Opinión: Fui pastor y no creo en las 'exenciones religiosas' a los mandatos de vacunación

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El argumento de un cristiano contra las exenciones a los mandatos de vacunación (Woody Harrington/The New York Times).
El argumento de un cristiano contra las exenciones a los mandatos de vacunación (Woody Harrington/The New York Times).

NO EXISTE SUSTENTO RELIGIOSO LEGÍTIMO PARA LAS EXENCIONES A LOS MANDATOS DE VACUNACIÓN EN NINGUNA CORRIENTE ESTABLECIDA DEL CRISTIANISMO.

Las exenciones religiosas a los mandatos de los empleadores son un derecho preciado en nuestra democracia. Por eso es de especial importancia no ofrecer esas exenciones a los mandatos de vacunación contra la COVID-19. Son una burla al cristianismo y a la libertad religiosa.

Ahora que la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA, por su sigla en inglés) ha aprobado al cien por ciento la vacuna contra la COVID-19 de Pfizer-BioNTech, los organismos gubernamentales, las universidades y las empresas están implementando la vacunación obligatoria. Esto ha provocado una oleada de solicitudes de individuos para optar por no cumplir con dichos requisitos con el argumento de una exención religiosa.

El sustento jurídico de esta solicitud es el Título VII de la Ley de Derechos Civiles de 1964, que exige que los empresarios estadounidenses se adapten a las creencias religiosas de los empleados. Se reportó que una iglesia evangélica cerca de Sacramento emitió más de 3000 cartas para solicitar exenciones y un pastor en Brooklyn declaró para The New York Daily News que el 60 por ciento de su congregación había solicitado una exención. Teniendo en cuenta que los evangélicos representan un porcentaje importante de la gente que se niega a vacunarse, en especial en la región conocida como el Cinturón bíblico que ha sido devastada por la variante delta del coronavirus, puede que la vía para terminar con la pandemia tenga que enfrentarse a la cuestión de la exención por motivos religiosos.

Según la Ley de Derechos Civiles, estas exenciones aplican a las personas “con creencias religiosas honestas” y en ambos aspectos —las creencias religiosas y la honestidad— la demanda de exención no aplica tratándose de los mandatos de vacunación contra la COVID-19 en el caso de los cristianos.

En primer lugar, las exenciones a los mandatos de vacunación carecen de fundamentos religiosos en todas las principales corrientes del cristianismo. Tanto dentro del catolicismo como en las principales denominaciones protestantes, ningún credo o escritura prohíbe que los cristianos se vacunen. Hasta la secta de la ciencia cristiana, que históricamente se ha abstenido de tratamientos médicos, manifestó su apertura a las vacunas por el bien de la comunidad en general. El consenso de los líderes cristianos de la corriente dominante —desde el papa Franciso hasta Franklin Graham— es que la vacuna no se opone a la fe bíblica cristiana.

Se rebatieron los argumentos contra la vacunación basados en la Biblia. El proyecto Christians and the Vaccine”, que ayudé a fundar, creó varios videos explicativos con la intención de refutar los intentos de cristianos que están contra las vacunas de hacer uso de los valoresprovida, para distorsionar las referencias bíblicas como la “marca de la bestia” y exacerbar los temores sobre el control gubernamental. Los cristianos que solicitan exenciones religiosas rara vez intentan ofrecer un razonamiento bíblico y teológico de peso. Más bien, los motivos de la resistencia evangélica no son religiosos y están arraigados en una profunda sospecha del gobierno y en la vulnerabilidad a la desinformación.

Mi súplica para mis hermanos cristianos: si insisten en rechazar la vacuna, están en su derecho. Pero, por favor, no metan a Dios en el asunto. Hacerlo es la propia definición de violar el tercer mandamiento: “No tomarás el nombre de Dios en vano”.

Una entidad privada como un hospital puede confiar en que no está infringiendo la libertad religiosa de un recepcionista evangélico al insistir en que se vacune como parte de sus requisitos laborales. Mi libertad religiosa, de hecho, se ve favorecida por la capacidad de las instituciones para definir los requisitos laborales de sus empleados. Quiero que mi iglesia pueda contratar a pastores que compartan las creencias de nuestra institución y que pueda rechazar a los candidatos que no lo hagan. Esto significa que también debo apoyar el derecho de un hospital laico a tomar una decisión similar. La coherencia moral lo exige.

También es probable que las solicitudes de exención fracasen por el aspecto de las creencias honestas. Es natural que busquemos la coherencia de una creencia como prueba de honestidad; es una cuestión de sentido común. Dudaríamos de la honestidad de un recepcionista que exige opciones vegetarianas en la cafetería de su lugar de trabajo cuando él suele comer carne en los restaurantes. Cualquier institución que considere las exenciones religiosas debería exigir a los solicitantes que demuestren que se han negado de manera sistemática a otras vacunas por motivos religiosos.

La duda sobre las vacunas nunca ha sido una creencia religiosa fundamental de los cristianos evangélicos. Históricamente, la gran mayoría de los evangélicos ha optado por vacunarse contra la polio, el sarampión, el tétanos y otras enfermedades. De niño, asistí a campamentos de verano evangélicos que exigían la vacunación, y de adulto, trabajé para ministerios con mandatos similares. A algunos evangélicos conservadores simplemente no les gusta la sazón política de esta vacuna particular en el menú.

Incluso si aceptamos que los cristianos en lo individual creen de manera sincera (aunque errónea) que su fe religiosa prohíbe la vacunación contra la COVID-19, eso sigue sin justificar una exención. La “honestidad” no justifica poner en riesgo a los demás. Puedo creer con toda honestidad (aunque de manera equivocada) que debo ofrecer un holocausto a Dios. Toda la sinceridad de mi corazón no justifica que prenda fuego a la casa de mi vecino en el proceso.

Sin embargo, las exenciones religiosas tienen aplicaciones adecuadas en otros casos. Por ejemplo, si mi empleador ofreciera un seminario de atención plena que me exigiera pronunciar conjuros a una deidad de la Nueva Era, yo, como cristiano, debería poder solicitar una exención religiosa. La mayor amenaza para cualquier derecho legítimo es el abuso ilegítimo de ese derecho.

Pero incluso en el caso de reivindicaciones religiosas legítimas y auténticas, la ley permite a las empresas abstenerse de ofrecer exenciones si ello supone una “dificultad excesiva” para el empleador. Aumentar el riesgo de contraer una enfermedad infecciosa en el lugar de trabajo, sin duda, es una dificultad de este tipo. Para los trabajos que implican la exposición a poblaciones vulnerables, minimizar ese riesgo mediante la inmunización es a todas luces un requisito laboral apropiado. La libertad religiosa de un profesor que se opone a las vacunas no significa que tenga derecho a poner en peligro a los niños por no estar vacunado. La libertad religiosa significa que si no desea cumplir con el requisito laboral de su empleador, es libre de encontrar otro trabajo.

Todos los empleadores deberían eliminar las exenciones religiosas para los cristianos respecto de la vacunación contra la COVID-19 y punto. El estado de Nueva York eliminó la opción de exención religiosa en el caso de los trabajadores de la salud y otras instituciones deberían seguir el ejemplo.

Del mismo modo, los líderes religiosos tendrán que unirse a las instituciones seculares para oponerse a las exenciones. A los pastores ya les están llegando una infinidad de solicitudes de cartas de apoyo a las exenciones. Dado que fui pastor de una iglesia evangélica, sé que será difícil decir “no”. Pero mis colegas deberían hacer lo correcto y rechazar esas peticiones. Negarse a engañar a nuestros vecinos seculares. Negarse a abusar de nuestra preciosa libertad religiosa. Negarse a ser cómplices de poner en peligro a nuestros vecinos.

Tenemos que seguir tratando de convencer a los indecisos de que se vacunen. Pero también tenemos que permitir que los mandatos de vacunación de los empleadores erijan un escudo de confianza que proteja a los miembros del personal, los pacientes, los clientes, los estudiantes y otros. Las exenciones religiosas corren el riesgo de socavar ese escudo, lo que pondría en peligro a todos.

Los esfuerzos de vacunación han estado plagados de falsedades de todo tipo. La exención religiosa a los mandatos de vacunación para los cristianos es la mentira más reciente. Todos deberíamos unirnos para defender la verdad.

Este artículo apareció originalmente en The New York Times.

© 2021 The New York Times Company

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