Opinión: La campaña de vacunación de Israel va muy bien, pero a los palestinos nos dejan de lado

Mustafa Barghouthi
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EL PAÍS NO LOGRARÁ LA INMUNIDAD COLECTIVA SIN VACUNAR A LOS PALESTINOS.

RAMALA, Cisjordania — Los planes de Israel para inocular a su población contra la COVID-19 avanzan con rapidez. El país ha vacunado a un porcentaje mayor de su población que cualquier otro país y su campaña es elogiada como el modelo de un programa de vacunación eficaz. Sin embargo, hay un lado más oscuro en esta historia de éxito: casi cinco millones de palestinos bajo su control están siendo excluidos.

Aunque Israel tiene un plan para inocular a todos sus ciudadanos en los próximos meses, está dejando fuera a los palestinos que viven en Cisjordania y la Franja de Gaza.

Gaza y Cisjordania están sufriendo un grave brote de coronavirus. Ha habido más de 165.900 infecciones y 1756 muertes en los dos territorios. Se registran más de 1800 nuevos casos al día. La tasa de infección en las dos zonas es del 30 por ciento entre los que se someten a pruebas, en comparación con el 7,4 por ciento de Israel.

Aunque Israel ahora está luchando por reducir una nueva ola de infecciones, está en proceso de vacunar al 25 por ciento de su población para finales de enero y a todos los israelíes para finales de marzo.

Esto incluye a casi 600.000 colonos que, según el derecho internacional, viven de manera ilegal en Cisjordania, pero que tienen pasaportes israelíes. Ellos recibirán la vacuna en los próximos días mientras que cerca de tres millones de palestinos que viven en la misma zona no serán vacunados. Israel también ha ordenado que las vacunas sean suministradas a los guardias de las prisiones, pero no a los miles de prisioneros palestinos.

Por supuesto, los árabes que viven en Israel y que tienen la ciudadanía israelí están siendo vacunados. No obstante, Israel también se comprometió en los acuerdos de Oslo a trabajar con los palestinos para combatir las epidemias, por lo que tiene la obligación moral de suministrar vacunas en Cisjordania y Gaza.

En cambio, hasta ahora ha desestimado una petición de la Organización Mundial de la Salud y la Autoridad Palestina, el organismo autónomo de Cisjordania, para proporcionar hasta 10.000 dosis de vacunas para los trabajadores palestinos de primera línea. Sabiendo que Israel no compartirá su suministro de vacunas en un futuro próximo, los palestinos tienen que confiar en la buena voluntad de las organizaciones y empresas extranjeras. Pero un programa de vacunación para Cisjordania y Gaza será mucho más lento que el rápido despliegue que los israelíes están recibiendo.

Covax, una coalición de organizaciones sanitarias internacionales, se ha comprometido a vacunar a los palestinos en los dos territorios, pero no se espera que las vacunas lleguen antes de finales de febrero y solo se administrarán a un tres por ciento de la población en abril, con un nuevo despliegue a lo largo del año.

El Ministerio de Salud de la Autoridad Palestina también ha hecho arreglos para recibir más de dos millones de dosis de las vacunas Oxford-AstraZeneca y Sputnik V de Rusia, pero tampoco se espera que lleguen pronto.

Israel ha dicho que los palestinos de Cisjordania y Gaza son responsables de su propia atención médica. Insiste en que la Autoridad Palestina está a cargo de Cisjordania y que, con la reasignación de las tropas israelíes de Gaza en 2005, Gaza también se autogobierna.

Sin embargo, la realidad es que Israel y su ejército todavía tienen esencialmente el control de Cisjordania y Gaza. La Autoridad Palestina no controla las fronteras, el cruce ni el espacio aéreo. De hecho, la Autoridad Palestina solo está presente en el 38 por ciento de Cisjordania, tierra que está fragmentada por el muro, los puestos de control y los asentamientos israelíes. El 60 por ciento de Cisjordania, conocido como Zona C, está fuera de los límites de la autoridad. En Gaza, el cruce, las fronteras, el mar y el espacio aéreo están bajo control israelí (aparte de una porción de la frontera sur de Gaza que está controlada por Egipto).

Como se indica en los Convenios de Ginebra, una potencia ocupante, que Israel sigue siendo a pesar de su negativa, “tiene el deber de asegurar y mantener, con la cooperación de las autoridades nacionales y locales, los servicios médicos y hospitalarios, así como la salud y la higiene públicas en el territorio ocupado, con especial referencia a la adopción y aplicación de las medidas profilácticas y preventivas necesarias para combatir la propagación de enfermedades contagiosas y epidemias”.

El control económico y geográfico que Israel ejerce sobre el territorio de la Autoridad Palestina ha dado lugar a grandes discrepancias e injusticias. En 2018, el gasto medio en atención sanitaria para un palestino en los territorios palestinos fue de apenas 344 dólares, en comparación con los 3324 dólares invertidos en los israelíes.

El riesgo de que el sistema de salud se derrumbe aumenta diariamente en Cisjordania y aún más en Gaza, un área demográficamente densa, donde viven casi dos millones de palestinos, la mayoría en pobreza. Hasta hace poco, el número de camas ocupadas en los hospitales estaban cerca de la capacidad máxima. Si bien los hospitales de Gaza han recibido un muy necesario influjo de oxígeno, siguen sufriendo por la escasez de medicamentos y equipo desechable necesario para tratar a los pacientes de COVID-19.

La decisión del gobierno israelí de hacer que la vacuna esté disponible únicamente para los ciudadanos israelíes no es solo una injusticia moral, sino también una decisión autodestructiva. Los israelíes no alcanzarán la inmunidad colectiva sin vacunar a los palestinos. Hay más de 130.000 palestinos que trabajan en Israel y en los asentamientos, así como cientos de miles de israelíes que viajan entre los asentamientos israelíes o participan en actividades militares en los territorios palestinos ocupados.

Cuando recibimos nuestros títulos médicos, los otros doctores y yo juramos no discriminar. La medicina y la atención médica no deben considerar a algunos pacientes como menos dignos de tratamiento. Ese enfoque viola los valores y la integridad de la profesión médica y perjudica a todos, incluidos los israelíes.

This article originally appeared in The New York Times.

© 2021 The New York Times Company