Opinión: La entrevista en NPR de Trump demostró que el expresidente es una sombra de sí mismo

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Donald Trump esperó seis años completos para aceptar una entrevista con NPR, y el incómodo resultado se emitió esta mañana. Es seguro decir que hay una razón por la que se mantuvo alejado. Y también es seguro decir que el camino de su campaña para 2024, si el presidente número 45 decide recorrerlo, será mucho más difícil de lo que esperaba.

Trump está desesperado por llamar la atención del mainstream y de las redes sociales. La necesita si quiere lanzarse por la presidencia otra vez, y sin duda la necesita si quiere tener la oportunidad de ganar. Pero lleva tanto tiempo expulsado de Twitter y sobreprotegido por Fox News y sus primos aún más extremos (Newsmax, One America News) que ha olvidado cómo es el mundo grande y malo. Alguna vez un agitador combativo, quedó claro durante la entrevista en NPR de la que se fue furioso después de tan solo nueve minutos que Donald J. Trump ahora es... pues... un copo de nieve.

Empezó diciendo la parte silenciosa en voz alta. Al inicio de la entrevista, Steve Inskeep, de NPR, le agradeció al expresidente su presencia y señaló que lo habían invitado por primera vez al programa en 2015. “Bueno, supongo que tuve suerte de no hacerlo, ¿verdad?”, respondió Trump, con un tono inusualmente inseguro de sí mismo. Luego, casi inmediatamente pregunto si “transmitirían en vivo” o no, antes de que le aseguraran que la entrevista (que se hizo el martes, pero fue emitida el miércoles en la mañana) era pregrabada. Era un inicio nervioso para una aparición en radio que rápidamente fue cuesta abajo.

¿Qué piensa de las vacunas? Bueno, él apoya la “elección individual”. Se opone a los mandatos. Hasta ahora, era lo esperado. Él mismo se ha vacunado y “no tuvo absolutamente ninguna reverberación”. Una extraña elección de palabras, pero está bien.

Luego se puso mucho más raro. La gente que ha tenido covid-19 tal vez no debería vacunarse si está en los grupos de bajo riesgo, planteó Trump. “Pero, ya sabes, nosotros (la administración tiene que empezar a dar crédito a las personas que han tenido la plaga china) o llámalo como quieras. Pero vino de China y es un desastre para el mundo”. Para este punto, Inskeep estaba claramente confundido por la dirección que estaba tomando el tren de pensamiento de Trump. Cuando dijo “la administración”, ¿se refería a su propia administración imaginaria actual después de “ganar” la elección? ¿Cómo se le “da crédito” exactamente a las personas que han tenido covid-19? En el momento en que se mencionó “la plaga china”, Inskeep desvió la conversación con una pregunta sobre la Gran Mentira.

“¿Es una desventaja para los republicanos seguir hablando de las elecciones de 2020 en 2022?”, preguntó. Trump repitió su giro habitual sobre el fraude electoral, las boletas de Detroit, los conteos corruptos en Arizona. Inskeep continuó recordándole amablemente al exmandatario que los mismos republicanos habían tenido que aceptar los resultados de las elecciones de 2020, y no habían encontrado evidencia de fraude en los estados que se habían investigado. ¿Por qué habrían hecho algo así?

Trump perdió la calma fácilmente: “Porque son RINOs”, por supuesto (el desdeñoso acrónimo para supuestos “Republicans In Name Only”, o republicanos solo de nombre). Su propio abogado de campaña en Arizona, Kory Langhofer, “no fue un buen abogado al que contratar”. ¿Qué hay de los aliados republicanos en el Senado? “Mitch McConnell es un perdedor”. Y por cierto, Biden estaba “sentado en su sótano” y “no podía reunir un grupo de 20” personas. Hasta ahora, muy 2019.

Sin embargo, para cuando estaba desvariando sobre cómo no era posible que 80 millones de personas pudieran haber elegido a ‘Sleepy Joe’, estaba claro que incluso Trump sabía que su aparición no le estaba ayudando. Mientras Inskeep luchaba por interrumpir su flujo de consciencia, Trump terminó abruptamente una perorata sobre la elección con “tienes que resolver el problema de las elecciones presidenciales manipuladas de 2020”, agradeció al presentador en un tono que sugería que de ninguna manera estaba agradecido por la oportunidad, y colgó. Era un berrinche de proporciones mayúsculas.

En menos de 10 minutos, el expresidente mostró cuán difícil será para él hacer una campaña exitosa en 2024. En 2016, Trump era alguien ajeno a la política que jugaba a la ofensiva. Pudo despotricar contra el gobierno en general, la corrupción que abunda dentro de la Casa Blanca, un sistema que contamina todo lo que toca. En 2020 intentó lo mismo, pero no funcionó del todo.

Ahora, está defendiendo su historial político después de años fuera. Se enfrenta a una base de votantes radicalizados que irrumpieron en el Capitolio y creen que Bill Gates podría haberse unido a Fauci para poner microchips a los estadounidenses a través de las vacunas para volverlos infértiles. La última vez que dijo a sus simpatizantes en un mitin que se había vacunado, fue abucheado rotundamente.

Esto deja al presidente número 45 en una situación difícil. Quiere lanzarse sobre una plataforma de éxitos y quiere incluir entre ellos la “Operación Warp Speed”, el nombre que la administración de Trump puso a un programa que buscó acelerar masivamente la producción y disponibilidad de vacunas. ¿Cómo haces eso cuando una gran proporción de tu base rechaza las vacunas por completo? Quiere tomar el crédito por fortalecer la economía durante la pandemia otorgando generosos cheques de estímulo a los contribuyentes estadounidenses, ¿pero cómo hacer eso cuando tu base, y de hecho, tu partido, está más radicalmente opuesto al “socialismo” y la “ayuda del gobierno” que nunca? También quiere seguir impulsando la Gran Mentira de que la elección fue robada, pero eso se ha vuelto un tema aparentemente mucho más peligroso para los republicanos desde la insurrección del 6 de enero. Las diatribas de Marjorie Taylor-Greene y Matt Gaetz en el podcast de Steve Bannon podrían aliviar una picazón egoísta, pero harán poco para aumentar sus posibilidades en las urnas.

Trump comenzó su presidencia en 2016 con un sentido de disfrute combativo. Independientemente de lo que uno pensara de él, uno sentía que el expresidente disfrutaba el enfrentamiento, el ir y venir, la atención positiva y negativa por igual. Luego se envolvió en algodones y se permitió ser mandado en torno a una presidencia. Se acostumbró demasiado a las sonrisas y la aceptación de la gente. Se convenció de sus propios delirios. Y cuando los votantes no le devolvieron lo que le habían hecho creer, no pudo enfrentar la verdad.

Ahora, al parecer, ha perdido su sentido de alegría en la pelea. Su voz suena cansada, desmoralizada, insegura. Está impulsando una conspiración que a los votantes republicanos razonables les parece desagradable. Y no puede aguantar una entrevista en los principales medios de comunicación ni por 10 minutos. ¿Cómo diablos va a sobrevivir otra campaña?

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