Opinión: Un evento deportivo no debería ser superpropagador, así que es hora de cancelar los Juegos Olímpicos

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Un evento deportivo no debería ser superpropagador. Es hora de cancelar los Juegos Olímpicos. (Lan Truong/The New York Times)
Un evento deportivo no debería ser superpropagador. Es hora de cancelar los Juegos Olímpicos. (Lan Truong/The New York Times)

Al Comité Olímpico Internacional no le preocupa la salud pública, sino su incesante búsqueda de ganancias.

Los Juegos Olímpicos de Tokio están en un gran problema. Tras ser aplazados por un año y reprogramados para comenzar en julio, los Juegos Olímpicos se han convertido en un punto álgido político en Japón, donde casi el 60 por ciento de la población se opone a organizar los juegos este verano y donde menos del 2% de la población de la población está vacunada contra el COVID-19.

El Comité Olímpico Internacional (COI), los organizadores olímpicos locales y el partido gobernante de Japón sostienen que los juegos deben continuar, incluso en medio de condiciones pandémicas. Mientras los casos de COVID-19 aumentaban en Japón en enero, Thomas Bach, presidente del COI, afirmó que no tenía “ninguna razón para creer que los Juegos Olímpicos de Tokio no se inaugurarán el 23 de julio”. Además, añadió: “No hay un plan B”.

Un riesgo televisado

Para muchos espectadores lo más atractivo de los Juegos Olímpicos es su impracticabilidad audaz, con miles de atletas de muchos deportes juntándose desde todos los rincones del mundo para competir en un solo lugar. Sin embargo, durante una crisis de salud pública mundial, esto tiene potencialmente consecuencias letales.

Es hora de escuchar a la ciencia y detener esta peligrosa farsa: los Juegos Olímpicos de Tokio deben ser cancelados.

Y sin embargo, la maquinaria olímpica sigue andando. Hay tres razones principales: dinero, dinero y dinero. Y hablemos claro: la mayor parte de ese dinero no les llega a los atletas sino a quienes administran, transmiten y patrocinan los juegos.

El COI al parecer tiene alrededor de 1000 millones de dólares en reservas, pero las Olimpiadas de verano son su grifo de dinero predilecto y ni siquiera el coronavirus ha persuadido a los agentes del poder olímpico a cerrarlo. La situación es cruda pero clara: los organizadores de los Juegos Olímpicos no están dispuestos a sacrificar sus ganancias por la salud pública.

El dinero proveniente de las cadenas de televisión representa el 73% de los ingresos del COI y un 18% adicional proviene de sus socios corporativos. En 2014, NBC Universal acordó desembolsar más de 7750 millones de dólares por los derechos exclusivos de transmisión de los seis Juegos Olímpicos organizados entre 2022 y 2032. Ciertamente, el COI y las cadenas de televisión tienen pólizas de seguro, pero cancelar los Juegos Olímpicos significa neutralizar sus ganancias lucrativas.

En marzo de 2020, los Juegos Olímpicos de Tokio fueron pospuestos por un año luego de que atletas y directivos deportivos de todo el mundo cuestionaran la sensatez de organizarlos en medio de una pandemia. Las Olimpiadas se reprogramaron para julio y agosto, que son los meses más calurosos en Tokio pero que ofrecen un espacio lucrativo y relativamente disponible para programar deportes en la televisión.

Un desfile de científicos y funcionarios médicos se oponen de forma inequívoca a los Juegos Olímpicos. Los casos de COVID-19 se han incrementado en Japón, donde el sistema de salud ya se encuentra sobrecargado. Un editorial del British Medical Journal publicado el mes pasado solicitó que los planes olímpicos fueran “reconsiderados con carácter de urgencia”. “Realizar los Juegos Olímpicos de Tokio 2020 por razones políticas y económicas —ignorando los imperativos científicos y morales— contradice el compromiso de Japón con la salud mundial y la seguridad humana”, escribieron los autores.

Inicialmente, las autoridades olímpicas en Tokio estimaron que se necesitarían 10.000 trabajadores médicos para el personal de los juegos. Cuando los organizadores solicitaron recientemente los servicios de 500 enfermeros adicionales, detonaron una polémica en Japón, donde la medida es considerada una malversación de recursos médicos. El secretario general de la Federación Japonesa de Sindicatos de Trabajadores Médicos declaró: “Me indigna enormemente la insistencia de seguir queriendo realizar los Juegos Olímpicos a pesar de los riesgos que representan para la salud y la vida de los pacientes y enfermeros”.

Los expertos japoneses en salud pública también coinciden en oponerse a los juegos. Haruo Ozaki, presidente de la Asociación Médica de Tokio, afirmó que “es extremadamente difícil celebrar los Juegos Olímpicos sin incrementar las infecciones, tanto dentro como fuera de Japón”. Kentaro Iwata, especialista en enfermedades infecciosas del Hospital Universitario de Kobe, fue más contundente: “¿Cómo demonios se puede estar considerando un evento deportivo que reúne a tantos espectadores, personal, voluntarios, enfermeros y médicos? ¿Quién podría disfrutar de los Juegos Olímpicos en esta situación?”.

¿Cuál fue la respuesta de los agentes del poder olímpico? Lugares comunes y “teatro de la higiene”

“El pueblo japonés ha demostrado su perseverancia a lo largo de su historia y es solo gracias a esta capacidad del pueblo japonés para superar la adversidad que estos Juegos Olímpicos son posibles en estas circunstancias tan difíciles”, dijo a través de un comunicado el presidente del COI. Según reportes a los 78.000 voluntarios olímpicos se les asignó un puñado de cubrebocas de tela, un poco de desinfectante y algunos eslóganes sobre el distanciamiento social.

El mes pasado, los organizadores olímpicos emitieron lineamientos diseñados para mitigar los peligros del COVID-19. Todos los participantes deben registrar dos pruebas negativas antes de partir hacia Japón y además se someterán a pruebas diarias durante su estancia. Se les pide que se abstengan de utilizar el transporte público y que pidan comida para llevar en lugar de comer en restaurantes. Sin embargo, los atletas no están obligados a cumplir una cuarentena ni a estar vacunados. Los espectadores extranjeros no tienen permitida la entrada a los eventos; sin embargo, decenas de miles de personas ingresarán a Japón por las Olimpiadas.

En teoría, el COI, los organizadores olímpicos locales y el gobierno japonés —que ha invertido miles de millones en recursos públicos para organizar los Juegos Olímpicos— se consultan entre ellos sobre decisiones como la cancelación y el aplazamiento. Sin embargo, una cláusula adicional en el contrato de la ciudad sede olímpica establece que el COI es en última instancia responsable de las decisiones referentes a realizar “un cambio significativo en el alcance general de los Juegos Olímpicos”.

A menudo, el COI pregona su enfoque de “los atletas primero” e insiste que la opinión de los atletas olímpicos es fundamental para el proceso de toma de decisiones de Tokio 2020. Pero atletas de alto perfil, incluyendo a la gran jugadora japonesa de tenis Naomi Osaka, están cuestionando en voz alta si los Juegos Olímpicos deberían realizarse. El “manual” más reciente de Tokio 2020 para atletas y funcionarios no alivia en absoluto el estrés de los atletas: establece que “a pesar de todas las medidas implementadas, los riesgos e impactos podrían no estar erradicados por completo, por lo que usted acepta asistir a los Juegos Olímpicos y Paralímpicos bajo su propio riesgo”. Eso suena más a una exención del COVID-19 que a “los atletas primero”.

Las autoridades olímpicas a menudo profesan que los Juegos Olímpicos representan mucho más que deportes. Si la pandemia nos ha enseñado algo, es que algunas cosas —el compañerismo, la familia, las amistades, la salud pública— son más importantes que el dinero. El COI ha tardado en darse cuenta de esto, pero todavía está a tiempo de hacer lo correcto.

El COI supervisa la infraestructura deportiva mundial más omnipresente pero que rinde menos cuentas. La organización parece haber caído bajo el hechizo de su propia impunidad congénita. Seguir adelante con los Juegos Olímpicos es incrementar el riesgo de beber veneno para saciar nuestra sed de deporte. La posibilidad de una catástrofe de super propagación hace que no valga la pena realizar un espectáculo deportivo opcional. Es hora de cancelar los Juegos Olímpicos de Tokio. #JJOO2021

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