Opinión: ¿Dónde están todos los niños trans? En todas partes

·6  min de lectura

SER TRANS NO ES UNA MODA OCCIDENTAL LIBERAL.

Vivo en Seattle, una ciudad grande y liberal en un estado muy demócrata. ¿Por eso mi hija es trans?

Según los partidarios de la serie de propuestas de ley dirigidas a los jóvenes trans en las legislaturas estatales de todo el país, la respuesta es rotundamente afirmativa: los niños transgénero son una moda liberal estadounidense.

¿Tienen razón? ¿Tiene razón el Family Research Council, una poderosa organización de derecha que apoya muchos de estos proyectos de ley, cuando afirma que niños como mi hija son resultado de “un resurgimiento del pensamiento posmoderno”? ¿Es cierto, como afirma un libro superventas, que mi hija forma parte de una “moda transgénero” que arrasa entre la juventud estadounidense?

La evidencia en mi bandeja de entrada sugiere lo contrario. Escribo un blog y conduzco un pódcast sobre la crianza de mi hija trans y, como resultado, recibo correos electrónicos de padres de niños transgénero todos los días. Puedo asegurarles que no todos me escriben desde San Francisco, Nueva York y Seattle. También puedo asegurarles que mi hija no estaba canalizando la ideología posmoderna hace casi una década cuando me dijo, a los 3 años, que no era el niño que todos creíamos que era.

“Mi corazón es un corazón de niña”, me dijo.

Poco después de su anuncio, encontré un incipiente grupo de apoyo lleno de padres que como yo lidiaban con la crianza de niños con diversidad de género en un mundo que aún no había escuchado el nombre de Laverne Cox. No sé cómo me las habría arreglado sin ellos. Me preguntaba —y me preocupaba saber— cómo les iba a los padres como yo en otros lugares. Porque todo lo que aprendí me dice que niños como el mío deben existir en todas partes.

Me enteré de que, aunque muchas personas transgénero no hacen la transición hasta la adolescencia o la edad adulta, un número considerable de niños son conscientes de su identidad de género desde una edad muy temprana. Kristina Olson, psicóloga de la Universidad de Princeton que estudia el desarrollo del género en los niños, dice: “Las investigaciones demuestran que hay un conjunto de personas trans que se identifican por primera vez con su género en la edad infantil o preescolar y continúan haciéndolo durante toda su vida”.

Aprendí que los niños así no son nuevos. En su libro “Histories of the Transgender Child”, la historiadora Jules Gill-Peterson documenta la existencia de niños transgénero en Estados Unidos desde principios del siglo XX. “Hasta donde los historiadores como yo hemos encontrado pruebas de personas transgénero”, escribió recientemente en El Times, “también hemos encontrado evidencia de niños transgénero”. Leí sobre la larga historia de personas que viven fuera del género binario en culturas de todo el planeta, incluyendo los hijras del sur de Asia, los fa’afafines de Samoa y los “berdaches de las culturas nativas estadounidenses.

Después de iniciar mi blog, empecé a recibir correos electrónicos de padres que decían tener hijos como la mía. Al principio, los mensajes procedían sobre todo de Estados Unidos, incluidos muchos del Medio Oeste y del Sur. Pero luego empecé a recibir mensajes de padres de países más lejanos. “Soy la madre de un niño de género fluido que parece ser el único en todo el país”, escribió una mujer de Italia. El padre de un niño de 6 años de Argentina escribió para compartir la investigación que había encontrado sobre cuestiones transgénero. Los grupos de Facebook me pusieron en contacto con más padres de todo el mundo. Compartimos historias en largos correos electrónicos y en videollamadas con duración de horas, en los que conocimos a los hijos de los demás, y reímos y lloramos como viejos amigos.

Algunos me permitieron entrevistarlos para un documental de radio producido para el Servicio Mundial de la BBC. Me sorprendió lo extraordinariamente parecidas que eran sus historias a las que había escuchado durante años en mi grupo de apoyo local de Seattle.

En Johannesburgo, Sudáfrica, un niño de 6 años quería saber por qué Dios se había olvidado de darle un pene.

En las afueras de París, una madre supo que algo estaba mal cuando su hijo de 5 años se angustió ante la idea de tener algún día “una barba como la de papá”.

En Gurugram, India, un padre estaba desconcertado por la profunda depresión de su hija y los aterradores incidentes de autolesión.

Una madre de Kyushu, Japón, me contó que nunca había oído la palabra “transgénero” cuando su hijo le reveló que era no binario. Describió una leyenda japonesa sobre personas que bajan a la Tierra desde la Luna. “Y así es como me sentí”, dijo. “Fue como si mi hijo hubiera dicho: ‘En realidad vengo de la Luna’”.

Como esta madre (y como yo), casi todos estos padres estaban desconcertados y aterrorizados cuando se enteraron de que su hijo era trans. No obstante, el sufrimiento de sus hijos era demasiado real para ignorarlo. Cuando el padre de la India descubrió por fin el origen de la depresión de su hija —ella le dijo que ya no soportaba vivir como chico—, le preguntó a su padre si iba a echarla a la calle.

No lo hizo. En cambio, fundó un grupo de apoyo para personas transgénero en India. La madre de Japón hizo lo mismo. Una madre de Bogotá, Colombia, se unió a un grupo similar después de consultar a tres sacerdotes e informarles que, si tenía que elegir entre su religión y su hijo trans, abandonaría toda una vida en la Iglesia católica. Los tres sacerdotes le dijeron que los humanos quizá la juzgarían, pero que Dios amaba a su hijo. Ella siguió siendo parte de la Iglesia.

Estos niños, según me contaron sus padres, ahora están prosperando, viviendo en el género que corresponde a sus corazones, en algunos casos gracias a la atención médica que sigue siendo inaccesible para muchas personas trans en todo el mundo. Sin embargo, si los niños transgénero son un fenómeno global, también lo son sus luchas. Al igual que en Estados Unidos, los padres que han hablado de manera pública suelen ser acosados y amenazados. (Por razones de seguridad, no los nombro). Casi todos vieron cómo se desintegraban las relaciones con amigos y familiares cuando sus hijos se declararon personas trans. Varias familias emigraron a países que se sentían más seguros para sus hijos. “Cuando mi hija sea mayor, le contaré la verdadera razón por la que nos fuimos”, dijo una madre que se fue de México a Estados Unidos.

Es probable que este tipo de movimientos sean cada vez más comunes, a medida que los tribunales y las legislaturas de todo Estados Unidos y de otros países socaven los derechos de las personas transexuales, al restringir el acceso a la atención médica que reasigna el sexo (y salva vidas) para niños como mi hija. En mis redes sociales, los padres de todo el mundo se preguntan unos a otros: ¿Adónde podemos ir ahora? ¿Dónde estará seguro mi hijo?

No siempre es fácil mantener la esperanza mientras se cría a un niño transgénero en un mundo que rara vez decide acogerlo. Me pregunto qué haría si en mi propio estado se aprobara una ley que hiciera ilegal su atención médica. Me preocupa dónde podrá vivir y viajar con seguridad cuando sea mayor. Me preocupan los niños que viven en lugares donde ser transgénero sigue siendo un delito.

Sin embargo, tengo esperanza, porque he sido testigo del amor feroz y protector de los padres de todo el mundo. Y eso no es una moda liberal occidental.

Este artículo apareció originalmente en The New York Times.

© 2021 The New York Times Company

Nuestro objetivo es crear un lugar seguro y atractivo para que los usuarios se conecten en relación con sus intereses. Para mejorar la experiencia de nuestra comunidad, suspenderemos temporalmente los comentarios en los artículos.