Opinión: La frase vacía en el centro de la política exterior de Biden

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TODO ESO DEL ‘ORDEN BASADO EN REGLAS’ ES SOLO UNA MANERA DE ELUDIR LOS VERDADEROS PROBLEMAS.

Cualquiera que examine la verborrea diplomática que generó la semana pasada el primer viaje al extranjero del presidente Biden notará una y otra vez la presencia de la frase “basado en reglas”. Apareció dos veces en la declaración conjunta de Biden con el primer ministro del Reino Unido Boris Johnson, cuatro veces en los comunicados que Estados Unidos emitió junto con los gobiernos del Grupo de los Siete y la Unión Europea, y seis veces en el manifiesto elaborado por la OTAN.

No es ninguna sorpresa: el “orden basado en reglas” (a veces llamado también “sistema basado en reglas”) es uno de los términos favoritos del gobierno de Biden. Se ha convertido en lo que era el “mundo libre” durante la Guerra Fría. En especial entre los demócratas, es el lema que explica lo que Estados Unidos lucha por defender.

Pues es una lástima, porque el “orden basado en reglas” es un señuelo. Es una forma de eludir la pregunta que los demócratas deberían hacerse: ¿Por qué Estados Unidos no está defendiendo el derecho internacional?

Aunque ahora está dirigida sobre todo a China y Rusia, la frase “orden basado en reglas” comenzó como una crítica a los republicanos. Como bien lo ha detallado Paul Poast de la Universidad de Chicago, el término ganó popularidad luego de que George W. Bush invadiera Irak sin la aprobación del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, lo que ejemplificó su desprecio general por las restricciones internacionales al poder estadounidense.

El “orden basado en reglas” se convirtió en una abreviatura para referirse a la alternativa demócrata. Y luego de que Rusia anexara a Crimea en 2014 y China incumpliera en 2016 un fallo internacional contra sus reclamos territoriales expansivos en el mar de China Meridional, la frase cobró nueva vida como una manera de diferenciar a Estados Unidos de sus rivales cada vez más autoritarios. El secretario de Estado Antony Blinken explicó el mes pasado que uno de los propósitos cruciales de la política exterior estadounidense es “hacer cumplir este orden basado en reglas que China está desafiando”.

Está bien, pero, ¿exactamente cuáles reglas está defendiendo Estados Unidos? Los funcionarios del gobierno de Biden no lo dicen. De hecho, nunca definen de forma clara el término. El politólogo Patrick Porter señala que discutir sobre frases como “el orden basado en reglas” es como “luchar con la niebla”.

Y ese es exactamente el punto. Dado que el “orden basado en reglas” nunca se define de manera adecuada, la afirmación de Estados Unidos de que lo defiende nunca puede ser refutada.

Sin embargo, existe una frase relacionada que tiene un significado mucho más claro: “derecho internacional”. Durante décadas, diplomáticos y académicos de todo el mundo la han utilizado para englobar las reglas escritas y no escritas que rigen el comportamiento de las naciones. Y es precisamente debido a que el derecho internacional está mucho mejor definido, que los funcionarios de Biden —cuando hablan solo por Estados Unidos— la utilizan mucho menos.

Si Biden o Blinken declararan que Estados Unidos respeta el derecho internacional, los críticos podrían preguntarse cómo encaja eso con la continua historia de amor bipartidista de Washington con la aplicación de sanciones tan severas que tanto los actuales como los antiguos relatores especiales de la ONU las han equiparado con una guerra económica. Los escépticos podrían preguntarse por qué Estados Unidos se niega a firmar o ratificar docenas de tratados internacionales —muchos de ellos respaldados por la amplia mayoría de los países— incluyendo la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar, el mismísimo tratado que el gobierno de Biden utiliza para condenar a Pekín por violarlo con sus invasiones en el mar de China Meridional. O podrían preguntarse por qué Estados Unidos todavía mantiene vigente una ley que autoriza al presidente estadounidense a utilizar la fuerza militar para liberar a estadounidenses procesados por la Corte Penal Internacional.

El derecho internacional es controvertido y frágil, y no todos los países le dan la misma forma. Pero a diferencia del “orden basado en reglas”, no es meramente una creación estadounidense, lo que significa que ofrece cierto criterio independiente con el cual evaluar el comportamiento estadounidense. Para muchos republicanos de la era Trump, eso es lo que lo hace pernicioso. Posicionar a “Estados Unidos primero” se traduce en liberar a los estadounidenses de la necesidad de preocuparse por lo que piensan los no estadounidenses.

Esa no es la visión del gobierno de Biden. El presidente y sus principales asesores reconocen que la legitimidad internacional constituye una forma de poder. Desean de forma desesperada que los aliados de Estados Unidos —y los votantes estadounidenses— perciban el comportamiento de Estados Unidos en el extranjero como menos caprichoso y depredador que el de los principales rivales del país. Simplemente no están dispuestos a someter esa propuesta a ninguna prueba que no sea escrita por Estados Unidos.

Es por eso que es probable que sus esfuerzos solo obtengan un éxito moderado. Es cierto, los no estadounidenses tienen en la actualidad más confianza en que Estados Unidos hará “lo correcto” a nivel internacional que cuando Donald Trump era presidente. Pero según una encuesta de la Alliance of Democracies Foundation realizada recientemente en 53 países, las personas del mundo todavía ven a Estados Unidos como una mayor amenaza para la democracia de sus países que China o Rusia. Si los demócratas se preguntaran de manera regular si las acciones de Estados Unidos violan el derecho internacional, les sería más fácil entender ese sentimiento.

El crítico literario Edward Said escribió en una oportunidad: “Cada imperio, en su discurso oficial, ha dicho que no es como todos los demás, que sus circunstancias son especiales”. La frase “orden basado en reglas” es la entrada más reciente en el léxico imperial de Estados Unidos. Dada la ferviente hostilidad del Partido Republicano hacia el derecho internacional, quizás sea lo mejor que un presidente demócrata puede hacer. Sin embargo, la misma ambigüedad que hace que el “orden basado en reglas” sea apetecible en Washington es la que asegura su irrelevancia final más allá de las costas estadounidenses.

Este artículo apareció originalmente en The New York Times.

© 2021 The New York Times Company

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