Opinión | Democracia sin reglas no es democracia

Ignacio Ruelas Olvera
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Las democracias directas no requieren de cocinero, dependen del colectivo que contribuye al guiso en una suerte de capirotada sin controles, sin orden, sin escrúpulos; las democracias REPRESENTATIVAS, también, congrega al colectivo en una participación abierta pero bajo la guía de una política pública, crean formas disruptivas e inteligentes de toma de decisiones a cargo de los gobernantes, empero, lasa “reglas del juego” siempre están bajo control del sufragio universal.

Se escuchan fuertes voces que señalan la insatisfacción política, signo con que distinguen a las opciones políticas de la vida y el espacio público. Los medios de comunicación siempre más certeros en el lenguaje le llaman “desencanto”. En lógica elemental para esta forma de insatisfacción política y ética debió operar primero la satisfacción o el encanto. Los sujetos políticos crearon un discurso que encantó y luego afectó en sentido contrario, hay afectación moral de lo existente en virtud de la falsedad, el engaño, la manipulación de los pactos entre votos y programas de gobierno, promesas en crisis por incumplimientos, confianzas llegadas a desconfianzas…

Partamos de una idea básica la democracia siempre está por venir, no existe en presente, se infiere en cada proceso electoral en el que los procedimientos legalizan y se legitiman; esa plataforma de inicio del ciclo democrático debe exigir consistencia en las prognosis y diagnosis de los programas de gobierno que están por venir, insistir desde el instante de las urnas en la exigencia de un buen gobierno que honré la democracia representativa, el cuerpo electoral se constituye en un auditor social colectivo de la vida gubernamental, de lo contrario vendrá otra cosa muy lejana a la democracia. La democracia tiene un rostro inconfundible, su apreciación habitual siempre está lejos de ser uniforme.

La diversidad, la pluralidad, La excepcionalidad, se distribuyen en sociedad de manera sorprendente, no tienen rutas preconocidas, por ejemplo, los jóvenes del 68 mexicano gritaron hasta la ronquera la idea de izquierda en la reivindicación de las diferencias sociales, nos hicieron llorar de emoción en el marco de un presidente con cara de gorila en los afiches contestatarios de las movilizaciones, ¡muy bien!, ahora que llegan a ser gobierno se comportan como auténtica derecha, basta recordar el bombo y platillo de la firma del tratado comercial con USA y Canadá, ¡neoliberalismo puro!; en antaño demandaron diálogo, en hogaño ofrecen monologo. Es la causa de los desencantos de la geometría política cuyos vértices engendran contrarios e increíbles comuniones; se muestran posiciones a veces irreflexivas en optimismo y pesimismo, se trata que los ideales se conviertan mediante el Estado Democrático de Derecho en realizaciones en el espacio público. El reloj democrático señala la hora de una nueva relación entre pensar y actuar, teoría y práctica. Una “Metanoya”, una nueva mentalidad para una nueva actitud. Pero ello depende solo y solamente de la ciudadanía, ¡prepararse para no equivocarse!

Las evocaciones de insatisfacción democrática pretérita, será para los que nunca ha habido ni habrá mejor democracia que de la hoy; ayer fue el desacierto y mañana no se puede correr el riesgo de un peligroso desvío de su ideología, o en plural, ya que en las democracias contemporáneas las alianzas son “receta secreta”, es decir solo lo de HOY es la esperanza última, cumplida y en su cenit. Tenemos voces que conversan sus ideas de utopía del desandar democrático, sobre todo el descuido de la los espacios públicos que dejaron de ser un orden de lo simultaneo para abrir espacio público en lo virtual y que constituyen la esencia de la participación y deliberación ciudadana, capitulo no abierto por los políticos. En la esquina de enfrente hay voces que reclaman equivocaciones en su elección, tienen argumentos para decir que la democracia que vivimos es un soberano engaño, ocurrida en las crisis comunicacionales y de márquetin político que logró el engaño. La democracia está en un estado de incumplimiento, siempre está por venir.

La ideologización política camina en contra de las buenas prácticas democráticas, a pesar de avances en procedimientos electorales, la democracia de calidad camina casi a ciegas, pensamos que la democracia y los derechos eran un matrimonio. El procedimiento electoral declara vencedor y perdedores y en general lo hace sin problema; el Estado de Derecho en cambio se atrasa es tema que llevan “a la baja” la esperanza democrática. Es tiempo de calibrar las válvulas de la democracia de calidad en la que la educación, la enseñanza y la cultura juegan un papel esencial. Las urnas que empoderan a los que se apoderan de las haciendas públicas del pueblo, hacen un llamado urgente o se corrige en colectivo o las indigencias seguirán apoderándose de las familias. El COVID-19, la crisis económica, la crisis de salud física y emocional, desvelan las deficiencias de los mitos y los engaños. La democracia se cocina con libertad.