Opinión: ¿Esperando o planeando? No hay nada mágico sobre los 35 años

·6  min de lectura

Muchas de las decisiones que tomé sobre mis embarazos se basaron en el espectro de que se avecinaba la “edad materna avanzada”, que en general se define como tener 35 años o más. De manera poco cortés, se le solía llamar un “embarazo geriátrico”, pero, por fortuna, ese término ya no se usa. En mi mente, mi cumpleaños 35 era un tipo de reloj de Cenicienta, pero en lugar de que mi carroza se convirtiera de vuelta en una calabaza, me hacía imaginar que mis óvulos se marchitarían y morirían.

Tuve a mi primer hijo a los 30 años y estaba ansiosa de tener al segundo antes del plazo límite de los 35 años. Me preocupaba que fuera más difícil embarazarme después de esa edad y que mi embarazo corriera mayor riesgo. Tuve un aborto espontáneo a los 32 años y tenía una cantidad algo importante de estrés sobre embarazarme de nuevo tan pronto como fuera posible. Pasaría alrededor de un año antes de concebir y tuve a mi segundo hijo a los 34 años y, exactamente, 4 meses.

Considerando todo lo comprometida que estaba para tomar los 35 años como un límite, me intrigó leer un nuevo estudio de investigadores de la Universidad de Harvard que indica que las mujeres que tienen poco más de 35 años es posible que tengan resultados un poco mejores en su embarazo que las mujeres de poco menos de esa edad.

Como me dijo Jessica Cohen, una catedrática adjunta de Salud Global en la Escuela de Salud Pública T. H. Chan de la Universidad de Harvard y coautora del estudio, la elección de 35 años como el límite para la edad materna avanzada era algo arbitrario desde el principio. “Los 35 años se volvieron un lineamiento en la década de los setenta sobre cuándo ofrecer pruebas genéticas invasivas para el síndrome de Down”, explicó. Después de eso, “los 35 años se volvieron una regla para un montón de otras cosas y, en realidad, no se basaba en nada. Tu riesgo de que padezca síndrome de Down, tu riesgo de que nazca muerto, la preeclampsia: ninguno de esos cambia de manera abrupta a los 35”, afirmó.

Cohen notó que recibió tratamientos un poco diferentes para el embarazo que tuvo antes de los 35 y el que tuvo después de esa edad. Por ejemplo, durante ambos embarazos, su presión sanguínea comenzó a elevarse por encima de lo normal hacia los últimos meses. Cuando tenía menos de 35, sus médicos solo tomaban su presión sanguínea con mayor regularidad, pero cuando tenía más de 35, le hicieron un ultrasonido, un análisis del líquido amniótico y una prueba sin estrés.

Aunque Cohen se dio cuenta de que el Colegio Americano de Obstetras y Ginecólogos no dice de manera explícita que se realice un conjunto de pruebas cuando una mujer supera los 35 años, “la edad influye en lo que el proveedor recomienda” y afecta qué tipos de pruebas podrían pagar las compañías de seguros.

Debido a que es economista, señaló Cohen, busca experimentos naturales y así lo hizo con sus colegas cuando analizó más de 50.000 embarazos al usar datos de una gran aseguradora comercial. La edad de alrededor de la mitad de las mujeres incluidas en el estudio oscilaba entre los 34,7 y los 34,9 años y cerca de la mitad, entre 35,0 y 35,3 en la fecha estimada del alumbramiento.

El estudio descubrió que las mujeres mayores de 35 años tuvieron más visitas médicas maternofetales, más ultrasonidos y más vigilancia antes del parto. También hubo un declive de 0,39 puntos porcentuales en mortalidad perinatal (definida en este estudio como una muerte fetal durante o después de la semana 28 de gestación o una muerte infantil hasta una semana después del parto). Sin embargo, el estudio no halló una diferencia significativa en mortalidad materna, nacimiento prematuro o con bajo peso.

La conclusión no es que cada embarazada que tiene menos de 35 años también necesita más ultrasonidos o más visitas al médico, aseguró Cohen. Y, ciertamente, tampoco lo es que la edad no importa nada; la fertilidad disminuye con el paso del tiempo y la edad materna puede ser un factor para ciertas enfermedades. Más bien, lo importante es que no hay nada mágico sobre los 35 años. “Gran parte de nuestro manejo del cuidado prenatal es una reliquia y aversiones al riesgo”, mencionó y agregó que debería estar basado en evidencia más precisa.

Así como los 35 años se les llamaba de forma algo arbitraria “edad materna avanzada”, el número de visitas prenatales a las que las mujeres acudían hasta que comenzó la pandemia de COVID se basaba en un cronograma establecido en 1930 “sin evidencia de respaldo”, según un artículo de 2020 publicado en The American Journal of Obstetrics and Gynecology. La pandemia resultó ser otro experimento natural en el cuidado prenatal, durante el cual los expertos reevaluaron si todas las embarazadas necesitaban las doce a catorce visitas presenciales en el consultorio que hubieran tenido antes de la pandemia.

Nuestro objetivo debería ser lo que los expertos llaman cuidado prenatal adecuado, que significa la cantidad justa de atención para cada persona. El cuidado adecuado incorpora bienestar médico y psicológico y también la necesidad de apoyos sociales adicionales. Neel Shah, un profesor adjunto en la Facultad de Medicina de la Universidad de Harvard y el director médico de la Clínica Maven, ha investigado la maternidad adecuada y me dijo: “Necesitamos mejorar la precisión con la que manejamos a las personas, que es la cosa en la que la medicina, sorprendentemente, no ha invertido”.

Según un estudio del que Shah es coautor, “De acuerdo con nuestro cálculo rápido, para que un paciente participe en el cuidado prenatal de rutina, el complemento total de entre doce y catorce visitas (incluyendo tiempo de traslado, estacionamiento, así como pruebas e imágenes de laboratorio complementarias) equivale a casi una semana entera de tiempo laboral o de cuidado infantil perdido, antes de integrar el apoyo psicosocial adicional. Esto podría ser demasiado cuidado para algunas, no suficiente para otras y el tipo equivocado de cuidado para pacientes con necesidades diversas de apoyo”.

No queda claro si un aspecto específico del cuidado lleva a mejores resultados para las mujeres de poco más de 35 años, opinó Cohen, y su estudio no investiga eso. Su enfoque primario fue qué estaba pasando con las madres de alrededor de 35 años y sus bebés, en vez del porqué. “Puede estar relacionado con tomar más en serio las preocupaciones de las mujeres al final del embarazo, si sientes que algo no está bien”, especuló. Que parece el tipo de cuidado adecuado que cada madre, y bebé, merece, sin importar su edad.

© 2022 The New York Times Company

Nuestro objetivo es crear un lugar seguro y atractivo para que los usuarios se conecten en relación con sus intereses. Para mejorar la experiencia de nuestra comunidad, suspenderemos temporalmente los comentarios en los artículos.