Opinión | Mudanza en la representación popular

Ignacio Ruelas Olvera
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La representación popular es ancla de la Nación, de la Patria, del Estado de Derecho Democrático, ella dispone, el Poder Ejecutivo solo propone. En ese algoritmo está su riqueza, es edificio esencial del sistema representativo; es precisamente ahí donde del diálogo civilizado toman rostro las fuerzas sociales que se incorporan al debate contemporáneo, fue el espacio público de la transición a la democracia desde el procedimiento. Es en esa tribuna donde los cambios fluyen y operan a pesar de las circunstancias, al menos así debería ser. Con voluntad política y una ética sin prejuicios morales, es decir con carácter, de ese espacio deliberativo es donde pueden nacer las nuevas relaciones o formas de régimen. Ese espacio es sagrario de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos. El respeto a la Constitución ha sido garante de los cambios, ¡no lo podemos perder!

Es en la representación popular donde se discute el papel que desempeña el Estado en la consolidación de la democracia y su futuro. Los parlamentos del mundo se han apresurado a revisar y proyectar el tiempo de las asambleas en el presidencialismo y el parlamentarismo. Mucho se reflexiona día a día sobre el comportamiento de los legisladores, la ausencia de compromiso con los valores democráticos, con la alteridad y lealtad a la que están comprometidos con el pueblo, en términos generales. En las tribunas de los congresos se dialoga y se debate sobre las transiciones y consolidaciones políticas. Los medios de comunicación encuentran que hay una aportación siempre y exacerbada de especulación e incoherencias en las relaciones entre el poder ejecutivo y el legislativo. Se refieren siempre a la cantidad de votos y no a laos argumentos y naturaleza de las discusiones; tengamos presente que esa relación de poderes no depende de arreglos institucionales, tampoco del diálogo entre partidos políticos. El reloj de la democracia nos dice que llegó la hora de un poder legislativo con rostro de dignidad que muestre la cara de lo que representa, es la voz del interés general, es el voto parlamentario de la verdad y las virtudes, de un órgano colegiado coherente, lucido, inteligente, cultural y emocional. Es en “San Lázaro” donde las consolidaciones son trascendentes y las transiciones la respuesta a una vida compartida virtuosa.

Llegó la hora de la mudanza ética del papel de la representación popular y su vinculo con el porvenir de la democracia desde su calidad. Es preciso que no se amenace ni se amague con los votos de las mayorías, es la hora de los consensos cualificados, “sin cuotas, ni guantes, ni moches” por acuerdos de inversiones en políticas públicas. Es tiempo de ejercicio de la política como la mejor formula de trabajo colectivo, los esquemas de trabajo no son distintas del ámbito privado de empresas o universidades, las comisiones en todo trabajo colegiado son adelantos del rumbo de las discusiones que no sustituyen al pleno cuya autoridad se gesta cuando e sesiona públicamente, adelantar documentos serios, con verdades, sistémicos, agiliza y da dignidad publica a los debates, del “ad hominem al pro hominem”, incita el respeto y compromiso de la función representativa. Es la hora de la dignidad política, el diálogo ríspido, si es necesario, pero respetuoso necesariamente para agiles respuestas a las reivindicaciones de las necesidades populares.

El tiempo nos alcanzó, se requiere archivar para la historia las viejas y obsoletas formas camarales, entronizar la transparencia, los reportes cotidianos del manejo de recursos en todos sus ámbitos en una caja de cristal para información colectiva, sin mentiras, sin dilaciones, sin enmendaduras, sin trampas de votación. Es la hora de un nuevo encuentro civilizado entre poderes, entre gobierno y oposiciones. Las burlas, las ironías, no sustituyen el diálogo democrático, pauperizan la política al grado de escándalo y espectáculo; las ruedas de prensa no sustituyen los trabajos del Estado, la Carta Magna ordena la información y prohíbe la propaganda y la publicidad de los gobernantes. Es simple, la política es acción ciudadana, no es franquicia de poderosos, llegó la hora de desmitificar el diálogo hacerlo fluido, sobre todo entre lo que está partido con el compromiso de ser oposiciones, y que éstos respeten al gobernante; en una nuez, darle autoridad, certeza, confianza, credibilidad. Es tiempo de comunicación abundante, es tiempo de nueva casulla de la Representación Popular y que esta se sintonice con la velocidad de la luz, nuestra nueva realidad.

Los poderes públicos, los organizamos constitucionales autónomos deben ser fuertes y empoderados. El Estado mexicano debe ser consistente, eficaz, especializado, digno, coherente… es el momento de afianzar a nuestras instituciones adaptarlas a las nuevas circunstancias, a su vertiginosidad, a sus nuevos paradigmas, pueblo y gobierno frente a los problemas nacionales, ¡unidos por la Patria! Debemos darnos una democracia de mayor calidad. La prueba será el 6 de junio.