Opinión: Consejos profesionales de una carrera en las trincheras

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Hace treinta años llegué a The New York Times como pasante. Nunca planeé ser un “hombre de la compañía”. No tenía ningún plan real. Así es como las cosas resultaron.

A menudo los jóvenes me piden consejos profesionales. Bueno, aquí están.

Intenta ser el mejor en lo que haces. El dinero llegará cuando tenga que llegar

Durante una conferencia sobre profesiones en mi universidad, recuerdo que un periodista describió lo que yo consideraba era un salario inicial terriblemente más bajo que el promedio para los periodistas de periódicos. Hiperventilando, me disculpé, corrí al baño y vomité. Había sido pobre toda mi vida y recuerdo haber pensado: “¡No es posible que vaya a la universidad y todavía siga pobre!”.

Pero me recuperé y llegué a esta resolución: simplemente me esforzaría por ser el mejor en lo que estaba haciendo y dejaría que el dinero llegara cuando tuviera que llegar. El periodismo es trabajo de misionero. No ingresas a esta profesión con las mismas ambiciones que un banquero de inversiones.

En los negocios, la persistencia vale la pena.

Obtuve mi pasantía en el Times al negarme a aceptar un no por respuesta. Cuando llegué al estand del Times en una feria de empleo de Atlanta a principios de los años 90, los reclutadores me dijeron que no podría entrevistarme porque los solicitantes tenían que inscribirse con anticipación y ya no tenían vacantes.

Dije que entendía, pero que iba a esperar allí hasta que alguien no se presentara a la entrevista. Me senté durante unas seis horas, tanto tiempo que parecieron olvidar que estaba allí. Escuché mientras otros solicitantes esperaban para las entrevistas, y mientras los reclutadores discutían sobre cada candidato cuando se iban. Fue la mejor investigación de oposición absoluta. Cuando uno de los reclutadores finalmente cedió y se ofreció a entrevistarme, sabía la manera perfecta de responder cada pregunta.

Al día siguiente, los reclutadores me dijeron que los había impresionado tanto que volvieron a llamar a Nueva York durante la noche y crearon una pasantía en el área gráfica solo para mí.

Otros pueden tener más ventajas que tú, pero nadie tiene más horas en el día que tú. Nadie puede superarte a menos que permitas que eso suceda.

Mi primera pasantía en un periódico fue en el Shreveport Times en Luisiana. Allí, decidí que mi jefe nunca trabajaría más que yo. Siempre llegaba antes que él y me iba después, incluso si tenía que organizar los suministros de oficina hasta entrada la noche.

Cuando obtuve mi primer trabajo de tiempo completo en The Detroit News, decidí que no era suficiente aprender a hacer mi trabajo, necesitaba aprender todos los trabajos relacionados con el mío. Había investigadores en el departamento de gráficos. Les hice una oferta: les llevaría sus almuerzos y haría sus mandados si me dejaban verlos trabajar. Nunca me pidieron que hiciera las tareas menores, pero me permitieron verlos trabajar con las fuentes e incluso colaborar. Trabajaba dos turnos todos los días, uno gratis y otro pagado, pero la experiencia que obtuve fue invaluable.

Encuentra tu tribu en el lugar de trabajo.

El Times al que llegué hace 30 años está muy lejos del Times de la actualidad. Una vez escuché que lo describían como “una pelea a puñaladas entre los más ñoños”, con gerentes que eran malas personas y que parecían haber sido recompensados por serlo.

Ese tipo de ambiente de trabajo hostil nunca sería tolerado en el Times hoy en día, pero si alguna vez te encuentras en una situación así, recuerda que probablemente no estás solo. Dondequiera que vayas, tienes que encontrar tu tribu en el lugar de trabajo: los otros empleados serios y bondadosos que pueden ser tu grupo de consulta y fuente de apoyo.

Todas las personas con las que trabajas, o para quién, son una referencia laboral.

Se estima que hasta el 80 por ciento de las ofertas de trabajo nunca se publican. A menudo, alguien que busca contratar simplemente pregunta a personas de confianza si conocen a un buen candidato. Cuando surjan esas oportunidades, querrás que tu nombre esté en lo más alto de su mente, como alguien inteligente, colegiado y trabajador. Es por eso que debes dar todo en cada trabajo que tengas, sin importar cuán pequeño sea, sin importar si no tiene nada que ver con tu carrera y ambiciones finales. Y debes tratar a todos los que te rodean con respeto. Porque cualquiera que te conozca podría recomendarte sin tu conocimiento.

A nadie le importan tus desventajas. Sobreponte a ellas.

No fui a un internado de élite ni a una universidad de la Ivy League, pero muchas de las personas con las que llegaría a trabajar sí lo hicieron, y muchas de las personas con las que después competiría lo hicieron. Resolví desde el principio que tendría que compensar, tanto como pudiera, cualquier deficiencia en mi pedigrí educativo. Leí los clásicos que nunca me habían pedido que leyera y tantos libros nuevos como pude. Veía documentales sin parar además de las noticias. Visité museos y tomé clases si el tiempo lo permitía. Me dije a mí mismo que nadie volvería a hacer una referencia a “El mercader de Venecia” sin que yo la entendiera.

Los gerentes deben ser administrados.

El verbo aquí quizá no sea el más preciso, pero es la formulación que recuerdo con más facilidad.

No es suficiente conocer las metas y expectativas que tu gerente ha establecido para ti. Debes conocer las metas y expectativas que se han fijado para sí mismos, tu departamento y la empresa. Debes tratar de comprender lo que la empresa espera de ellos, porque solo cuando ves este panorama general puedes apreciar completamente cómo encajas en él.

Tengo muchos más consejos, pero no hay suficiente espacio para compartirlos todos. Esto es, creo, un buen comienzo. Tal vez algunas cosas parezcan un poco arcaicas. Pero mi misión aquí es simplemente ser honesto en lugar de ceñirme a las costumbres modernas.

Ingresé a la fuerza laboral en un momento diferente, cuando un chico negro del campo con un fuerte acento sureño podría haber sido fácilmente descartado y reducido. Me negué entonces, y me niego ahora, a permitir que eso suceda.

© 2022 The New York Times Company

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