Opinión: Así es como podemos evitar los eventos superpropagadores de covid

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NECESITAMOS DESINFECTAR EL AIRE. Y YA EXISTE LA TECNOLOGÍA PARA HACERLO.

En todas las etapas de la pandemia, se le ha atribuido un número desproporcionado de contagios a una cantidad relativamente pequeña de reuniones, también conocidas como eventos de superpropagación. La cena reciente del club periodístico Gridiron, tras la cual más de 70 personas dieron positivo por COVID-19, incluidos miembros del gobierno de Joe Biden, es solo el ejemplo más reciente.

Algunos expertos en salud pública sostienen que tolerar estos eventos es parte de la convivencia con la COVID-19. Por lo que sabemos, ninguna de las personas que dieron positivo tras la cena de Gridiron enfermó de gravedad, pero no sabemos si estos casos se extendieron también a los trabajadores y a otras personas. Hay pocas razones para aceptar esto como una nueva normalidad.

Hay una mejor manera de celebrar eventos en interiores sin cubrebocas, y no depende de las vacunas ni de las pruebas rápidas. Las vacunas pueden prevenir los peores resultados posibles de la COVID-19, pero no siempre pueden evitar los contagios. Las pruebas previas a un evento tienen defectos y, para que sean más eficaces, es necesario que la gente se haga la prueba justo antes de entrar a una reunión así.

Es poco probable que asignarles a las personas la responsabilidad de controlar el contagio ayude a evitar la propagación y, además, les quita la responsabilidad a los anfitriones de grandes eventos de mantener a salvo a sus asistentes, trabajadores y demás personas. En cambio, los propietarios de edificios pueden hacer que los espacios interiores sean más seguros mediante la desinfección del aire. Una de las mejores tecnologías para hacerlo —la luz ultravioleta germicida— se ha estudiado durante décadas y ahora puede utilizarse con seguridad.

En fechas recientes, la Casa Blanca adoptó la idea de que la mejora de la calidad del aire en interiores es fundamental para frenar la pandemia. Esto incluye tres métodos que pueden llevar aire limpio a las habitaciones o limpiar el aire que ya está en ellas: ventilación, filtración y desinfección del aire. De estos tres, el último es quizá el más potente, aunque sea el menos utilizado.

El riesgo de contraer una infección transmitida por el aire, como la COVID-19, el sarampión, la tuberculosis y probablemente muchas otras infecciones respiratorias, incluida la influenza, depende en gran medida de la cantidad de virus infecciosos (o bacterias en el caso de la tuberculosis) que se encuentran en el aire que respiramos. La cantidad de estos gérmenes en el aire interior está supeditada a dos cosas: la velocidad a la que las personas infectadas exhalan microbios en una habitación y la velocidad a la que los gérmenes infecciosos se eliminan del aire.

La ventilación y la filtración del aire pueden eliminar los microbios que flotan en los espacios interiores, ya sea expulsándolos del edificio y sustituyendo el aire por aire fresco del exterior, o atrapándolos en un filtro por el que se mueve el aire del interior. Con dos cambios de aire por hora, que es lo que se hace por lo general en los edificios de gran tamaño, se elimina poco más de la mitad de los microbios existentes cada 30 minutos. Con seis cambios de aire por hora, lo cual es habitual en las habitaciones de los hospitales y los salones de clases con múltiples filtros de aire HEPA portátiles, se eliminan poco más de la mitad de los gérmenes cada 10 minutos.

Eso está muy bien, pero hay un par de desafíos. Los métodos que transportan el aire a través de las habitaciones pueden requerir mucha energía, ser caros y ruidosos. Una persona con coronavirus en una etapa altamente contagiosa podría expulsar suficientes microbios al aire para contagiar a más de dieciséis personas por minuto; más de 900 personas por hora, aunque en la práctica algunas de esas dosis virales no encontrarían una persona a la cual contagiar. Es probable que la variante ómicron esté acercándose a la infecciosidad del sarampión, el virus respiratorio más contagioso conocido, en el que una persona muy infecciosa puede exhalar suficiente virus para infectar a 93 personas por minuto, o más de 5500 por hora. Eliminar la mitad de esa cantidad de virus cada diez minutos podría reducir los eventos superpropagadores, pero no es suficiente para evitarlos en grandes reuniones en interiores. Ahí es donde entra en juego la desinfección del aire con luz ultravioleta germicida, o GUV, por su sigla en inglés.

La GUV puede eliminar la mitad de los gérmenes que flotan en el aire interior cada dos minutos o menos con facilidad y en silencio. Se desarrolló y probó por primera vez en la década de 1930, a partir de la misma tecnología de las lámparas fluorescentes. Por lo general, se sigue utilizando en las salas de tratamiento de tuberculosis, así como en algunos sistemas hospitalarios importantes y refugios para personas sin hogar.

Hay tres tipos de rayos de luz ultravioleta: UVA, UVB y UVC. La GUV utiliza UVC, que a diferencia de los rayos UVA y UVB de la luz solar, no ocasiona cáncer de piel porque no puede penetrar lo suficiente la piel. La tecnología GUV convencional podría causar una irritación temporal en los ojos, por lo que se coloca por encima de la cabeza de las personas en recintos con techos de unos tres metros o más de altura. También es mejor utilizarla junto con ventiladores de techo para garantizar que los gérmenes de una habitación sean expulsados a la zona donde la GUV pueda volverlos inofensivos.

Las nuevas tecnologías GUV disponibles en el mercado son incluso más seguras para la piel y no irritan los ojos. Pueden usarse con seguridad en las zonas más bajas de una habitación y pueden desinfectar el aire directamente entre las personas que se sientan a la mesa.

Un obstáculo importante para su uso generalizado es que las tecnologías GUV deben ser instaladas por expertos y requieren una serie de conocimientos técnicos diferentes a los que se necesitan para mejorar los sistemas de ventilación y filtración de un edificio (ambos siguen siendo de vital importancia). Los costos iniciales del equipo y la instalación de un sistema GUV altamente eficaz con frecuencia pueden ser más baratos que la renovación o el remplazo de los sistemas de ventilación. Además, el sistema GUV desinfecta el aire con más rapidez y mucha menos electricidad que la ventilación y la filtración, lo que significa que es una solución respetuosa con el clima para los entornos de alto riesgo.

Puesto que somos expertos que estudian las formas en que los virus pueden propagarse en interiores, creemos que la desinfección del aire mediante luz ultravioleta germicida, o GUV, podría haber evitado la superpropagación del club Gridiron. Esta tecnología debería convertirse en la norma para las reuniones numerosas en espacios interiores en las que se sirven alimentos y no se usan cubrebocas. La pandemia de coronavirus ha dejado claro que eliminar los gérmenes del aire en interiores debe ser una prioridad absoluta para prevenir los contagios por coronavirus y futuras pandemias. Se sabe que el aumento de la ventilación está relacionado con una reducción del absentismo laboral y una menor presencia de virus en el aire en el espacio de trabajo.

Hace tiempo que los estadounidenses pueden abrir el grifo con la confianza de que beber esa agua no les provocará cólera u otra enfermedad. Al igual que beber agua limpia, respirar aire interior salubre, en especial en lugares públicos concurridos, va a prevenir epidemias respiratorias. Los brotes serán mucho más fáciles de controlar, sin necesidad de trastornos económicos ni politización. La ventilación y la filtración contribuirán en gran parte a reducir el contagio en los hogares y las oficinas. La desinfección del aire puede hacer más seguros los espacios de mayor riesgo de propagación, como las salas de conferencias, los restaurantes, las plantas empacadoras de carne y aves de corral, las residencias para ancianos y las prisiones, entre otros lugares.

La GUV ya está disponible en el mercado, y debería animarse a los propietarios y operadores de edificios a adoptarla mediante subvenciones e incentivos fiscales. Podemos poner fin a los grandes eventos de superpropagación y hacer que los eventos públicos y las cenas sean más seguros para todos. ¿Qué estamos esperando?

© 2022 The New York Times Company

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