Opinión: ¿La madre Teresa era la líder de una secta?

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Durante los años de la presidencia de Trump, hubo un cierto auge de documentales sobre sectas. Se hicieron al menos dos series de televisión y un pódcast sobre NXIVM, una organización que era mitad proyecto de mercadotecnia multinivel, mitad camarilla de abuso sexual. Netflix estrenó “Wild Wild Country”, una serie documental de seis episodios sobre el complejo de Bhagwan Shree Rajneesh en Oregon. Heaven’s Gate fue el tema de una serie de cuatro episodios en HBO Max y un pódcast de 10 capítulos. De hecho, ha habido últimamente tantos pódcast sobre cultos que sitios web como Oprah Daily han publicado listados con los mejores.

En muchos sentidos, el impactante pódcast nuevo “The Turning: The Sisters Who Left”, que se estrenó el martes 18 de mayo, se desarrolla como una de estas series. Inicia con una mujer, Mary Johnson, que espera poder escapar de la orden religiosa en la que vive. “Siempre salíamos de dos en dos. Nunca se nos permitió simplemente salir a caminar y hacer algo”, explica Johnson. “Es por eso que no habría podido, ya sabes, dar más de cinco o seis pasos antes de que alguien corriera hacia mí y me preguntara: ‘¿A dónde vas?’”.

Johnson vio una oportunidad para escapar cuando tuvo que acompañar a otra mujer al hospital, donde había una habitación llena de ropa vieja que los pacientes dejaban. Y aunque elaboró un plan para cambiar su uniforme religioso por un atuendo civil y huir, no lo llevó a cabo.

Lo que hace que “The Turning” sea tan fascinante es aquello de lo que Johnson quería huir. Johnson pasó 20 años en las Misioneras de la Caridad de la Madre Teresa antes de abandonar la congregación a través de canales oficiales en 1997. “The Turning” retrata la orden de la santa monja —la madre Teresa fue canonizada en 2016— como un hervidero de abuso psicológico y coerción. Plantea la pregunta de si la diferencia entre una comunidad monástica estricta y una secta radica simplemente en la aceptación social de la fe operativa.

“Las Misioneras de la Caridad, de varias maneras, tienen muchas de las características de esos grupos que reconocemos con facilidad como sectas”, me dijo Johnson. “Pero debido a que proviene de la Iglesia católica y está fuertemente identificada con la Iglesia católica, que en general es una religión y no un culto, las personas tienden a asumir de inmediato que eso de ‘secta’ no es aplicable en este caso”.

“The Turning” no es ni de lejos el primer trabajo periodístico que cuestiona la sagrada reputación de la madre Teresa. Christopher Hitchens la fustigó y la calificó de “demagoga, oscurantista y sierva de los poderes terrenales” en su libro de 1995 “La posición del misionero” (también colaboró con el escritor y cineasta Tariq Ali en un cortometraje documental sobre la madre Teresa llamado “El ángel del infierno”). Un médico nacido en Calcuta de nombre Aroup Chatterjee hizo una segunda carrera de arremeter contra la crueldad y la suciedad en los hogares para los pobres que la madre Teresa dirigió en su ciudad.

Ellos y otros críticos han argumentado que la madre Teresa convertía en fetiche el sufrimiento en lugar de buscar aliviarlo. Chatterjee describió a niños atados a las camas en un orfanato de las Misioneras de la Caridad y a pacientes a los que solo se les daba aspirina para mitigar sus dolores en la Casa de los Moribundos. “Él y otros afirmaron que la madre Teresa había llevado al extremo su adhesión a la frugalidad y la simplicidad en su labor, hasta el punto de permitir prácticas como la reutilización de agujas hipodérmicas y tolerar instalaciones primitivas en las que los pacientes defecaban uno frente al otro”, reportó The New York Times. (Según informes, las prácticas de higiene mejoraron tras la muerte de la madre Teresa. Chatterjee le dijo al Times que se había eliminado la práctica de reutilizar agujas).

Lo que hace único a “The Turning” es su enfoque en la vida interna de las Misioneras de la Caridad. Las exhermanas describen una obsesión por la castidad tan intensa que cualquier tipo de contacto físico humano o amistad estaba prohibido; según Johnson, la madre Teresa incluso les dijo que no tocaran más de lo necesario a los bebés que cuidaban. Se esperaba que se azotaran con regularidad —una práctica llamada “la disciplina”— y solo tenían permitido salir a visitar a sus familias una vez cada 10 años.

Una exmonja de las Misioneras de la Caridad llamada Colette Livermore recuerda que en una ocasión no le dieron permiso para visitar a su hermano en el hospital a pesar de que se creía que iba a morir. “Quería irme a casa, pero, ya sabes, no tenía dinero y tenía completamente rapada la cabeza, aunque eso no me habría detenido. No tenía ropa normal”, dijo. “Es extraña la manera en la que estás completamente aislada de tu familia”. Al hablar de su experiencia, Livermore utilizó el término “lavado de cerebro”.

“Yo no mencioné la palabra ‘secta’”, me dijo Erika Lantz, la presentadora del pódcast. “Fueron algunas de las exhermanas quienes lo hicieron”. Esto no significa que sus opiniones sobre la madre Teresa o las Misioneras de la Caridad sean totalmente negativas. Los sentimientos que guardan hacia la mujer a la que alguna vez glorificaron y el movimiento al que dieron años de su vida son complejos, y por eso en el pódcast se percibe más melancolía que resentimiento.

“Todavía siento mucho afecto por las mujeres que están allí, así como por las que se han ido, obviamente más por algunas que por otras”, me contó Johnson. “Pero del grupo en su conjunto, lo que me pone muy muy triste es ver cuánto se han desviado del impulso inicial de la madre Teresa”. Es bien sabido que la madre Teresa solía decir: “Hagamos algo hermoso por Dios”. Johnson dijo que eso “fue más o menos el espíritu de la organización al principio. Pero a lo largo de los años se desvirtuó demasiado”.

No todas estas historias son nuevas; tanto Johnson como Livermore han escrito memorias. Sin embargo, ahora tenemos un nuevo contexto para ellas. Hay un aumento del interés en las sectas, probablemente motivado por el hecho de que durante cuatro años Estados Unidos fue gobernado por un estafador sociópata con un magnetismo oscuro que envolvió a gran parte del país en una peligrosa realidad alternativa. Además, existe un impulso más generalizado en la cultura estadounidense por exponer las relaciones de poder inicuas y reexaminar a las figuras históricas veneradas. Vista a través de un lente laico contemporáneo, una comunidad construida en torno a una fundadora carismática y dedicada a la exaltación del sufrimiento y la aniquilación de la individualidad femenina no parece ser algo bendito o celestial. Parece algo más bien siniestro.

Una hermana citó a la madre Teresa: “Para que el amor sea real, tiene que doler”. Si escucharas esas mismas palabras de la boca de cualquier otro gurú, sabrías muy bien en qué terminaría el asunto.

This article originally appeared in The New York Times.

© 2021 The New York Times Company

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