebook estuvo el jueves en el Capitolio para recibir su reprimenda casi constante del Congreso sobre cómo sus servicios son negativos para Estados Unidos.

“Facebook es igual que las grandes tabacaleras, impulsando un producto que saben que es perjudicial”, dijo el senador Ed Markey, demócrata de Massachusetts, y dijo que su plataforma para compartir fotos debería llamarse “Insta-greed” (una combinación de las palabras “Instagram” y “avaricia”, en inglés).

“Nuestros productos realmente añaden valor y enriquecen la vida de los adolescentes, les permiten conectarse con sus amistades y familiares”, insistió sin convicción Antigone Davis, responsable mundial de seguridad de Facebook.

Después de las innumerables comparecencias arrepentidas de Facebook ante el Congreso, ya ni siquiera hace buen teatro. Es una pena, porque la audiencia se centraba directamente en los usuarios más vulnerables de la tecnología: los niños.

Antes de la comparecencia, Facebook anunció que pondría una pausa al trabajo en una polémica aplicación diseñada para enganchar a los jóvenes a Instagram.

Si le creemos a Facebook, la planeada aplicación Instagram Kids incluiría controles para garantizar que lo peor de Instagram —la crítica del cuerpo, el troleo, el acoso, el racismo, la publicidad dirigida— quede fuera en favor de una versión antiséptica adecuada para niños de 12 años o menos.

Pero, ¿quién puede confiar en Facebook después de años de perniciosa recolección de datos y de disimular el funcionamiento interno de su alardeada Sección de noticias? Una y otra vez, las filtraciones de la empresa han demostrado que ignoró los indicios de que sus aplicaciones siembran odio, fomentan el extremismo y difunden ampliamente información errónea y peligrosa.

Facebook “antepone sistemáticamente los beneficios a la seguridad de los niños en internet”, dijo el senador demócrata Richard Blumenthal. “Ahora sabemos que elige el crecimiento de sus productos por encima del bienestar de nuestros niños”.

Está claro que una pausa no es suficiente: las aplicaciones de redes sociales para niños simplemente no están preparadas para su momento estelar. Solo sirven para tender un puente hacia las aplicaciones principales, donde se producen las cosas geniales y adultas, y para enganchar a los jóvenes. (Mis propios hijos evitan la aplicación YouTube Kids como si fueran espinacas). Y en lugar de abordar los problemas sistémicos de sus sitios principales, las aplicaciones endilgan más responsabilidad a los padres que no tienen un ejército de moderadores a su servicio.

Ante el Senado, Davis de Facebook detalló una lista de características de diseño, políticas y otras disposiciones necesarias para proteger a los adolescentes y a los niños más pequeños de los peligros de sus servicios mientras los utilizan. ¿Quizás Facebook debería interpretar esto como una señal de que sus productos son una mala idea para los niños?

Instagram, en particular, es un centro de ansiedad juvenil y de problemas de salud mental. Las propias investigaciones de la empresa indican que la aplicación agrava los problemas de imagen corporal de casi un tercio de las adolescentes que los padecen, según un reciente informe del Wall Street Journal. Igualmente preocupante es que Facebook parece haber procedido sin consultar plena y adecuadamente a los expertos en seguridad infantil. Adam Mosseri, el jefe de Instagram, dijo que la pausa “nos dará tiempo para trabajar con los padres, los expertos, los responsables políticos y los reguladores”. ¿No era ese el plan desde el principio?

De todos modos, no es probable que Facebook haga caso a los consejos de los expertos. La empresa siguió adelante con su aplicación Messenger Kids a pesar de las protestas de los expertos en salud, que dijeron que podría ser perjudicial para la salud de los usuarios.

“El objetivo es simplemente captar el mayor número de usuarios y convertirse en el intermediario de nuestras interacciones sociales”, comentó Priya Kumar, profesora adjunta de la Universidad Estatal de Pensilvania que estudia el impacto de la tecnología en las familias. También es probable que alimente la maquinaria publicitaria de Facebook, al proporcionar más información para servir a los padres anuncios específicos en sus sitios principales.

Las empresas saben que las versiones para niños de sus aplicaciones llevarán rápidamente a los niños a las aplicaciones principales, donde pueden recibir publicidad dirigida y ser presa de sus planes de recopilación de datos, como todo el mundo. YouTube acordó pagar 170 millones de dólares en 2019 para resolver las acusaciones de que ofrecía publicidad dirigida a niños menores de 13 años y recopilaba su información personal. Eso fue cuatro años después del despliegue de YouTube Kids, que pretendía mantener a los niños fuera del sitio principal de transmisión continua de video. No fue precisamente un éxito rotundo.

La aplicación Messenger Kids de Facebook para chatear en línea permitía a algunos niños unirse a grupos con desconocidos. La investigación de la empresa para justificar el proyecto de seguridad infantil se realizó principalmente con grupos y personas con los que Facebook tenía vínculos financieros, según Wired.

La directora ejecutiva de YouTube, Susan Wojcicki, afirmó recientemente que el sitio de transmisión de videos era “valioso” para la salud mental de los adolescentes, como medio para desestigmatizar temas delicados. No obstante, una lección de la serie del Journal sobre Facebook es que las declaraciones públicas de las empresas tecnológicas no suelen coincidir con sus datos privados.

Mosseri y otros dicen que sus productos para niños son un bálsamo necesario para un problema irresoluble: los niños pueden mentir sobre su edad para usar las aplicaciones o simplemente usar las cuentas de sus padres o amigos, lo que dificulta el filtrado de contenidos censurables. Seguramente, Facebook, que parece conocer mis pensamientos más íntimos, debe tener una idea de quién utiliza sus servicios en un momento dado.

Lo cierto es que Facebook, YouTube, TikTok y otras empresas buscan un crecimiento continuo. Aprovechar el grupo etario de las escuelas primarias ayuda a asegurar un catálogo de nuevos usuarios que se graduarán rápidamente a las propiedades más rentables de las plataformas.

Por eso las empresas no se han esforzado en limpiar sus aplicaciones principales: hay demasiado dinero en juego. Pero cuando se ven forzadas, encuentran rápidamente formas creativas de ajustarse a la normativa local. Una ley que entró en vigor en el Reino Unido este mes para proteger mejor a los jóvenes provocó una avalancha de nuevas medidas de privacidad por parte de los gigantes tecnológicos, incluyendo la exigencia de que los usuarios de Instagram confirmen su fecha de nacimiento antes de utilizar la aplicación.

Sin una ley de privacidad exhaustiva, Estados Unidos ha dejado en gran medida que las empresas se autorregulen. Con el mismo esfuerzo y compromiso financiero que han hecho para crear (y defender) las versiones para niños de sus aplicaciones, las empresas de redes sociales deberían haber ideado mejores sistemas de verificación de edad.

Los legisladores tienen la obligación de proteger a nuestros hijos exigiendo un mejor software de verificación de la edad y presionando para que se realicen otros cambios en el diseño, como detener las funciones de reproducción automática que pueden llevar a los usuarios adolescentes a caer en videos de extremistas y a una mayor transparencia sobre los datos que se recogen de los menores y cómo se utilizan. Deberían considerar la posibilidad de agilizar las propuestas de actualización de la Ley de Protección de la Privacidad de los Niños en Internet, que lleva mucho tiempo en vigor, como, por ejemplo, el refuerzo de los controles de la publicidad dirigida a los niños.

Mosseri tiene razón en una cosa: Facebook y sus competidores han creado servicios irresistibles para los adolescentes y los niños más pequeños, y los niños los encontrarán por las buenas o por las malas. Y los datos de su empresa muestran que hay suficiente daño en permitirles entrar en su aplicación principal.

La indignación en efecto está presente en el Capitolio. Esperemos, por el bien de nuestros hijos, que no sean solo palabras.

© 2021 The New York Times Company

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