Opinión: Cumbre de las Américas: el distanciamiento entre México y EE.UU.

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MÉXICO-CUMBRE AMÉRICAS (AP)
MÉXICO-CUMBRE AMÉRICAS (AP)

La decisión del presidente Andrés Manuel López Obrador de no asistir a la IX Cumbre de las Américas convocada por el jefe de la Casa Blanca, Joe Biden, ha dejado claro que la relación entre México y Estados Unidos atraviesa por un serio distanciamiento.

Para empezar, es evidente que el enfoque ideológico de ambos mandatarios es diametralmente opuesto. Mientras López Obrador defiende a ultranza su decisión de no haber asistido al encuentro porque no se invitó a todos los países de la región, Biden insiste en que es más importante defender los valores democráticos y que por ello excluyó a Cuba, Venezuela y Nicaragua, cuyos gobiernos están considerados como dictaduras.

La postura de López Obrador, apoyada por varios mandatarios de izquierda, ha amenazado no solo el éxito de la Cumbre sino que ha puesto en evidencia la debilidad de Biden para ejercer un liderazgo fuerte en Latinoamérica. Lo más grave es que esto ocurre en momentos en que la presidencia del estadounidense atraviesa por fuertes presiones internas debido, entre otros factores, a la inflación, al alto costo de la gasolina y a la crisis migratoria en la frontera.

Aunque por ahora Biden ha tenido que mantener una postura moderada frente al desaire de López Obrador porque depende de él para controlar la migración en la frontera sur, varios senadores republicanos y demócratas no han disimulado su malestar.

Uno de los críticos más severos de AMLO ha sido el senador republicano de la Florida, Marco Rubio, quien en su cuenta oficial de Twitter escribió: “Me alegra ver que el presidente mexicano, que ha entregado secciones de su país a los cárteles de la droga y es un apologista de la tiranía en Cuba, de un dictador asesino en Nicaragua y de un narcotraficante en Venezuela no estará en EE.UU. esta semana”.

Otros senadores han hecho eco de estas críticas, entre ellos el republicano Ted Cruz, de Texas, y el demócrata Bob Menéndez.  A estos ataques se suman los de varios legisladores demócratas que le han pedido a Biden que le exija a López Obrador rendir cuentas sobre las numerosas muertes de periodistas en su país, que en la mayoría de los casos quedan impunes.

Respuesta de AMLO a críticas de senadores

López Obrador no se ha quedado callado ante los ataques. En varias de sus conferencias mañaneras ha arremetido contra estos senadores. Los ha acusado de ser responsables de que el gobierno de Biden haya excluido de la Cumbre de las Américas a Cuba, Venezuela y Nicaragua. En concreto, le echó en cara tanto a Rubio como a Cruz, que son de origen cubano, “haberle dado la espalda a los países donde nacieron sus familias al votar a favor de que se mantenga el embargo económico de Estados Unidos hacia la isla”.

Con respecto a las acusaciones de que su gobierno mantiene vínculos con el narcotráfico y ataca con frecuencia a periodistas que no le son afines, AMLO advirtió que para hacer este tipo de señalamientos se necesitan pruebas.

“Eso sí calienta. No es nada personal, pero estos señores son muy influyentes y tienen posturas políticas. Antes no los sabíamos en México, pero tienen influencia y eso nos afecta”, dijo al defender su confrontación con los tres senadores que, efectivamente, gozan de gran poder para definir el rumbo de la política externa y autorizar fondos para diversas causas, desde apoyar a Ucrania contra la invasión rusa hasta programas de inversión en Centroamérica.

Oportunidad perdida

La ausencia de AMLO en la Cumbre, por otra parte, no solo pone en evidencia la debilidad de Biden; también es una oportunidad perdida para México. López Obrador pudo haber aprovechado ese foro para concretar acuerdos y apoyos económicos que su país necesita para superar las graves dificultades que atraviesa, así como para dialogar con sus homólogos sobre las posibles soluciones para la crisis migratoria que enfrenta la región.

No deja de ser irónico, por ejemplo, que el anuncio por parte de la vicepresidenta Kamala Harris de un nuevo compromiso del sector privado estadounidense para invertir 1.900 millones de dólares en Guatemala, Honduras y El Salvador se haya hecho en ausencia de los gobernantes de esos tres países y de México, el otro gran afectado por el tema migratorio. De haber estado presentes, los mandatarios del área hubieran podido presionar por ayuda adicional.

En contraste, pese a haber presentado objeciones a la política exterior de Washington, mandatarios de izquierda como el chileno Gabriel Boric y el argentino Alberto Fernández  e incluso el brasileño Jair Bolsonaro, considerado de derecha, al final decidieron acudir a la cumbre. Todo indica que, para ellos, el pragmatismo económico prevaleció por encima de las diferencias ideológicas con la Casa Blanca.

López Obrador, por su parte, está decidido a librar una batalla política para distanciarse de Washington con la esperanza de encabezar un nuevo liderazgo en el continente. Con esta idea, le ha encargado al canciller Marcelo Ebrard, quien lo representa en el cónclave, que explore un nuevo orden geopolítico para la región, basado en la inclusión de todos los países.

El presidente mexicano ha señalado en varias ocasiones que aspira a crear un nuevo organismo que supere a la OEA (Organización de Estados Americanos) porque esta institución es muy dependiente de Washington.

Pero, como se ha probado en el pasado, es muy  difícil que una iniciativa de esta naturaleza prospere sin el apoyo de Estados Unidos debido a que para resolver los graves problemas regionales, entre ellos la migración y  la recuperación económica tras la pandemia, se necesitan forzosamente los recursos de Washington.

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