Opinión: ¿Fueron justas mis críticas en contra de Israel?

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Cuando escribí un par de columnas en las que criticaba a Israel al igual que a Hamás por la reciente guerra en Gaza, algunos lectores me expresaron su rechazo al preguntarme: Entonces, ¿qué querías que hiciera Israel?

“De hecho, ¿cómo debería responder Israel cuando Hamás lanza cohetes?”, cuestionó Ryan. En mi página de Facebook, estas fueron las palabras de Joel: “Señor Kristof, ¿qué le recomienda hacer a Israel en respuesta a los ataques con cohetes? ¿Cuál habría sido la respuesta estadounidense frente a ataques repetidos con cohetes de parte de México o Canadá en contra de ciudades estadounidenses?”.

Lo más probable es que no habríamos puesto la otra mejilla: cuando el líder revolucionario mexicano Pancho Villa atacó un pueblo de Nuevo México en 1916, Estados Unidos envió 6000 soldados a México (aunque después de solicitar el permiso del gobierno mexicano). Y en respuesta a los ataques del 11 de septiembre, Estados Unidos invadió Afganistán e Irak.

No obstante, es justo recordar que ese impulso de atacar no le funcionó mejor a Estados Unidos que a Israel: Pancho Villa escapó, nuestra ruinosa guerra con Irak benefició a Irán y ahora nos estamos retirando de Afganistán con el resurgimiento de los talibanes. Como veremos más adelante, otros países les han hecho frente a los ataques de una manera mucho más sensata.

Sin embargo, para abonar al punto, la pregunta sobre la potencial respuesta de Estados Unidos refleja una miopía en torno a los orígenes del bombardeo de Hamás.

“Las autoridades israelíes no despertaron una mañana soleada y se encontraron con una lluvia de miles de cohetes”, hace notar Sari Bashi, abogada israelí defensora de los derechos humanos. “Las fuerzas de seguridad israelíes, encabezadas por un primer ministro desesperado por permanecer en el poder para evitar la cárcel bajo cargos de corrupción, crearon una provocación al usar violencia y la amenaza de violencia en contra de los palestinos de Jerusalén. Atacaron un sitio religioso sensible, usaron fuerza excesiva en contra de los manifestantes y amenazaron con trasladar a la fuerza a las familias palestinas de sus casas como parte de una política oficial para ‘judaizar’ la zona ocupada del este de Jerusalén, lo cual es un crimen de guerra”.

Por lo tanto, preguntar cómo habría respondido Estados Unidos si Canadá hubiera empezado a bombardear Seattle parece inapropiado. Después de todo, para empezar, Israel apoyó de manera deliberada a Hamás (a fin de crear un rival para los grupos palestinos existentes) y las Naciones Unidas y la mayoría de los expertos consideran que Israel está ocupando Gaza (porque Israel mantiene el control, aunque se haya retirado en 2005).

En palabras de Bashi, quien actualmente es directora de investigación en Democracy for the Arab World Now: “Sería mejor preguntar: ‘¿qué haría Estados Unidos si conquistara y ocupara Columbia Británica y luego los grupos armados canadienses que se resisten a la ocupación bombardearan Seattle?’”.

Ah… Eso es un poco más complicado.

Mientras tanto, señalemos que otros países han respondido a ataques con más autocontrol y sentido común que Israel o Estados Unidos. En repetidas ocasiones, India y Afganistán han sufrido ataques terroristas planeados en Pakistán; uno de esa serie de ataques, en 2009 en Bombay, mató a 164 personas. India no respondió bombardeando a Lahore o a Islamabad, sino con diplomacia.

Durante décadas, España sufrió brutales ataques terroristas de los separatistas vascos de ETA. España no envió tropas a atacar el País Vasco ni tampoco invadió Francia (país que ETA usaba como base terrorista). En cambio, apretó los dientes y le otorgó autonomía al País Vasco.

De manera similar, el Ejército Republicano Irlandés (IRA, por su sigla en inglés), con apoyo de algunas personas en Irlanda y Estados Unidos, bombardeó el Parlamento británico, la tienda departamental Harrods y el congreso del Partido Conservador, además de innumerables blancos distintos. Sin embargo, la primera ministra Margaret Thatcher no bombardeó Dublín ni Boston, ni tampoco demolió las oficinas de Sinn Féin, el ala política del IRA.

De acuerdo, es verdad que este autocontrol de España y el Reino Unido no tuvo un éxito inmediato. Hubo críticas que lo tacharon de debilidad y apaciguamiento. Thatcher reconoció que los resultados habían sido “decepcionantes”.

No obstante, poco a poco, casi de manera imperceptible, el autocontrol sirvió para posibilitar un camino hacia la paz. La moderación mitigó el extremismo en vez de alimentarlo.

En 2018, ETA anunció que se disolvería y agregó un “lo lamentamos mucho” por la violencia que cobró la vida de 800 personas. En Irlanda del Norte, donde el conflicto parecía todavía más intrincado que las disputas actuales del Medio Oriente, se alcanzó una paz negociada con los acuerdos de Viernes Santo de 1998.

Estas analogías son inexactas e imperfectas, pero surge esta lección: en la actualidad, no se puede lograr ningún acuerdo de paz entre Israel y los palestinos, pero hay medidas que posibilitan un escenario de paz dentro de quince años y otras que hacen que eso sea menos probable. Cada vez que Hamás bombardea Israel, es menos posible una solución. Y cada vez que Israel toma más tierra o mata a más niños, de igual modo, la paz es menos alcanzable. Los extremistas de un bando empoderan a los del otro.

No cabe duda de que Hamás cometió crímenes de guerra al lanzar bombardeos contra civiles israelíes. Sin embargo, la mayoría de los académicos cree (aunque no con la misma certeza) que Israel también cometió crímenes de guerra con sus ataques en contra de Gaza, los cuales fueron mucho más letales para civiles que los ataques de Hamás.

Un principio básico para salir de un hoyo es dejar de cavar. Un principio básico para construir la paz es dejar de cometer crímenes de guerra. Es el único camino para resolver problemas irresolubles.

Actualización: He escrito muchas veces sobre Kevin Cooper, un sentenciado a muerte en California que cree que los ayudantes del alguacil lo incriminaron en un homicidio cuádruple. El viernes, el gobernador Gavin Newsom ordenó una exhaustiva revisión independiente del caso de Cooper, un inmenso paso para Cooper después de 38 años de estar preso. ¡Que la verdad salga a la luz!

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This article originally appeared in The New York Times.

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