Opinión: La lección que nos dio el caso de GameStop se veía venir desde hace tiempo

Kevin Roose
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Esta semana, la noticia más destacada en los mercados financieros ha sido la ridícula historia de telenovela, tan surreal que parece producto de una alucinación, sobre la minorista de juegos de video en dificultades GameStop que se convirtió en la soga de un juego millonario de estira y afloja entre los trajeados de Wall Street y una turba de internet con una misión muy clara.

La explicación más sencilla de lo sucedido es que un montón de maldosos que conviven en línea en el foro de Reddit r/WallStreetBets (un grupo que se describe como un clan de depravados con nombres de usuario del estilo de “dumbledoreRothIRA” y “Coldcutcombo69”) decidieron que sería divertido y estaría totalmente justificado (e incluso podría resultar redituable, aunque eso era mucho menos importante) impulsar al alza el precio de las acciones de GameStop con el objetivo de causar pánico entre los adinerados fondos de cobertura que le habían apostado a que esas acciones bajarían de precio, y forzarlos a recomprar esas acciones en un ataque de desesperación.

La estrategia funcionó. En solo dos días, las acciones de GameStop se convirtieron en las más negociadas del mundo, e incluso Elon Musk y la representante Alexandria Ocasio-Cortez expresaron su apoyo a esta revuelta. Por su parte, los usuarios de r/WallStreetBets comenzaron a publicar capturas de pantalla en las que mostraban cómo se había inflado de repente el saldo de sus cuentas bancarias. El usuario de Reddit que concibió el esquema, cuyo nombre no puede imprimirse en un periódico familiar, afirma que su inversión inicial de 50.000 se multiplicó a más de 40 millones de dólares. Uno de los fondos de cobertura que tenía posiciones cortas sobre las acciones de GameStop, Melvin Capital, se vio obligado a obtener un rescate de 2750 millones de dólares de otros dos inversionistas tras el tremendo impacto que sufrió por las pérdidas abrumadoras.

Dependiendo de quién la describa, la saga de GameStop es una historia admonitoria sobre un puñado de nerdos temerarios que consiguieron desestabilizar el mercado bursátil por mera diversión, en una acometida que podría resultar de lo más contraproducente, o una fábula del estilo de David y Goliat cuya moraleja se refiere a una osada horda de inversionistas minoristas que idearon un plan brillante con el que consiguieron engañar a las élites financieras corruptas (la verdadera historia se encuentra en algún punto entre estas dos versiones). Es verdad que, desde cierta perspectiva, podría considerarse una especie de “venganza de los nerdos”; sin embargo, también hay muchos inversionistas ricos que se beneficiaron por lo ocurrido con GameStop igual que los estudiantes de preparatoria y chefs de estación.

Sin importar cuál interpretación prefieras, lo más inusual de este episodio en que una pandilla pendenciera de usuarios de Reddit se atrevió a retar a Wall Street es que haya tardado tanto en suceder. Este tipo de revolución populista (insurgentes de internet jubilosos por haber logrado humillar a la clase dominante, que ni siquiera vio venir el ataque) ha ocurrido desde hace años, y contra muchas instituciones poderosas.

De hecho, es más difícil pensar en un pilar de la élite global que no haya sido aplastado por una estampida similar en años recientes. Editoriales, estudios cinematográficos y cadenas de restaurantes por igual se han visto forzados a ceder poder, en cierta forma, ante sus críticos en línea. Los activistas de internet también han transformado nuestra política: adolescentes usuarios de TikTok intervinieron en mítines presidenciales y creadores de memes dedicados a emitir en continuo por Twitch irrumpieron en el Capitolio.

Independientemente de sus propósitos (cambiar el precio de algunas acciones, modificar los resultados de unas elecciones presidenciales, lograr que cambien los gráficos de una película de Sonic el erizo), estas revoluciones en internet por lo regular siguen un patrón similar. Un buen día, un grupo decide hacer algo en contra de un sistema que considera inmoral o corrupto. Los miembros identifican puntos específicos de debilidad estructural (un partido político vulnerable, un director de estudio con aversión al riesgo, una posición corta con demasiada exposición) e idean una manera creativa de explotarla, para lo cual aprovechan las redes sociales y su visibilidad. Si hay suficientes personas con una gran motivación para seguir empujando en la misma dirección, al final vencen... o reciben suficiente atención para hacerles sentir que vencieron.

Wall Street es una de las últimas instituciones poderosas en sufrir los excesos de los populistas en línea, en parte porque tenía una barrera más alta para protegerse de las incursiones. Cualquier persona con conexión a internet y una cuenta de Twitter puede arrancar una campaña hashtag, pero como negociar acciones requiere dinero (así como cierta experiencia y tiempo de dedicación), casi se dejó en manos de los profesionales.

Eso cambió con el surgimiento de las aplicaciones de teléfono móvil para negociar acciones, como Robinhood, que permite realizar operaciones libres de comisiones y da acceso a una interfase con la que impulsar al alza el precio de algunas acciones (fenómeno llamado “gamma squeeze”) es igual de fácil que ordenar un burrito de Uber Eats. En un abrir y cerrar de ojos, millones de aficionados tenían la capacidad de organizarse, obtener su propia investigación de mercado y tesis de inversión, generar entusiasmo en hilos de Reddit y videos de TikTok y entrar al casino con la gente mayor (que tener acceso a las mesas con los jugadores más derrochadores sea positivo para sus finanzas es otro tema totalmente distinto).

Observar el dramatismo del caso de GameStop me hizo reflexionar en el fenómeno que Martin Gurri llama “la revuelta del público”. Gurri afirma en su obra que el internet les ha dado poder a los ciudadanos ordinarios porque ha puesto a su alcance nueva información y nuevas herramientas, las cuales emplean para descubrir las fallas de los sistemas y las instituciones que rigen su vida. Una vez que identifican estas flaquezas, escribe, por lo regular estos ciudadanos se rebelan, movidos por la rabia que les causa que les hayan mentido y ocultado cosas, y terminan por derribar a las élites y las instituciones dominantes.

Según describe Gurri, el resultado es una especie de nihilismo vengativo, caracterizado por un profundo deseo de arrasar con la clase dominante, pero sin la menor idea de qué podría remplazarla.

A mí, eso me suena muy parecido a lo que sucedió con GameStop. Un grupo de inversionistas al por menor, armados con herramientas e información a las que no tenían acceso antes y que les permiten competir en igualdad de circunstancias con los profesionales, ahora pueden ver de tú a tú a los Amos del Universo y piensan para sí: “¿De verdad? ¿Esos tipos mandan en el mercado?”.

En otras palabras, no se trata de una simple burbuja especulativa o una broma insulsa, sino de una verdadera crisis de autoridad. Así que, aunque las acciones de GameStop se desplomen o los reguladores se aparezcan para ponerle fin a la juerga, este grupo de operadores aficionados decepcionados seguirá intentando crear caos entre las élites que, en su opinión, han obtenido ganancias a su costa desde hace décadas.

Quizá los rebeldes no ganen al final de la historia. El poder institucional por lo regular reafirma su posición después de las conmociones repentinas. Al final, llega la guardia nacional, el director del estudio muestra las agallas y los reguladores aparecen en escena. Ya comenzamos a ver señales de que a los fanáticos de GameStop se les agota la energía. El 27 de enero, la aplicación de mensajes Discord que los operadores aficionados de Reddit habían transformado en su casino virtual impuso una prohibición en contra del servidor de Wall Street Bets, por supuestas violaciones a su política sobre el discurso de odio. El 28 de enero, la aplicación Robinhood, cuya marca pública se basa por completo en mensajes de respaldo “a la gente común y corriente”, bloqueó a sus usuarios para impedirles comprar acciones de GameStop y muchas otras que la turba de r/WallStreetBets tenía en la mira.

De cualquier forma, para los corredores inexpertos de Reddit, la victoria más importante era de carácter simbólico. Aunque pierdan hasta la camisa, ya demostraron que, con pasión suficiente y emojis de cohetes, una turba de depravados irreverentes y profanos (repito, son sus palabras, no las mías) puede poner de cabeza al mercado bursátil.

Las hordas ya están aquí, y Wall Street nunca volverá a ser el mismo.

This article originally appeared in The New York Times.

© 2021 The New York Times Company