Opinión: Obamacare contra los zombis republicanos

Paul Krugman

Los casos de COVID-19 están aumentando en los estados que siguieron el consejo de Donald Trump y reabrieron sus negocios demasiado pronto. Esta nueva oleada (¿podemos llamarla una segunda ola?) está afectando, en promedio, a personas más jóvenes que la oleada inicial en el noreste de Estados Unidos. Tal vez a consecuencia de eso, el aumento de las infecciones no se ha reflejado en un aumento comparable de las muertes, aunque tal vez eso sea cuestión de tiempo.

Sin embargo, cada vez hay más pruebas de que incluso los que sobreviven a la COVID-19 pueden sufrir efectos adversos a largo plazo: fibrosis pulmonar, problemas cardiacos y quizás trastornos neurológicos.

Y si el gobierno de Donald Trump se sale con la suya, podría haber otra fuente de daños a largo plazo: la incapacidad permanente de obtener un seguro médico.

De manera sorprendente, la semana pasada el gobierno reafirmó su apoyo a una demanda que busca anular la Ley de Atención Médica Asequible, que, entre otras cosas, eliminaría la protección para los estadounidenses con enfermedades preexistentes. De tener éxito, la COVID-19 sería seguramente una de las enfermedades preexistentes que dificultaría, si no es que imposibilitaría, adquirir un seguro médico a quienes hayan padecido esta enfermedad.

Ahora, el argumento jurídico para sustentar esto es más que endeble: la demanda alega que el recorte de impuestos de 2017 invalidó la ley en la práctica, a pesar de que esa no era la intención del Congreso. Pero con una mayoría conservadora en la Corte Suprema, nadie sabe qué pasará. Y el apoyo de Trump a la demanda deja claro que si resulta reelegido hará todo lo posible para destruir Obamacare.

No hay de qué preocuparse, dice el presidente. En los tuits del fin de semana insistió en que se le ocurriría una alternativa al Obamacare “MUCHO MEJOR Y MUCHO MENOS CARA” y que además protegería a los estadounidenses con enfermedades preexistentes.

No obstante, desde que asumió la presidencia ha estado afirmando que tiene una alternativa mucho mejor que Obamacare. Los republicanos en el Congreso, que votaron para revocar esa ley 70 veces durante los años de Obama, han venido diciendo lo mismo desde hace más de una década.

A pesar de ello, de alguna manera, la gran alternativa a la Ley de Atención Médica Asequible nunca se ha materializado. En 2017, cuando el Partido Republicano por fin estuvo a punto de revocar la ley (y fracasó solo gracias a un cambio de opinión de último minuto del senador John McCain), el plan propuesto habría eliminado la cobertura de las enfermedades preexistentes y añadido a 23 millones de estadounidenses a las filas de los no asegurados.

En otras palabras, la insistencia de los republicanos en que tienen una alternativa superior a Obamacare es una mentira zombi: una afirmación que debería estar muerta después de que se ha probado una y otra vez que es falsa, pero que todavía está dando tumbos, carcomiendo los cerebros de la gente.

¿Pero por qué los republicanos no pueden encontrar una mejor alternativa al Obamacare? ¿Será solo por incompetencia? Puede ser, pero incluso si supieran lo que están haciendo, no podrían elaborar un mejor plan, porque eso no existe. En específico, a menos que estén dispuestos a moverse a la izquierda en vez de a la derecha, optando por un pagador único, la única manera de garantizar la cobertura para los estadounidenses con enfermedades preexistentes es un sistema muy parecido a Obamacare.

La lógica aquí ha sido clara desde el principio. Para asegurar la cobertura de las personas con enfermedades preexistentes, hay que prohibir a las aseguradoras discriminar a las personas con base en su historial médico. Pero eso no es suficiente: a fin de proveer un fondo común decente para los riesgos, también hay que convencer a las personas sanas de inscribirse, de preferencia mediante subsidios y una multa por no tener seguro. En otras palabras, necesitamos un sistema que sea básicamente como Obamacare.

El recorte de impuestos de 2017, que eliminó el mandato individual y la multa por no tener seguro médico, debilitó el sistema; esto puede verse con el hecho de que los estados, como Nueva Jersey, que impusieron sus propios mandatos vieron una caída en las primas de seguro. Pero el diseño de los subsidios, que protegieron a la mayoría de las personas del aumento en las primas, contuvo el daño: el porcentaje de estadounidenses sin seguro médico, que disminuyó de manera significativa como resultado de Obamacare, sigue siendo casi históricamente bajo.

Entonces, ¿hay alguna alternativa a Obamacare? Por supuesto que la hay. Podríamos volver a ser un país en el que las personas con enfermedades preexistentes y/o bajos ingresos no pueden obtener seguro médico, donde para una gran fracción de la población la enfermedad o no se trata o te lleva a la bancarrota. Eso significaría, en parte, que Estados Unidos se convirtiera en un país en el que los estadounidenses que se contagiaron de COVID-19 durante la pandemia ya no podrían tener seguro médico el tiempo que les quedara de vida.

De hecho, la verdadera meta del Partido Republicano es convertirnos de nuevo en ese tipo de país y es lo que sucederá si el partido se sale con la suya, ya sea como resultado de la actual demanda o mediante legislaciones durante un segundo periodo de Trump en la presidencia.

Los republicanos no pueden admitir que ese es su objetivo. En su mayoría, la gente está a favor de que se otorgue protección a los estadounidenses con enfermedades preexistentes, así que los políticos de derecha tienen que fingir que pueden otorgarles eso mientras desmantelan las regulaciones y subsidios que tal protección requiere. Y tienen que rezar para que los electores no recuerden que durante más de una década han estado prometiendo un plan, sin cumplir.

Esperemos que el electorado sea más inteligente. Si me engañas una vez, la culpa es tuya. Si me engañas 70 veces y contando, la culpa es mía.

This article originally appeared in The New York Times.

© 2020 The New York Times Company